Ambas ceremonias se realizaron en el majestuoso Teatro “Aquiles Córdova Morán” y fueron una muestra de trabajo, disciplina, entrega, cultura y fortalecimiento de la conciencia social.
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En los últimos años empezamos a usar modelos de lenguaje y chatbots para casi todo: escribir correos, aclarar dudas, resumir textos, planear proyectos, presentar ideas complejas, traducir… Son herramientas útiles, pero también cambian la forma en que pensamos. Por eso es importante entender qué efectos pueden tener en nuestra imaginación y en nuestra capacidad de analizar las cosas con cuidado.
Lo primero es que estos sistemas ofrecen respuestas muy rápidas. Cuando no sabemos algo, en lugar de intentar recordarlo, buscarlo o pensarlo, simplemente preguntamos. Esa rapidez puede volvernos dependientes. Si cada problema tiene una respuesta inmediata, dejamos de practicar el proceso de llegar a esa respuesta por nuestra propia cuenta. Pensar críticamente implica comparar información, dudar, revisar y volver a intentar. Cuando todo eso lo hace un chatbot, esta compleja capacidad humana pierde entrenamiento.
Lo segundo es que los modelos de lenguaje tienden a ofrecer textos que “suenan bien”, incluso cuando la información no es del todo correcta. Como están diseñados para ser fluidos y ordenados, pueden dar la impresión de que lo escrito es confiable. Si no estamos atentos, podemos aceptar lo que generan sin cuestionarlo. Eso afecta directamente nuestra capacidad crítica: en lugar de evaluar, sólo consumimos.
Otro efecto importante es que estas herramientas pueden limitar la imaginación si las usamos como punto de partida para todo. Cuando dejamos que la máquina proponga ideas antes de intentar las nuestras, reducimos la posibilidad de descubrir caminos propios. La imaginación necesita tiempo y esfuerzo, y también necesita equivocarse. Los chatbots no se equivocan como nosotros; simplemente generan alternativas. Si dependemos demasiado de ellos, nuestras ideas pueden volverse menos variadas y personales.
Nada de esto significa que debamos dejar de usar estas tecnologías. El problema no es la herramienta, sino cómo la usamos. Una forma más sana de integrarlas es verlas como apoyo, no como reemplazo. Podemos pedirles información, pero después verificarla. Podemos pedir sugerencias, pero antes intentar las nuestras. Podemos usarlas para ampliar el horizonte, no para sustituirlo.
Pensar críticamente en tiempos de la inteligencia artificial significa recuperar el hábito de hacer preguntas más profundas: ¿Esto es cierto? ¿Por qué? ¿Quién lo dice? ¿Tiene sentido con lo que ya sé? Y también significa darnos espacios sin tecnología para generar ideas desde cero.
En los últimos meses diversos estudios han mostrado conclusiones reveladoras. Los diagnósticos “médicos” del chatbot son casi siempre erróneos; sus respuestas están cargadas de sesgos político-ideológicos; los estudiantes que generan textos no recuerdan el contenido del escrito. Se percibe en las redes sociales un abuso creciente para la generación de textos; de repente todo suena a chatbot, en un lenguaje seco y robótico que empieza a tornarse monótono.
Las máquinas pueden automatizar muchas tareas, pero no pueden sustituir la experiencia de llegar a una idea propia. Nuestra responsabilidad es mantener esa capacidad activa. Si aprendemos a usar estos sistemas con responsabilidad, pueden ser herramientas que apoyen nuestro pensamiento, no que lo debiliten.
Ambas ceremonias se realizaron en el majestuoso Teatro “Aquiles Córdova Morán” y fueron una muestra de trabajo, disciplina, entrega, cultura y fortalecimiento de la conciencia social.
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Escrito por Aquiles Lázaro
Licenciado en Composición Musical por la UNAM. Estudiante de la maestría en composición musical en la Universidad de Música de Viena, Australia.