La prosa de Álvaro Mutis tiene tanto de poética como su poesía roza la narración.
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La risa roja es la mueca sangrienta y burlona de la muerte y la guerra es su expresión más grande y contundente, como lo muestran las páginas de esta novela corta escrita y publicada en 1904 con base en las experiencias de los soldados rusos que participaron en la disputa armada que el entonces zar de la dinastía Romanov de Rusia sostuvo en 1895 con el emperador de Japón por la posesión de Manchuria, región del noreste de China.
Escrito en primera persona por uno de los supuestos combatientes rusos –un oficial de artillería– y por su hermano y confidente, este libro describe minuciosamente los sufrimientos físicos y mentales de los actores de una contienda militar y los que suelen darse en la sobrevivencia, como es el caso del protagonista de Risa roja: retornar a casa mutilado de ambas piernas, la cabeza casi desprendida del tronco, medio loco y horrorizar a su esposa, hijo, madre y hermano para luego ser rescatado por la sonriente e infaltable catadora de sangre humana.
No hay una sola página sin referencia a la guerra y sus efectos en los frentes de batalla, en los paisajes naturales y humanos, entre los que destacan el miedo, el frío, el calor, el hambre, el sueño, la falta de descanso, la incertidumbre, la desesperanza, la nostalgia del terruño y los familiares como recurso de alivio; la inconciencia de lo que ocurre en el entorno y la locura, acaso más frecuente en los soldados que las heridas y la muerte misma. Las líneas que siguen son una muestra del contenido de esta novela:
“¡Nos habían copado! Cesaron en el actor aquel calor de muerte y el miedo y el cansancio. Se volvieron claros mis pensamientos, exactas y rotundas mis ideas; cuando, jadeante, eché a correr hacia las filas que se reorganizaban, vi caras radiantes de alegría, oí voces roncas, pero recias, órdenes, bromas. El Sol parecía haberse elevado más y, para no molestar, nublado, amansado; y, de nuevo, con alegre silbido de bruja, cortó el aire una granada.
“Yo me acerqué… casi todos los caballos habían caído. En la octava batería también. En la nuestra, la doce, al término del tercer día sólo quedaban siete servidores, un oficial, yo, y tres piezas de artillería; las demás habían sido desmanteladas. Llevábamos 20 horas sin dormir ni probar bocado; tres días de satánico estruendo y silbidos nos envolvieron en una nube de locura, alejándonos de la tierra, del cielo, de los nuestros… los muertos yacían allí, en paz, pero nosotros nos movíamos, hacíamos nuestro servicio, hablábamos, y hasta reíamos y estábamos como dementes…”.
Leónidas Andreyev nació en Oriol, Rusia, en 1871 y murió en 1919, en Finlandia. Fue autor de teatro, cuento y novela, género literario en el que más destacó y recibió el estímulo de Máximo Gorki y León Tolstoi. Sus novelas más celebradas fueron Risa roja y Los siete ahorcados (1908).
La prosa de Álvaro Mutis tiene tanto de poética como su poesía roza la narración.
Entre cada presentación, el público, cubierto en un murmullo de emoción, se sentía parte de algo más grande que un simple espectáculo.
En esta magnífica jornada artística se mostraron destacados grupos dancísticos y musicales procedentes de Colombia, Panamá y Eslovaquia, así como el prestigiado Ballet Nacional de Danza y de Música del Movimiento Antorchista Nacional.
Su primera novela fue La cabeza en las nubes (1989).
El mundo moderno, con todos sus adelantos, sigue siendo tributario de Sumeria.
La poetisa y periodista argentina Olga Orozco forma parte de la generación conocida como la Tercera Vanguardia.
Harto conocida es la importancia jurídica de este extenso código.
El encuentro cultural reunirá expresiones artísticas de Colombia, Panamá, Eslovaquia y México.
El volumen está integrado con siete ensayos.
Hoy compartimos dos poemas de la argentina María Meleck Vivanco (1921-2010) en los que se expresa su militancia antibélica y su profunda preocupación por la realidad convulsa de su tiempo.
Fue la única mujer que formó parte del grupo de poetas surrealistas argentinos, en una sociedad en que las mujeres no votaban ni podían ser votadas.
Se trata, pues, de una poesía el servicio de la ética y de un ideal moral y acético, razón por la cual está expresada en estilo gnómico (sapiencial).
Este extenso poema escrito en sánscrito y que consta de casi ocho mil versos repartidos en ocho libros o secciones es a la vez una epopeya y un documento de gran valor sobre el pasado.
La revelación es cruel: ya nadie aclama a la poesía.
Durante casi un siglo, el país monopolizó no solamente la industria cinematográfica o musical, sino algo más profundo: la definición misma del prestigio cultural global.
IMSS-Bienestar limitará recetas a solo medicamentos disponibles en hospitales
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Aumenta a 78% deuda interna de México
Escrito por Ángel Trejo Raygadas
Periodista y escritor.