Cargando, por favor espere...

Mosaico cultural
El espejismo de la libertad de expresión
La realidad es la que sentenció, hace más de 30 años, el intelectual estadounidense Noam Chomsky: el discurso de que los medios informan al público es una mentira; en realidad, los medios fabrican nuestros juicios.


Todo el mundo coincide: la libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la sociedad moderna. Sin embargo, como sucede con otros conceptos (democracia, igualdad, progreso), pocas veces nos detenemos a reflexionar qué significan exactamente para las sociedades actuales del complejo panorama internacional.

La acepción moderna de libertad de expresión es, grosso modo, la que estableció la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

La definición parece convincente, pero encierra una enorme falacia. En la sociedad global de hoy, un puñado de hombres posee consorcios mediáticos millonarios capaces de orientar la opinión de naciones enteras; oligopolios, armados con su artillería de cámaras, analistas y opinólogos operan como una moderna inquisición: tiran gobiernos, quiebran empresas, dictan temas, satanizan movimientos sociales… Estos tiburones de la información están muy lejos de ser ángeles inmaculados que revelen la verdad de las cosas; entre ellos existen, naturalmente, intereses económicos, políticos, ideológicos y de todo tipo que tratan de defender desde su ventajosa posición.

En el otro plato de esta desigual balanza se encuentra la inmensa mayoría de la humanidad: individuos comunes o de a pie, que no tienen ninguna posibilidad real de hacer valer su opinión más allá de un marco estrecho e insignificante; es más, individuos que ni siquiera tienen la posibilidad de desarrollar un juicio propio y que a cada instante son bombardeados por las opiniones de los “analistas y expertos”. ¿Realmente una ama de casa mexicana tiene las mismas oportunidades que los dueños de CNN para “difundir sus opiniones, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”?

Carlos Marx definió a las sociedades capitalistas modernas como la expropiación de la riqueza social por unos cuantos usurpadores. Es cierto que eso fue en el siglo XIX; y es cierto que muchas escuelas del pensamiento posteriores se han dedicado a criticar al marxismo desde la economía, la sociología, la filosofía e incluso las ciencias. Pero los datos de la realidad –es decir, los hechos objetivos, que existen independientemente de las representaciones conceptuales que de ellos nos hagamos a través de cualquier forma del pensamiento– dan la completa razón a Marx: ocho millonarios tienen más dinero que la mitad de la población (cifras de Oxfam en 2017).

¿Cómo se define la libertad en un mundo así? ¿A qué espejismo queda reducida la llamada libertad de expresión en una sociedad donde un puñado de personas controla los destinos de toda la sociedad? La realidad es la que sentenció, hace más de 30 años, el intelectual estadounidense Noam Chomsky: el discurso de que los medios informan al público es una mentira; en realidad, los medios fabrican nuestros juicios.

Así, pues, nuestra visión del mundo –esa que creemos individual y fruto de nuestro propio criterio– está completamente construida. No solo se decide la óptica desde la cual nos será presentado tal o cual evento y también se define previamente cuáles hechos deben ser difundidos o no a las masas comunes o consumidoras de información. 

Ésa es la fragilidad de la libertad de expresión en las sociedades capitalistas. Al acaparamiento irracional de las riquezas económicas y materiales se suma el monopolio de la capacidad humana de pensar y de expresarse.


Escrito por Aquiles Lázaro

Licenciado en Composición Musical por la UNAM. Estudiante de la maestría en composición musical en la Universidad de Música de Viena, Australia.


Notas relacionadas

Las autoridades venezolanas contabilizaron al menos mil 719 fallecidos a causa de los sismos.

La Organización de las Naciones Unidas presentó nuevas conclusiones sobre el impacto del conflicto en la infancia.

Alrededor de 250 menores figuran entre las víctimas mortales registradas desde el alto al fuego acordado en octubre de 2025.

La organización llamó a fortalecer el periodismo crítico y la defensa de la igualdad de género.

Las naciones que enfrentarán condiciones críticas serán: Sudán, Sudán del Sur, Yemen, Palestina, Nigeria y Somalia.

António Guterres advirtió que 6.4 millones de haitianos necesitan ayuda humanitaria y acusó a la comunidad internacional de abandonar al país más pobre del Caribe.

La ONU documentó agresiones contra mujeres y menores palestinos, incluyendo ataques físicos, secuestros y abusos contra niños mientras realizaban actividades cotidianas.

Con la nueva petición el financiamiento requerido por la ONU asciende a 639.9 millones de dólares.

Un informe de la ONU alerta que la inteligencia artificial podría consumir en 2030 tanta agua como 1,300 millones de personas y más electricidad que cientos de millones de habitantes en países en desarrollo.

“El clima y los intereses económicos”, convirtieron al agua “en un instrumento de negociación política”, Vyacheslav Fetisov, presidente de la Sociedad de Toda Rusia para la Conservación de la Naturaleza.

El derecho del mar no opera en un vacío y no puede utilizarse para justificar la agresión ni ignorar los derechos soberanos de los Estados ribereños.

La Organización Meteorológica Mundial advirtió que existe un 91% de probabilidad de que al menos un año entre 2026 y 2030 rebase el límite de calentamiento establecido en el Acuerdo de París.

La Habana alertó sobre el riesgo de una agresión militar directa.

La Habana denuncia presión de Washington y alerta sobre una crisis humanitaria en la isla.

El documento consta de 110 páginas en las que el Pontífice advirtió que el poder de las élites tecnológicas podría conducir al mundo hacia “nuevas atrocidades”.