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Opinión
Promesas y perspectivas de la educación en México
Que la cobertura total en media superior sea de 80.6 y en superior sea de 45.1 por ciento no quiere decir que cuatro de cada cinco adolescentes en edad de ir a la preparatoria, o que casi la mitad de los jóvenes en edad de ir a la universidad, de hecho, vayan.


A inicios de noviembre, el secretario de educación, Mario Delgado, señaló que, aunque es verdad que hay muchas cosas por hacer, “se ha atendido de manera integral la educación” (El Heraldo de México); y prometió que, en 2026, conseguirán abatir el analfabetismo y, para 2030, elevarán la cobertura en educación media superior y superior a 85 y 55 por ciento, respectivamente. 

Pero, ¿cuál es la situación de estos indicadores en México? Porque prometer es fácil, pero dar resultados sustantivos, y no sólo formales, es más complicado. 

El analfabetismo se ha reducido de manera sostenida en México desde hace décadas. De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el porcentaje de analfabetismo en el ciclo escolar 1994-1995 era de 11.2 por ciento, mientras que 30 años después, en el ciclo 2024-2025, es de apenas 4.1 por ciento. 

Sexenalmente, el avance ha sido muy modesto. Con Zedillo, la reducción fue de 1.8 puntos porcentuales, con Fox fue de 1.4, con Calderón de 1.9, con Peña de 1.2 y con López Obrador fue de 0.8. 

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), para izar bandera blanca en alfabetismo es necesario que este indicador esté por debajo del cuatro por ciento, punto que no estamos lejos de alcanzar. Sin embargo, en un país donde la población de 15 años o más se estima en 100 millones, el cuatro por ciento representa a cuatro millones de personas que no saben leer ni escribir. 

El problema, entonces, no es menor, e incluso resulta más complicado de atender si consideramos que la mayoría de la población en analfabetismo son adultos mayores. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2020, el 54 por ciento de la población que no sabía leer ni escribir tenía 60 años o más. Sin embargo, la misma mortalidad de esta población reduce paulatinamente el porcentaje de analfabetismo, aunque no por el camino virtuoso de la educación, sino por la vía del descuento. Por esto mismo, la población en analfabetismo tiende a reducirse, aunque no se hagan grandes esfuerzos desde el gobierno por atenderla. 

No obstante, habría que analizar el problema más allá del promedio nacional, pues de acuerdo con la SEP, en el ciclo 2024-2025, 11 de los 32 estados del país presentaron porcentajes de analfabetismo mayores a la media nacional, siendo éstos Tabasco (4.2), Guanajuato (4.7), Campeche (5.2), Yucatán (5.3), Hidalgo (5.6), Puebla (6.0), Michoacán (6.1), Veracruz (7.6), Oaxaca (10), Guerrero (10.6) y Chiapas (11.5). 

Veamos ahora algunos indicadores de cobertura. De acuerdo con la SEP, en el último ciclo escolar (2024-2025), la tasa neta de escolarización, es decir, el porcentaje de jóvenes entre 15 y 17 años que estuvo matriculado en el nivel medio superior fue de 62.7 por ciento. Considerando que la población de esta misma edad fue de 6.8 millones, esto quiere decir que aproximadamente 2.5 millones no están en la preparatoria. Algunos pocos quizá estén ya en la universidad, otros quizá estén por salir de la secundaria, pero muchos más no transitaron a media superior, la abandonaron o, quizá, nunca entraron al sistema educativo. 

Pero aquí debemos considerar otro dato: la cobertura propiamente dicha. La diferencia entre uno y otro indicador es que la tasa de escolarización toma en cuenta sólo la matrícula que está en la edad normativa de asistir a determinado nivel educativo (para media superior 15 a 17 años) y divide ese número entre la población de la misma edad. La cobertura, por otro lado, toma en cuenta a toda la matrícula de cierto nivel educativo, y la divide entre la población en edad normativa. Por eso la cobertura es siempre mayor a la tasa de escolarización y puede llegar a ser incluso superior a 100 por ciento. 

Dicho esto, la cobertura en media superior, durante el ciclo 2024-2025 fue de 74.8 por ciento, lo que quiere decir que la matrícula de educación media inscrita en la modalidad escolarizada representa tres cuartas partes de la población de 15 a 17 años. Si a este porcentaje agregamos los estudiantes inscritos en la modalidad no escolarizada, la cobertura asciende a 80.6 por ciento. 

