En esta magnífica jornada artística se mostraron destacados grupos dancísticos y musicales procedentes de Colombia, Panamá y Eslovaquia, así como el prestigiado Ballet Nacional de Danza y de Música del Movimiento Antorchista Nacional.
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Imponente con su frontispicio que replica el Partenón de Atenas, se alza el Teatro Aquiles Córdova Morán. Su alma escultórica lo eleva a categoría de mito. En la piedra, la Centauromaquia advierte: “la cultura es el único y avasallador poder para domeñar a la bestia”. La mañana del 20 de junio, el Tercer Festival Internacional de Folklor: Las Culturas del Mundo transformó a Tecomatlán en un crisol de resistencia contra la homogeneización global. El teatro, como un organismo vivo, contenía la respiración de miles que esperaban el acto final.
Entre el público, campesinos de la Mixteca, con huaraches aún manchados de tierra, y niños con ojos de asombro se preparaban para ser testigos de un encuentro que rompía las fronteras del olvido. El festival abrió con México, representado por los Grupos Culturales Nacionales del Movimiento Antorchista. Un despliegue de colores y canciones, donde los bailarines, hijos de los pobres, derrochaban la autenticidad que ningún artificio iguala. Luego, Eslovaquia deslumbró con su percusión orgánica, un ritmo que nacía del cuerpo mismo, como un eco de sus bosques y montañas. Colombia llegó vibrante, jugosa, con una energía que desafiaba los años, incluso en sus bailarines de la tercera edad. Panamá, orgulloso, desplegó su folklor como un estandarte.
Entre cada presentación, el público, cubierto en un murmullo de emoción, se sentía parte de algo más grande que un simple espectáculo. Al finalizar, el Ing. Aquiles Córdova Morán tomó la tribuna. El teatro se sumió en un silencio reverente. Su voz, firme y pausada, tejió un discurso que era diagnóstico y profecía. Habló de la cultura como un arma de lucha y denunció la estrategia imperial de homogeneizar para dominar, de vestir y hacer pensar igual a todos para domeñar la resistencia. Señaló a los celulares como vehículos de ideología y conectó esa realidad con las guerras y amenazas globales. Pero también habló de esperanza, de la unidad que revela la diversidad. Recordó a Sandino, a Darío, al bambuco que nutrió al bolero. Su llamado a la unidad resonó, y los rostros de los asistentes, locales y extranjeros, reflejaban la gravedad y la emoción de pertenecer a una misma causa.
Fue conmovedor ver a los niños aplaudir y sonrojarse cuando algún bailarín les devolvía una mirada cómplice. Aquellos que nunca habían salido de sus comunidades, estaban allí, en el coloso de dos mil 300 butacas, aplaudiendo a Eslovaquia, Colombia y Panamá. Sus ojos brillaban con el resplandor de quien descubre un mundo más grande y hermoso. El bloque cultural continuó con los bailes de Jalisco, mi favorito. Ver a México, mi tierra, sangre de mi sangre, representado con mariachi y zapateados que retumbaban en el escenario, era escuchar el latido de mi propia historia.
Los invitados internacionales observaban con admiración y respeto, reconociendo una cultura que se entrega con el alma. Al término, la hermandad se desbordó. En la entrada del teatro, campesinos y niños se arremolinaban pidiendo fotos y autógrafos a los bailarines, como si fueran estrellas. No había barreras, sólo el abrazo sincero entre culturas. En ese remolino de gente, risas y flashazos, entendí la grandeza del momento. Gracias a este trabajo, un campesino de San Miguel de Lozano, un pueblo enclavado en la Mixteca, pudo conocer el mundo, porque en una mañana calurosa, en el Teatro de La Atenas de la Mixteca, el mundo entero llegó hasta él. ¡Que viva la cultura que unifica y libera!
En esta magnífica jornada artística se mostraron destacados grupos dancísticos y musicales procedentes de Colombia, Panamá y Eslovaquia, así como el prestigiado Ballet Nacional de Danza y de Música del Movimiento Antorchista Nacional.
Su primera novela fue La cabeza en las nubes (1989).
El mundo moderno, con todos sus adelantos, sigue siendo tributario de Sumeria.
La poetisa y periodista argentina Olga Orozco forma parte de la generación conocida como la Tercera Vanguardia.
Harto conocida es la importancia jurídica de este extenso código.
El encuentro cultural reunirá expresiones artísticas de Colombia, Panamá, Eslovaquia y México.
Estas líneas fortalecen nuestro conocimiento sobre lo que pasó en Tecomatlán el seis de junio de 1982.
El volumen está integrado con siete ensayos.
Hoy compartimos dos poemas de la argentina María Meleck Vivanco (1921-2010) en los que se expresa su militancia antibélica y su profunda preocupación por la realidad convulsa de su tiempo.
Durante el homenaje a los Mártires Antorchistas en Tecomatlán, el líder del Movimiento Antorchista afirmó que la educación, la cultura y la lucha colectiva son fundamentales para combatir la desigualdad y el individualismo.
Los antorchistas tecomatecos deben defender el poder que se halla en manos del pueblo, para que no decaiga el progreso alcanzado con tanto sudor, sangre y esfuerzo.
Fue la única mujer que formó parte del grupo de poetas surrealistas argentinos, en una sociedad en que las mujeres no votaban ni podían ser votadas.
Se trata, pues, de una poesía el servicio de la ética y de un ideal moral y acético, razón por la cual está expresada en estilo gnómico (sapiencial).
Este extenso poema escrito en sánscrito y que consta de casi ocho mil versos repartidos en ocho libros o secciones es a la vez una epopeya y un documento de gran valor sobre el pasado.
La revelación es cruel: ya nadie aclama a la poesía.
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Escrito por Silvanna Mortera / César Castro
Periodistas