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Omar Carreón Abud
Estados Unidos: miedo e incertidumbre
EE. UU. se las ingenió para ser el más beneficiado por la Segunda Guerra Mundial, diez años después de finalizado el conflicto


Las palabras que encabezan este trabajo, duras, sin duda, impensables hace unos años en el país más poderoso y, según se decía, más democrático del mundo, fueron pronunciadas hace unos días por Gavin Newsom, gobernador de California, con motivo de la grave situación social que se produjo en ese país por el cierre de actividades del gobierno federal, durante el cual 650 mil trabajadores federales fueron suspendidos temporalmente y otros 600 mil se vieron obligados a seguir trabajando sin cobrar. El gobernador de California se refirió específicamente a la retención de la asistencia alimentaria por la falta de fondos que dejaría desprotegidos a millones de estadounidenses.

Para muchas personas en el mundo, Estados Unidos (EE. UU.) ha sido el país en el cual han ansiado vivir y llevar a vivir a sus hijos. EE. UU. es un país de inmigrantes. Según una investigación realizada en el año 2018, en EE. UU. residían no menos de 44.7 millones de inmigrantes llegados de Europa, Asia y América Latina. México también ha aportado con sus emigrados una enorme cuota de ilusiones y sufrimiento, ilusiones por encontrar un empleo, un buen salario, una vida mejor; sufrimiento, porque en la inmensa mayoría de los casos, las familias no emigran completas y aun recibiendo el ingreso que envía el que se ha ido, quedan desgarradas, no pocas veces para siempre.

EE. UU. se las ingenió para ser el más beneficiado por la Segunda Guerra Mundial, diez años después de finalizado el conflicto, en la segunda mitad de los años cincuenta, el imperialismo norteamericano gozaba de una gran prosperidad interna. El Producto Interno Bruto creció de forma constante, era la fábrica del mundo con una productividad en aumento. La población mejoró su consumo, hubo préstamos baratos y millones de familias pudieron hacerse de una casa propia, todos los hogares aspiraban a tener un automóvil, una televisión, un refrigerador y una lavadora eléctrica y muchos lo lograban. Los salarios aumentaron significativamente, sobre todo para una gran parte de la población blanca y una buena porción de los obreros llegó a tener una vida comparable a la de las clases medias.

Se promovió con éxito el conformismo económico y el político, salvo el de la población de color, que siguió la lucha pacífica por los derechos civiles (que la clase explotadora apoyaba, pues necesitaba su fuerza de trabajo). La tasa de natalidad se mantuvo extraordinariamente alta y las escuelas se saturaron. En todos lados se admiraba y se pretendía imitar el American Way of Life. En fin, aunque está claro que no se puede negar que los problemas internos y externos existían, bien puede decirse que, en términos generales, ésa era la situación de EE. UU. hace unos 70 o 75 años.

Pero todo eso es ahora historia. Y no por casualidad ni por errores cometidos, sino por la férrea necesidad del desarrollo del modo de producción capitalista. En primer término, porque una buena parte, si no es que todo ese desarrollo económico y social estaba soportado por un imperialismo feroz, por el saqueo de los recursos naturales de muchos países que obligadamente contribuían al abastecimiento constante de recursos naturales y, más en general, de mercancías baratas indispensables para la producción y el bienestar de la población de la metrópoli. Pero, no olvidarlo, muchos países se sacudieron la opresión.

En segundo término, porque hay que tomar en cuenta que el modo capitalista de producción, el régimen de la ganancia con base en el tiempo de trabajo no pagado al obrero, necesita aumentar constantemente ese tiempo no pagado, a costa del tiempo necesario para que el obrero produzca un equivalente a lo que requiere para sobrevivir. La reducción constante de ese tiempo necesario se logra mediante el aumento de la productividad y eso se alcanza mediante la maquinización y automatización de los procesos productivos.