La SEP no nos brinda la tasa neta de escolarización para educación superior, pero de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en México, el porcentaje de jóvenes entre 18 y 22 años que estaba inscrito en educación superior durante el ciclo 2023-2024 fue de 29.2 por ciento. En México, al menos el 70 por ciento de los jóvenes en edad de ir a la universidad no están inscritos en ella, esto es, cerca de 7.9 millones. Nuevamente, algunos quizá estén ya en la maestría o sigan en la preparatoria, pero muchos otros están fuera del sistema educativo. 

Por otro lado, y de acuerdo con la SEP, la cobertura en educación superior para el ciclo 2024-2025 fue de 34.1 por ciento. Esto quiere decir que la matrícula escolarizada de educación superior representa un tercio de la población de 18 a 22 años. Si consideramos, además, a los estudiantes matriculados en el sistema no escolarizado, la cobertura asciende a 45.1 por ciento; prácticamente, uno de cada cuatro estudiantes universitarios en México está inscrito en esta modalidad y, al parecer, los planes del gobierno son incrementar la cobertura engrosando las inscripciones a cursos en línea. Como dijo el secretario de educación, para “contribuir a alcanzar la meta nacional de 55 por ciento de cobertura en educación superior para 2030”, el gobierno implementará la plataforma SaberesMX. En ella, los usuarios “podrán consultar el catálogo de cursos disponibles, y completar un formulario para quedar inscritos” (Secretaría de Gobernación, boletin-378). 

Con esta información, podemos ver que el gobierno no está muy lejos, al menos formalmente, de alcanzar sus objetivos. Haciendo una plataforma virtual y permitiendo que mucha gente se inscriba a cursos en línea, parece que será relativamente fácil y barato incrementar la cobertura en educación superior para pasar de 45.1 a 55 por ciento. Y algo muy similar ocurriría en media superior, pues aquí sólo es necesario aumentar la matrícula de 80.6 a 85 por ciento, ya sea escolarizada o no escolarizada. 

Pero no debemos olvidar lo sustancial del problema educativo. Que la cobertura total en media superior sea de 80.6 y en superior sea de 45.1 por ciento no quiere decir que cuatro de cada cinco adolescentes en edad de ir a la preparatoria, o que casi la mitad de los jóvenes en edad de ir a la universidad, de hecho, vayan. Si miramos las tasas de escolarización en media superior y superior, veremos que los adolescentes y jóvenes que no asisten a su nivel educativo correspondiente y de forma presencial son muchos más. 

No estoy diciendo que las alternativas de educación no escolarizadas sean completa o necesariamente deficientes o inconvenientes. Estas alternativas pueden ser muy benéficas, sobre todo para gente que quiere mantener su formación universitaria mientras trabaja. La cuestión es que esta modalidad, más que una de las vías para la expansión educativa, debería ser simplemente una opción complementaria. 

En principio, toda persona que quisiera inscribirse a la preparatoria o a la universidad para continuar sus estudios de forma presencial tendría que encontrar un espacio y las condiciones dignas para hacerlo de forma gratuita. El problema es que los gobiernos de México, desde la llegada del neoliberalismo e incluyendo los gobiernos de la 4T, han mantenido restringido el presupuesto a educación favoreciendo la iniciativa privada y promoviendo alternativas baratas de matriculación, con el objetivo prioritario de engrosar los indicadores de cobertura, pero sin atender los problemas centrales de aprovechamiento, calidad y equidad educativa. 

Si hoy quisiéramos alcanzar las metas de cobertura propuestas por el gobierno de forma escolarizada, sería necesario ampliar la matrícula de media superior en 1.5 millones y la de educación superior en 2.9 millones, lo que supondría abrir dos mil 851 escuelas con 63 mil 965 nuevos docentes en media superior, y tres mil 399 escuelas con 208 mil tres docentes en superior, así como un incremento correspondiente en el presupuesto, sólo para funcionamiento, de al menos 53.5 y 181.3 mil millones de pesos. Sin embargo, se prevén recortes para 2026 de tres y cuatro por ciento en los presupuestos para educación media superior y superior. Tal parece que la prioridad del gobierno no es la educación.


Escrito por Pablo Bernardo Hernández

Licenciado en psicología por la UNAM. Maestro y doctor en ciencia social con especialidad en Sociología por el Colegio de México.


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