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Sextante
Día Cero (II/II)
La verdad asoma con toda su crudeza: quienes orquestaron el ataque cibernético son parte del gobierno estadounidense.


En este filme, la presidenta de Estados Unidos es afroamericana, lo que nos lleva a pensar que los productores, entre ellos el mismo Robert De Niro, estaban pensando, cuando se realizó la miniserie, que Kamala Harris sería la ganadora de las elecciones realizadas en noviembre de 2024 en Estados Unidos. De Niro se ha identificado como seguidor del Partido Demócrata y es un duro crítico de Donald Trump.

La acusación contra el gobierno de Rusia culpándolo por un ataque cibernético que tanto daño causó a la población gringa está a punto de ser pronunciada por la presidenta en un discurso; pero esta denuncia, que sería transmitida por los principales medios de comunicación, se suspende unos minutos antes de realizarse, pues Mullen le da a conocer a la presidenta sus investigaciones, que apuntan a que la responsabilidad del ataque recae sobre una organización terrorista integrada por ciudadanos norteamericanos. Mullen informa a la presidenta que una organización terrorista denominada Reapers utilizó un arma creada por el gobierno norteamericano y se conoce como Proteus.

Ante esa situación política, que indica un enorme peligro, dado que los Reapers pueden volver a utilizar Proteus, el gobierno estadounidense comienza a hacer detenciones por todo el país, lo cual provoca una ola de protestas. Mullen trata de avanzar en su investigación; pero comienza a sufrir alucinaciones, aún en su propia casa; pronto se descubre que las alucinaciones son resultado de ataques personalizados contra él mediante el uso de alta tecnología cibernética que provoca una alteración del sistema nervioso de la víctima (son ataques neurológicos).

En la conspiración que realizan los “terroristas” cibernéticos juega un papel importante Evan Green (Dan Stevens), un podcáster que posee una audiencia numerosa y que lanza furiosos ataques mediáticos contra Mullen acusándolo de inepto y de represor. Mullen secuestra y tortura, a este podcáster, pues lo considera una pieza clave en el entramado conspirativo que ha creado una psicosis colectiva en todo el país. Esa detención ilegal provoca manifestaciones multitudinarias, lo cual va convirtiendo a Green en un héroe, que al ser brutalmente torturado muestra el verdadero rostro del Estado yanqui. Un nuevo ciberataque a un importante banco, obliga al gobierno de Mitchell a cerrar todas las transacciones bancarias, lo cual aumenta el descontento popular hacia el gobierno.

Cuando la investigación concluye, la verdad asoma con toda su crudeza: quienes orquestaron el ataque cibernético son parte del gobierno estadounidense; uno de ellos es el congresista Dreyer, quien fue apoyado por Alexandra, la hija de Mullen.

Mullen atrapa a algunos de los ejecutores directos de los ciberataques, entre los que destaca la empresaria Mónica Kidder (Gaby Hoffmann), quien se “suicida” dentro de la cárcel. Aparentemente, logran convencer a George Mullen de que en su dictamen final no incrimine a Dreyer y a los autores intelectuales y patrocinadores de la conspiración, creyéndolo dispuesto a proteger a su hija; sin embargo, Mullen destapa la cloaca ante el congreso y la prensa, leyendo una carta en la que su hija reconoce su culpabilidad.

Una vez más el cine norteamericano, fiel a su tradición de defender al orden social, exonera a todo el sistema político-jurídico, exculpa al establishment; los malos son castigados y la superpotencia puede respirar hondo y, llena de tranquilidad, puede jactarse de que la “justicia” llega en manos de los políticos “justos”, “inmensamente imbuidos de un admirable patriotismo”. La ficción no supera a la realidad; más bien, ayuda a tergiversarla, todo para mantener la fe en el sistema social que ha sido sostenido por los peores criminales que ha conocido la humanidad. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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