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Brújula
El final
Todo lo que inicia termina y al fin ha concluido uno de los sexenios más pesados de que se tenga memoria.


Afortunadamente, nada es para siempre: todo lo que inicia termina y al fin ha concluido uno de los sexenios más pesados de que se tenga memoria. Un periodo tan lento como el habla pausada de ya saben quién; y el sueño del tabasqueño de “hacer historia” se ha cumplido, pues será recordado como el más mentiroso, manipulador y peor Presidente que México haya tenido en varias décadas. El desastre nacional que deja únicamente se equipara con los estragos causados por el huracán Otis en Acapulco; pero su lamentable herencia pesará sobre los hombros de la sociedad otros dos sexenios, por los menos.

Atrás quedarán los discursos demagógicos de crecimiento económico del cuatro por ciento; ya que durante su sexenio, no avanzó siquiera al dos por ciento como en los gobiernos “neoliberales”; y el desempleo, pese al maquillaje oficial de las cifras, se ha incrementado como lo muestra la desmesurada movilidad de las personas migrantes buscando empleo en el norte de México y en Estados Unidos (EE. UU.). En los hechos, el aumento a la cuota del salario mínimo se concedió para atender recomendaciones del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC) y para que empresarios y gobierno “justifiquen” la elevada inflación predominante en el sexenio.

La soberanía alimentaria resultó también un mito, porque la mayoría de los alimentos básicos como el maíz, la leche y la carne –¡y qué decir de energéticos como la gasolina!– son importados y provienen de EE. UU. Las obras faraónicas tampoco han ayudado a crear empleos; han costado más del doble de lo que se presupuestó en construirlas y, de acuerdo con expertos, serán elefantes blancos porque no cuentan con la factibilidad técnica y económica para ser rentables. Pero si el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) dejaron mucho qué desear, las otrora exitosas empresas paraestatales Petróleos Mexicanos (Pemex) y Comisión Federal de Electricidad (CFE) fueron rebasadas por sus pésimos resultados. A pesar de la inversión de millonarios recursos del erario, Pemex funciona hoy con números rojos, está en quiebra; y la CFE va por el mismo camino, es decir, de apagón en apagón. Puede afirmarse, en resumidas cuentas, que no hubo siquiera un tímido logro económico en este gobierno.

El gobierno morenista también será recordado por los altos índices de violencia delictiva y el empoderamiento del narcotráfico. Los narcos se han convertido en los operadores políticos de Morena y controlan abiertamente varias regiones del territorio nacional. Las reyertas entre las bandas criminales provocan 100 muertes diarias, número de víctimas equiparable a países en guerra. A este saldo sexenal de muertes en una tierra donde “la vida no vale nada” –como decía José Alfredo Jiménez en una de sus canciones– debemos agregar los fallecimientos provocados por la pandemia de Covid-19, que casi alcanzaron un millón, cifra récord en el mundo y que pudo evitarse si un mandatario tonto e insensible no hubiera estado en Palacio Nacional mientras moría la gente. Los deudos, ya conscientes de lo ocurrido, le reclamarán la pérdida de sus seres queridos en algún momento de la historia.

Pero en la “mata” del servicio de salud del gobierno morenista hay “otros datos” igual de onerosos: la esperanza de vida en México se redujo cuatro años debido a que 51 millones de mexicanos se quedaron sin acceso a la salud; a que no hay medicamentos para atender a los pacientes de enfermedades crónicas y que los niños no reciben un esquema de vacunación completa. Y la gente se pregunta: ¿qué pasó con la corrupción? La respuesta fue dada por el finado Porfirio Muñoz Ledo: el gobierno del tabasqueño ha sido el más corrupto de la historia. Varios funcionarios morenistas exhibieron un voraz apetito por el dinero y entre los más insaciables estuvieron Ignacio Ovalle, ex director de Seguridad Alimentaria Mexicana (Sagalmex); y los hermanos, hijos y amigos del Presidente, quienes resultaron mucho más descarados y voraces que los Bandidos de Río Frío de don Manuel Payno; demostrando que Morena no sólo carece de estructura partidista “de izquierda”, sino que representa una versión nueva de los mismos políticos, caciques y ladrones de siempre.

Éste, por supuesto, no era ni es el cambio buscado por el pueblo de México; pero esta penosa realidad le permitirá abrir los ojos en el corto plazo. 

 


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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