Cargando, por favor espere...

Aquiáhuatl Rivera
La “generación Z” o la etiqueta burguesa para ocultar la lucha de clases
Más que una categoría formal, la etiqueta “Generación Z” es un instrumento ideológico.


s que una categoría formal, la etiqueta “Generación Z” es un instrumento ideológico. Su origen no es académico, sino que nace de la intersección entre la mercadotecnia, la cultura popular y observaciones sociológicas superficiales. Estas etiquetas operan bajo una lógica esencialista que atribuye características homogéneas a segmentos poblacionales definidos únicamente por su año de nacimiento. Agrupar a los nacidos entre 1997 y 2012 bajo este rótulo constituye un ejercicio de abstracción que, al construir una identidad aparentemente universal, borra deliberadamente las profundas divisiones de clase, raza, género y geografía que realmente determinan sus experiencias vitales.

Esta categorización, sin embargo, trasciende su inherente deficiencia metodológica para convertirse en un instrumento de utilidad geopolítica. La construcción de un sujeto juvenil uniforme y predecible facilita su cooptación dentro de narrativas y estrategias de poder más amplias. En este contexto, resulta crucial examinar el papel de agencias gubernamentales como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Fundada en 1961, la USAID ostenta un mandato público de promover el desarrollo y la democracia. No obstante, un análisis histórico revela que sus programas frecuentemente funcionan como un brazo blando de la política exterior estadounidense, destinado a moldear sociedades civiles y panoramas políticos en países estratégicos para consolidar la hegemonía global de Washington.

Los intereses de Estados Unidos en el Sudeste Asiático y el Sur de Asia –en naciones como Filipinas, Tailandia, Indonesia y Nepal– son multifacéticos y de crucial importancia. Se trata de una región en la pugna por la influencia con China, donde yacen importantes rutas marítimas comerciales y se disputa la lealtad de aliados históricos. La labor de la USAID y de organizaciones vinculadas en estos países a menudo se orienta a contrarrestar la influencia china, debilitar movimientos antiestadounidenses y promover élites gobernantes afines. Las evidencias son elocuentes: en Filipinas, se ha documentado el financiamiento y asesoramiento a grupos juveniles y de la sociedad civil que se oponen a la creciente cercanía del gobierno con Beijing. En Nepal, organizaciones receptoras de fondos estadounidenses han estado activas en movilizaciones contra acuerdos de infraestructura clave con China.

Esta dinámica evoca los manuales de la Guerra Fría, actualizados para una era de competencia estratégica e ingeniería social digital. El derrocamiento clásico de gobiernos ha dado paso a tácticas más sutiles de presión económica y de fomento de una “democracia” dirigida. Esta misma lógica, sin embargo, no se aplica sólo en escenarios de confrontación abierta como el Indo-Pacífico, sino que encuentra una expresión más sutil y perversa en el mal llamado “patio trasero” estadounidense, donde el objetivo no es derrocar abiertamente a un gobierno, sino asegurar su docilidad mediante la fractura interna.

El caso de México es paradigmático. Aunque la relación bilateral con el gobierno de la autodenominada “Cuarta Transformación” (4T) es funcional para los fines de Donald Trump, la agenda geopolítica estadounidense tiene como objetivo primordial asegurar, a como dé lugar, su zona de influencia y seguridad. Es por ello que, paralelamente al diálogo coercitivo con el gobierno en turno, Washington fomenta el crecimiento en influencia de sectores conservadores y de ultraderecha. Se trata de una facción de la burguesía que, en un principio, fue arropada por el proyecto de la 4T, pero que hoy se confronta con el segmento empresarial que ha encontrado acomodo y prosperidad dentro del modelo actual.

Por ello, desde diversos frentes se financian tácitamente movimientos de rebeldía –no revolucionarios– destinados a servir a intereses particulares, con el objetivo último de desestabilizar al gobierno de Claudia Sheinbaum. Esta estrategia sólo encuentra terreno fértil porque la propia administración de Sheinbaum, al no romper esencialmente con el estilo de gobierno de su antecesor, genera una inconformidad juvenil con fundamentos concretos. Su fuerza política prioriza lo electoral, la apariencia de su imagen política y la popularidad superficial. Su supuesta lucha contra la pobreza no se centra en combatir la concentración de la riqueza, sino en un clientelismo sistemático utilizado como gancho electoral. Esta práctica fomenta la sumisión de las clases trabajadoras, mientras el gasto público se incrementa de forma improductiva, destinado solamente a mantener el asistencialismo. Mientras tanto, sectores clave como educación, vivienda, justicia y desarrollo científico se ven sumidos en una oprobiosa mediocridad. El resultado: jóvenes que enfrentan un panorama más desfavorable que el de sus padres. Desempleo estructural, vivienda inalcanzable, migración forzada, fuga de cerebros, servicios de salud deficientes, un futuro de retiro sombrío y un ambiente de violencia creciente. Sin embargo, estas condiciones no son atribuibles exclusivamente al gobierno actual, sino a una causa estructural: el sistema económico de libre mercado, fundamento igualmente arraigado en la agenda política de la oposición y el oficialismo (sus diferencias, por tanto, son de forma, no de fondo). Por ello, la oposición sólo aspiraría a un movimiento fugaz que deje intacta la raíz verdadera del problema. Al ser planeada como una rebelión espontánea, carecerá de una unidad ideológica sólida –que sólo se obtiene de un análisis fidedigno de la sociedad–, para que sea susceptible a la manipulación.

