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Según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), México es uno de los 10 países con mayor superficie de bosques primarios y en donde se registran todos los tipos de vegetación natural conocidos. Se conoce como bosque primario a aquel en donde el hombre no ha intervenido para crearlo o alterarlo. La superficie forestal del país abarca 138.7 millones de hectáreas, de las cuales 25.1 por ciento corresponde a bosques, 21.9 por ciento a selvas, 40.5 por ciento a matorral xerófilo, 0.7 por ciento a manglar, 0.4 por ciento a otras asociaciones y 11.4 por ciento a otras áreas forestales.
La importancia de los bosques y la superficie forestal en general, en nuestro país radica en tres ejes esenciales: ambiental, social y económico. Ambiental, porque son capaces de capturar 188 millones de toneladas de dióxido de carbono al año y proporcionar servicios ecosistémicos indispensables para el ser humano; social, ya que casi 12 millones de personas habitan en ecosistemas forestales; y económico por la producción forestal maderable y no maderable, entre otros.
A pesar del indiscutible rol que juegan los bosques, cada año disminuye su superficie debido al cambio de uso de suelo, tala clandestina e incendios forestales; según la Conafor, en el periodo 1990-2000 se perdieron en promedio 190 mil 400 hectáreas por año. Para el Siglo XXI, aunque la superficie perdida ha disminuido, los logros son insuficientes. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) señala que México está perdiendo su cobertura forestal a una tasa bruta de 250 a 260 mil hectáreas por año y a una tasa neta de 127.8 mil hectáreas por año debido a prácticas inadecuadas de manejo forestal, lo que conlleva la degradación de los ecosistemas terrestres y la pérdida de su biodiversidad.
La deforestación inducida, entendida como la pérdida de superficie forestal por causa del hombre, es aplicada en todo el territorio mexicano; pero por esta ocasión nos enfocaremos en la península de Yucatán. Los tres estados que la componen: Yucatán, Campeche y Quintana Roo se encuentran dentro de los 10 estados de México con mayor deforestación, de 2000 a 2018 se perdieron 13 mil 777 hectáreas, 22 mil 805 y 11 mil 16 hectáreas respectivamente. A pesar de las alarmantes cifras, a finales de 2018, para la construcción del Tren Maya se han deforestado seis mil 659 hectáreas de selva, que recaen principalmente en la península. Como consecuencia inmediata hemos sido testigos del desplazamiento de la fauna y la muerte de grandes mamíferos como el jaguar. El daño ambiental es innegable y no podemos dejar de lado las consecuencias negativas sobre las comunidades indígenas de la zona, los conflictos por tenencia de la tierra, desabasto de agua, entre otros.
La pérdida de zona forestal trae consigo muchas consecuencias negativas no sólo para el lugar de pérdida, sino que alcanza escalas globales; a la deforestación le sigue la pérdida de hábitat para millones de especies y en algunos casos su extinción, desequilibrio ecológico, erosión, contaminación de aire, suelo y agua, cambio climático global y, por ende, esto afecta también al ser humano. Quienes estamos conscientes del impacto que trae consigo la pérdida de zona forestal tenemos el deber y la obligación de crear consciencia en la sociedad y, sobre todo, que dicha consciencia nos empuje a actuar de manera conjunta para proteger nuestros bosques.
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Escrito por Celina Aguiar Parra
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