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Nueva Escuela Mexicana
El modelo de la mal llamada Nueva Escuela Mexicana es impreciso, muy ambiguo y no tiene nada de comunista, nada. Y sí deberíamos preocuparnos de la ausencia de las ciencias y múltiples aberraciones en los libros de texto.
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Todo gobierno, según su inclinación ideológica, destaca sus intereses políticos en su modelo educativo. En México se han aplicado varios modelos educativos: el Pestalozzi; el constructivista del francés Jean Piaget; el de las competencias de la comunidad francesa de Bélgica y el teórico práctico alemán orientado al desarrollo industrial en la época del expresidente Enrique Peña Nieto. Ahora se promueve el polémico de la “nueva escuela mexicana”, al que unos califican de “comunista”, otros de “fascista” y otros más de “adoctrinador”, etc.

Antes de abordar el tema debemos decir que ningún método educativo ha estado exento de ideología, ninguno. Por poner un ejemplo: el método de las competencias sirve al modelo capitalista de producción, porque promueve el desarrollo de las mejores cualidades individuales de las personas para que sean más competentes, aprendan a resolver los problemas y ahorrar gastos a los capitalistas; de este modo, un obrero educado con el modelo de competencias puede arreglar la máquina descompuesta sin necesidad de llamar al técnico. El método teórico-práctico está orientado a propiciar el desarrollo industrial que, igual que el anterior, favorece a la clase propietaria del dinero.

El modelo de la mal llamada Nueva Escuela Mexicana, promovido por el actual gobierno morenista, es impreciso, muy ambiguo y no tiene nada de comunista, nada. Y es por ello –aclaro a mis amables y pacientes lectores– que debemos observar a sus gestores porque mostraron la intención deliberada de provocar que las clases adineradas lo etiqueten como “comunista” para provocar la idea de que es malo. Esto siempre ha sucedido y se conoce como Guerra Fría. En los años 80 del Siglo XX, por ejemplo, la propaganda negra contra el comunismo se produjo con base en personajes de película como los de la Guerra de las galaxias, uno de los cuales (Darth Vader), el más perverso, usaba espada roja para invocar el fondo de la bandera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La misma estratagema mediática se utilizó en el filme gringo Rocky 4, cuyo personaje central se enfrenta al malvado soviético Drago en Rusia, a quien derrota pese a que ello parecía imposible; pero después emite un llamamiento contra el comunismo.

Pero, insisto, este gobierno está lejos de ser socialista o comunista. La gente no debería espantarse, aunque sí preocuparse de que las ciencias, las matemáticas y el razonamiento lógico estén ausentes en los libros de texto gratuito; y que en éstos haya afirmaciones que no son demostradas como si se tratara de axiomas, una postura sistémica en las palabras y los hechos del gobierno del Movimiento Regeneración Nacional (Morena). En estos libros de enseñanza básica destaca la ausencia de disciplinas como la física, la química, las matemáticas, la historia, el civismo, la geografía, etc., y en su lugar se conforman cuatro áreas generales o “campos formativos”: saberes y pensamiento científico; ética, naturaleza y sociedades; de lo humano y lo comunitario y lenguajes.

Es preocupante, asimismo, que se busque inducir a los alumnos para que aprendan a identificar y expresar sentimientos, a resolver conflictos, a trabajar en equipo y a autorregularse de manera asertiva; que las escuelas tengan un mayor nivel de autonomía para que adapten su enseñanza a las condiciones infraestructurales y escolares disponibles (aulas, mesabancos, pizarrones, bibliotecas, laboratorios), un ordenamiento que puede interpretarse como la renuncia del Estado a invertir más en el sistema educativo mexicano; que los maestros sean evaluados como personas aptas para “transformar las realidades de su país” (¿para respaldar las ideas y el proyecto político al gobierno morenista?)…

Que, en lugar de grados escolares anuales, como los aún vigentes, haya tres fases; que en la primera y la segunda se destinen tres horas de estudio al día; que en las fases tercera, cuarta y quinta los horarios sean de solo cuatro horas y que en la fase sexta sean siete horas; y por último se instrumentará una “evaluación formativa” que no estará basada en calificaciones, sino en el desempeño integral del propio alumno desde que inició su proceso educativo.

Se ha difundido también que en los libros de texto gratuito se recomienda a los maestros que estudien a los filósofos Carlos Marx y Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; pero quien escribe esto no encontró ninguna mención explícita de estos grandes autores y, si la hay, debe ser demasiado genérica, lo que, en todo caso, no sirve de nada y puede ser mal interpretada, como de hecho ha ocurrido, ya que toda recomendación debe ser específica para cumplir a cabalidad con su propósito.

Por ejemplo, si se pretende conocer de ciencias naturales, el libro idóneo es la Dialéctica de la Naturaleza, de Federico Engels; si desea acceder al conocimiento de las relaciones económicas, ahí está Trabajo asalariado y capital, de Marx; para cursos de economía más avanzados, El capital, también de Marx; sobre el origen del hombre, El papel del trabajo en la transformación el mono en hombre, de Engels; y si se quiere conocer la naturaleza del Estado, recomiendo las obras El Estado y la revolución, de Lenin, y La familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels.

Pero además de las aberraciones arriba citadas, los libros de texto –hechos a prisa sin ajustarse a un programa educativo previo y sin la participación, siquiera, de los maestros– enfrentan hoy un amparo porque la metodología con la que fueron editados está reservada para cinco años; y con ello se violó la Constitución. ¿Por qué ocultar aquélla? ¿Qué esconden los morenistas? ¿Hicieron mal las cosas a propósito y no quieren que ello se sepa? ¿En realidad no se sienten orgullosos de lo que hicieron?

Entre los múltiples gazapos hay algunos tan elementales como el de afirmar que Benito Juárez nació el 18 de marzo y no el 21 de marzo; o el de reproducir una gráfica del sistema solar en la que las órbitas de los planetas se entrecruzan sin orden alguno; y otro de mayor seriedad en el que se sugiere a los maestros que deben saber a qué clase social pertenecen y si su ideología política se identifica con la de los poseedores del capital o con la de los desposeídos, propuesta por demás ambigua y carente de sentido.

Todo lo anterior nos permite prever el fracaso de la llamada Nueva Escuela Mexicana por su manifiesta inviabilidad, y reivindicar el acierto del Proyecto Educativo de Antorcha Magisterial que, desde el gobierno sexenal de Felipe Calderón Hinojosa, diseñó una propuesta de sistema educativo con el objetivo de formar a un hombre nuevo, distinto, gallardo, culto, educado y dispuesto a hacer de México una patria más justa, democrática, libre y orgullosa. Es momento de que nuevamente se difunda este proyecto para que el pueblo lo abrace, lo haga suyo y luche por tomar el poder político del país. 


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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