Y, sin embargo, es en esta misma juventud donde reside una potencia rebelde que el sistema busca aniquilar. Los jóvenes, por su proximidad a la formación académica –aunque ésta se halle en crisis– tienen la oportunidad de acceder a marcos teóricos que les permiten analizar la estructura del sistema económico. Ésta es una ventaja potencial frente al trabajador adulto, a quien el sistema le ha negado el tiempo y la energía para el pensamiento abstracto. La juventud posee una potencia rebelde que la edad adulta aniquila. Los años, la rutina laboral y la amenaza constante del régimen salarial precario incuban una resignación maldita: la sumisión silenciosa o el resentimiento ahogado entre cuatro paredes. Cuando el joven logra ser consciente de la pertenencia a su clase social, se convierte en elemento natural de la vanguardia proletaria. ¡He ahí el porqué del terror de la clase dirigente! De allí su afán por enclaustrarlos en sus pasatiempos, por eternizar su infancia frente a pantallas, liberando endorfinas mientras juegan con mundos ficticios en aventuras digitales interminables. Se les condena a proyectarse en una fantasía, a hallar héroes sólo en historietas o en contextos fantasiosos e inasequibles. Porque el potencial juvenil de comprensión es alto, y los medios para anestesiarlo, también lo son. Por ello, en nuestra “libertad” capitalista, es más fácil hallar una dosis psicotrópica a la vuelta de la esquina que una razón firme para existir. Ésta es la verdadera guerra: la batalla por la conciencia de los jóvenes.

A primera vista, el panorama parece desolador. Sin embargo, que la clase dominante emplee medios cada vez más sofisticados para manipular las ideas es, en sí mismo, un síntoma elocuente: evidencia la creciente dificultad para ocultar una realidad tozuda. Las contradicciones del capitalismo se han vuelto omnipresentes, y su aparato de control sobre la juventud exhibe grietas imposibles de suturar. De sus fallas emerge no un sujeto generacional pasivo, sino una juventud que, al reconocerse en la lucha de clases, se constituye en fuerza proletaria consciente. Ahí reside la semilla de una convicción que parecía olvidada: un sector creciente de jóvenes no sólo vuelve a creer en la revolución, sino que ya está organizándose para llevarla a cabo. 


Escrito por Marco Aquiáhuatl

Licenciado en Historia por la Universidad de Tlaxcala y Licenciado en Filosofía y Letras por la UNAM.


Notas relacionadas

Va a iniciar la quinta semana de ataques de Estados Unidos (EE. UU.) y su socio Israel a la República Islámica de Irán y el conflicto está empedernido.

El pueblo de Quicayán, perteneciente al municipio de Tecomatlán, es un enclave pequeño en los márgenes de los ríos Acateco y Mixteco.

En este momento no suena exagerado decir que en el curso de su historia la humanidad presencia una ruptura estructural que desde hace al menos cinco décadas se anunciaba.

La economía mexicana no crece. O más exactamente, “crece” de manera insignificante y preocupante.

En su obra Dialéctica de lo concreto, Karel Kosík revela que el mundo puede construirse a partir del pensamiento común, la práctica utilitaria y la “fijidez” de las formas.

Las guerras no sólo se libran con misiles o tanques; también se libran en el plano económico y a costa del bolsillo de los más pobres del mundo.

La ideología dominante promueve la falsa creencia de que las guerras obedecen a causas subjetivas: ideológicas, religiosas o a desarreglos mentales de sus promotores.

“La espantosa guerra actual (sería) sólo el anuncio de nuevos conflictos internacionales todavía más mortíferos y (conduciría) en todos los países a nuevos triunfos de los señores de la espada, de la tierra y del capital”.

La XXII Espartaqueada Deportiva Nacional, celebrada en Tecomatlán, Puebla, no ha sido una simple competencia atlética de alto rendimiento, sino un auténtico derroche de energía, buena disposición, espíritu competitivo, euforia y convocatoria de las juventudes antorchistas.

Recientemente fue aprobada una iniciativa que modifica el Artículo 123 constitucional, relacionado con los derechos laborales, impulsada por el gobierno en turno con el respaldo de representantes sindicales, patronales y de grupos de la sociedad, según reportes periodísticos.

Entre los numerosos textos del siglo XIX que seconcibieron como instrumentos para la emancipación del proletariado, ninguno alcanzó un grado de legitimidad comparable al de la obra de Karl Marx.

La sección uno del primer tomo de El capital es clave para entender la obra de Marx y su método.

La situación es complicada y el tiempo apremia, ya que otras economías del mundo, señaladamente la China, producen mucho más y mucho más barato.

Del siete al 15 de marzo, Tecomatlán, la Atenas de la Mixteca, se vestirá de gala y alegría recibiendo a miles de compatriotas que participan en el evento deportivo más importante de México.

Los comerciantes, que poseen vasta experiencia en su oficio porque venden en numerosas ferias de la región y el país, hicieron comentarios muy reveladores.