Veamos. “Amazon anunció esta semana que recortará 14 mil puestos de trabajo corporativos… Esta semana, YouTube, de Google, ofreció a sus empleados estadounidenses la posibilidad de acogerse a planes de bajas voluntarias, alegando una reestructuración centrada en la Inteligencia Artificial. El mes pasado, JPMorgan y Goldman Sachs anunciaron que planeaban ralentizar las contrataciones mientras integran la tecnología, y Nestlé comunicó que recortaría puestos de trabajo en los próximos dos años a medida que aumentara la automatización… la plantilla de Amazon es decenas de miles de personas menor que en 2021…” (Washington Post, 1o de noviembre).

La maquinización ocasiona –como se aprecia en la cita anterior– la reducción de la cantidad de obreros empleados, o sea, que la situación creada implica que menos obreros produzcan una ganancia mayor (dado que la máquina no produce valor). Esto es posible, pero el aumento es cada vez menor hasta que el número de obreros que producen la riqueza y con ella la ganancia, se ha reducido tanto, que la ganancia ya no llega a los niveles que tenía con la plantilla original. Los capitalistas tratan de evitar llegar hasta este extremo, pero no pueden evitar que tendencialmente su ganancia se haga cada vez menor con relación al capital invertido. EE. UU. ha entrado en esta trágica e inevitable realidad.

A finales del siglo pasado y principios de éste, una buena parte de los capitales de EE. UU. se fueron del país en busca de mano de obra más barata tratando de evadir la condena autoimpuesta del descenso de la tasa de ganancia. Pero la salida de las inversiones ocasionó una grave desindustrialización en el país, que pasó de ser el mayor vendedor universal, a tener una balanza comercial negativa con más de cien países y, ya es, ahora, el gran comprador y cada día tiene más dificultades para financiar los descomunales gastos de su Estado, sobre todo, los de su aparato militar. La odiosa realidad es que el dinero disponible no alcanza y ha habido que endeudarse.

“La deuda nacional bruta del gobierno de Estados Unidos superó los 38 billones de dólares… El Comité Económico Conjunto calcula que la deuda nacional total ha crecido en 69 mil 713.82 dólares por segundo durante el último año… Además del aumento de la deuda… mayores costos por intereses, que ahora son la parte de más rápido crecimiento del presupuesto… Gastamos cuatro billones de dólares en intereses durante la última década, pero gastaremos 14 billones en los próximos 10 años… (dijo un alto funcionario)… Los costos por intereses desplazan importantes inversiones públicas y privadas…” (La Jornada, 23 de octubre). Ello explica sobradamente por qué los legisladores norteamericanos no pudieron llegar a ningún acuerdo en el plazo límite para aprobar el presupuesto del gobierno para el año 2026 y, a la hora de redactar estas líneas, el gobierno norteamericano lleva ya paralizado 43 días.

Los problemas que ha ocasionado este cierre han sido múltiples. Menciono solamente el que causó la alarmada declaración del gobernador de California: “Un grupo de 23 estados, junto al Distrito de Columbia, demandó a la Administración del presidente Donald Trump para mantener la financiación en noviembre de la ayuda alimentaria, que reciben alrededor de 42 millones de personas, y que será suspendida debido al cierre del gobierno federal” (El Universal, seis de noviembre).

Cuarenta y dos millones de personas dependen de que el gobierno les entregue “cupones” para alimentarse. No cabe duda de que el “sueño americano” para ellos y para otros más, se ha esfumado. EE. UU. ya no es el mismo. La desindustrialización devastadora, la deuda impagable, el Estado paralizado, las expulsiones violentas de los inmigrantes, los millones de desdichados sin trabajo y el precio chino al que no se le puede hacer frente, marcan el signo de los tiempos. El modo de producción capitalista ya nada les puede ofrecer a los trabajadores, como no sea sangre, sudor y lágrimas. EE. UU. ha entrado, pues, a una etapa de declive y tratando de sobrevivir ha puesto en marcha un proceso de agresiva intensificación de su dominio en América Latina; Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia, Brasil, Cuba, Venezuela y, sin duda alguna, México, son casos actuales que no deben ser desestimados.

Urge la concientización y la organización de los pueblos. 


Escrito por Omar Carreón Abud

Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".


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