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Brújula
¿Dónde quedó la “transformación”?
Si en algo abunda este gobierno es en frases como “primero los pobres”; “no mentir, no robar...", pero ante la falta de resultados, los mexicanos debiéramos preguntarnos si es necesario que a cada momento pregone que es honesto y trabajador.


Si en algo abunda este gobierno es en frases pegajosas; y entre ellas las más rimbombantes y huecas son “primero los pobres”; “no mentir, no robar, no traicionar”; “para limpiar la corrupción las escaleras se barren de arriba hacia abajo” y “transformación”, bienestar” o “esperanza”. Al escuchar con tanta frecuencia estas expresiones, algunos o muchos ciudadanos deben preguntarse: si el gobierno está haciendo bien las cosas, ¿es necesario que a cada momento pregone que es honesto y trabajador?

Sería válido que se defendiera de los ataques de grupos poderosos que desde los medios de comunicación buscaran menguar sus “éxitos”; pero hoy los mexicanos estamos viviendo una tragedia; no hay una oposición real; los grandes empresarios están tranquilos y, salvo algunas excepciones, todos tratan de hacerse amigos del Presidente; por eso la repetición cotidiana de tales frases, tanto en las conferencias mañaneras como en todo tipo de actos de propaganda, tienen como finalidad exaltar “buenos resultados” que son inexistentes, mediocres o están tergiversados, y cuyo costo millonario se endosa al erario nacional.

Además, el ciudadano común no posee los elementos de información cívica y política, ni la habilidad metodológica necesaria para discernir sobre las verdades o mentiras del Presidente. Al pueblo se le ha mantenido iletrado con apenas un promedio escolar de secundaria para que los partidos políticos –como hoy lo hace el Movimiento Regeneración Nacional (Morena)– lo manipulen y le pidan votos para ganar elecciones.

Pero la falta de educación política no solo afecta a los estratos sociales de ingresos bajos, sino también a las clases medias, donde a pesar de que los niveles de estudio y capacidad de análisis intelectual son potencialmente mayores, sus intereses de clase y su falta de práctica en la lucha política los ciega y los induce a defender irracionalmente el proyecto de la “Cuarta Transformación” (4T) –incluso con violencia verbal y física– cuando escuchan que México padece hoy el peor gobierno de la historia mexicana.

Intelectuales de poca monta se rasgan las vestiduras exigiendo pruebas que demuestren los actos de corrupción y enriquecimiento ilícito de connotados personajes de la 4T mientras afirman categóricamente que “al fin” se ha concretado el “gobierno de los pobres”, por el que lucharon y fueron perseguidos sus abuelos en el movimiento estudiantil de 1968, mientras niegan que en los últimos cuatro años el número de pobres y las violaciones a la Constitución han aumentado como nunca.

Pero la verdad no puede ocultarse con un dedo; basta con pasear por las orillas de la ciudad o de cualquier comunidad rural para advertir la falta de servicios y el rezago en la infraestructura urbana básica. La marginación y la pobreza imperan en cada rincón de la patria. Millones de personas se encuentran sin empleo, incluyendo a los profesionistas y los jóvenes que, cuando migran de sus municipios, son presa fácil de la violencia delictiva común u organizada.

Los pocos mexicanos que obtienen un empleo formal trabajan en condiciones precarias y bajos salarios; la educación pública se ha desvirtuado: las aulas son usadas abiertamente como centros de adoctrinamiento político partidista; los bajos ingresos imposibilitan el acceso a la canasta básica porque los pecios de la carne y el huevo se han incrementado; el sistema de salud se convirtió en un cementerio debido a la falta de infraestructura, equipos y medicamentos; como resultado, los enfermos solo llegan a morir ahí.

En esta realidad, ¿dónde quedó la “transformación”? ¿En dónde está el bienestar? De poco vale la esperanza si, en lo que queda de este sexenio, los mexicanos no exigen que se cumpla la palabra empeñada; porque este gobierno o cualquier otro tienen la obligación de dar resultados o, de lo contrario, la historia los condenará. Al tiempo.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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