Poesía
Wallace Stevens
Nació en Reading, Estados Unidos, el dos de octubre de 1879. Fue un poeta estadounidense adscrito a la corriente vanguardista en lengua inglesa.
Nació en Reading, Estados Unidos, el dos de octubre de 1879. Fue un poeta estadounidense adscrito a la corriente vanguardista en lengua inglesa. Estudió Derecho en la Universidad de Harvard y en Nueva York. A lo largo de toda su vida, compaginó su carrera literaria con un trabajo ejecutivo en una compañía de seguros en Hartford, Connecticut, donde llegó a ser vicepresidente.
Esta doble vida –hombre de negocios por el día y poeta vanguardista por la noche– lo convirtió en una figura única en el mundo literario; no formaba parte de los círculos bohemios típicos de la época y su mundo poético se construyó en el aislamiento relativo de su vida burguesa. Publicó su obra más celebrada, Harmonium (1923) y aunque su reconocimiento fue lento, con el tiempo ganó prestigio crítico, llegando a ganar el Premio Pulitzer de Poesía en 1955 por sus Collected Poems. Falleció el dos de agosto de ese mismo año.
Traducción de Miguel Ángel Flores
Trece formas
de mirar un mirlo
I
Entre veinte montañas nevadas
sólo se movía
el ojo de un mirlo.
II
Tenía tres deseos
como un árbol
en el que hay tres mirlos.
III
El mirlo que hacía cabriolas en el viento de otoño
era una pequeña parte de la pantomima.
IV
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.
V
No sé qué preferir,
la belleza de las inflexiones
o la belleza de las insinuaciones,
el trino del mirlo
o después.
VI
Los carámbanos llenaron la larga ventana
con vidrio bárbaro.
La sombra del mirlo
lo cruzó, de un lado a otro.
El humor
trazó en la sombra
una causa indescifrable.
VII
Oh, magros hombres de Haddam,
¿por qué imaginan pájaros de oro?
¿no ven acaso cómo el mirlo
sigue los pasos
de las mujeres que los rodean?
VIII
Yo sé nobles acentos
y lúcidos ritmos, inescapables;
pero también sé
que el mirlo forma parte
de lo que yo sé.
IX
Cuando el mirlo se perdió de vista
señaló el límite de uno de muchos círculos.
X
A la vista de mirlos
volando en la luz verde,
aun el parloteo de la eufonía
gritaría agudamente.
XI
En una calesa de cristal
recorrió Connecticut.
una vez, lo traspasó un temor
cuando confundió
con los mirlos
la sombra de su equipaje.
XII
Se mueve el río.
debe estar volando el mirlo.
XIII
Fue de noche toda la tarde.
Estaba nevando
e iba a nevar.
El mirlo se posó
en la rama del cedro.
Anécdota de hombres
por millares
El alma, dijo, está compuesta
del mundo externo.
Hay hombres del Este, dijo,
que son el Este.
Hay hombres de una provincia
que son esa provincia.
hay hombres de un valle
que son ese valle.
Hay hombres cuyas palabras
son como los sonidos naturales
de sus lugares.
como el chacharear de los tucanes
en el lugar de los tucanes.
La mandolina es el instrumento
de un lugar.
¿Hay mandolinas de las montañas
[occidentales?
¿Hay mandolinas del claro de Luna
[del norte?
El vestido de una mujer de Lhassa,
[en su lugar,
es un elemento invisible de ese lugar
hecho visible.
Metáforas
de un magnífico
Veinte hombres que cruzan un puente,
y entran a un pueblo
son veinte hombres que cruzan
[veinte puentes,
y entran en veinte pueblos
o un hombre
que cruza un solo puente y entra a
[un pueblo.
Ésta es una vieja
canción que no se deja conocer...
Veinte hombres que cruzan un puente,
y entran en un pueblo
son
veinte hombres que cruzan un puente
y entran en un pueblo.
No se deja conocer,
sin embargo, tiene sentido...
Las botas de los hombres chocan
con los bordes del puente.
El primer muro blanco del pueblo
surge entre árboles frutales.
¿En qué estaba pensando?,
el significado se me escapa.
El primer muro blanco del pueblo...
Los árboles frutales...
El hombre de nieve
Uno debe tener humor de invierno
para mirar la escarcha y las ramas
de los pinos cubiertos de nieve;
y haber tenido frío durante mucho tiempo
para contemplar los enebros goteando hielo,
los toscos pinabetes en el distante brillo
del sol de enero; y no pensar
en ningún misterio en el sonido del viento,
en el sonido de unas cuantas hojas,
que es el sonido de la tierra
llena del mismo viento
que está soplando en el mismo lugar baldío
para el oyente, quien oye en la nieve,
y él mismo nadie, contempla
nada que no esté allí y la nada que allí está.
Escrito por Redacción