A casi un mes de guerra, Estados Unidos (EE. UU.) no ha logrado derrocar al gobierno de Irán ni adueñarse de sus riquezas; tampoco ha podido tomar el control del golfo Pérsico y del estratégico estrecho de Ormuz.
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En un formidable libro, Álvaro Enrigue nos cuenta, entre muchas cosas, la guerra conjunta que libraron México y Estados Unidos para reducir a cenizas a los miembros libres de la nación Chiricahua, la gente que se llamaba a sí misma Ndeé, la gente rebautizada por los españoles de manera estándar, sin importar sus diferencias lingüísticas y culturales como apaches, que era la palabra con que los zuni se referían a sus enemigos. Y apache quiere decir eso: enemigo.
El pueblo apache, plagiando descaradamente a Enrigue, era sobre todo un pueblo digno y la Apachería era un país con una población seminómada que se movía siguiendo el ritmo de las estaciones, con una toma de decisiones conjunta y una jerarquía rígida, que tuvo la mala suerte de asentarse históricamente en un terreno montañoso provisto de minerales preciosos que las naciones vecinas, más desarrolladas tecnológicamente, se disputaban; razón por la cual los estadounidenses decidieron encerrarlos, a punta de bala, en San Carlos, un “peladero repleto de malaria”.
Los mejores tiempos de los apaches ya habían pasado cuando encerraron a los últimos miembros libres de la nación Chiricahua en San Carlos. La época gloriosa y subversiva de Mangas Coloradas y el Jefe Cochis, que luchaban en igualdad de condiciones contra el ejército gringo y el mexicano ya había quedado en la memoria del pueblo guerrero. Y, sin embargo, los pocos apaches dirigidos por el Jefe Nana, el nieto de Mangas Coloradas y su jefe de guerra, el imbatible Gerónimo, se lanzaron a la aventura de huir a las montañas a disfrutar de la Apachería en colectivo. Tanta libertad les salió cara, pues fueron perseguidos por estadounidenses y mexicanos; acosados y sitiados, finalmente tuvieron que rendirse. Gerónimo, como cuenta Enrigue, se rindió en México, en el Estado de Sonora, ante George Crook, un gringo viejo, cansado de la vida, pero orgulloso de poner fin a la guerra de la Apachería. Un secretario conservó las palabras del apache: “Antes me movía como el viento. Ahora me rindo y eso es todo”.
Finalmente, después de varios meses de zozobra, en que el barcelonismo estuvo a la expectativa de que se pudiera mejorar el juego, Xavi, el entrenador ungido y posteriormente defenestrado, ha renunciado a continuar en la dirección técnica del Futbol Club Barcelona, un club único. Entre los principales interesados e instigadores de la renuncia de Xavi ha estado el entorno mediático de Madrid, (la caverna, como diría Laporta), que siempre tiraron dardos a matar y lo han conseguido, acusando a Xavi de que su juego no era efectivo. Lo que en verdad no les gusta, lo que en verdad irritó al madridismo sociológico es el retorno de un Barcelona fuerte, como el de Guardiola, eso es lo que tiene a Xavi fuera del banco de Barcelona.
Desde la salida de Messi, el Barcelona no ha podido resanar sus problemas crónicos, culpa de una directiva corrupta representada por los que siempre ganan, de los de corbata, de los que venden hielo a los esquimales. Son los mismos que no respaldaron el proyecto de Xavi, los que han convertido el juego en número, los que han hecho que el deporte sea exclusivamente dinero, ya no importa si es limpio o sucio. Se olvidaron que al final quien sostiene todo ese negocio es la gente a la que le gusta el deporte, verlo, sentirlo, vivirlo.
Cae Xavi, pero con Xavi se vuelve a poner de manifiesto que ni las estadísticas, que son positivas por cierto en su estancia como Director, salvan a un buen técnico cuando lo que importa es el dinero. Y puede parecer que es romanticismo y en cierta medida lo es; somos los melancólicos buscadores de utopías los que no nos resignamos a ver caer a Xavi y que no nos resignamos a ver caer a Gerónimo y no nos resignamos a ver que el deporte que amamos, se deshumanice.
Con la parsimonia de Gerónimo, el último jefe guerrero de la nación Chiricahua, Xavi pareció decir: “ahora me rindoˮ y eso es todo. Con las consecuencias tan funestas que ese rendimiento puede tener.
El presentismo de la sociedad contemporánea ha encontrado en los campos de futbol un terreno idóneo. La memoria ha sido peligrosamente desplazada por los incentivos inmediatos. Todo, en todas partes, al mismo tiempo; ésa es la consigna de nuestro presente liminal histórico. Y hemos olvidado lo que ha hecho Xavi, hemos olvidado que es el artífice del mejor Barcelona, el mejor jugador, según Pelé, que algo sabría de futbol. Definitivamente nos equivocamos al aceptar la marcha de Xavi. Por eso el FC Barcelona es el club más difícil del mundo. Som la gent blaugrana, la gente ndeé.
Xavi se marcha, víctima de la voracidad de una afición cainita que sólo acepta beber la sangre derramada en el cráneo de las víctimas. Pero se marcha digno, con la dignidad que sólo atesoran los que han perdido lo más hermoso, conscientes de que, para haberlo perdido, antes tuvieron que crearlo. Se marcha con la dignidad de Gerónimo, con el rostro alzado, desafiante, soberbio, porque son conscientes de su grandeza y saben perfectamente que todos los demás estamos equivocados, que nos gusta disparar a los ruiseñores porque su canto nos recuerda nuestra estatura real. Xavi no se va, nosotros nos quedamos sin Xavi.
A casi un mes de guerra, Estados Unidos (EE. UU.) no ha logrado derrocar al gobierno de Irán ni adueñarse de sus riquezas; tampoco ha podido tomar el control del golfo Pérsico y del estratégico estrecho de Ormuz.
Aunque en nuestro país y en el mundo la historia sigue y hay graves problemas, ante los acontecimientos en el Medio Oriente que pueden decidir el destino de la humanidad entera es muy difícil mirar hacia otra parte y hacer comentarios.
Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana” Engels.
Para entender qué quiere China en el mundo no basta conocer su política exterior, pues ésta se amolda a las coyunturas del sistema internacional conforme éstas cambian. Es necesario conocer la Gran Estrategia del país.
El deporte se vende como un espacio neutral, de fraternidad y reglas universales. Pero cuando los intereses de las potencias occidentales se ven amenazados, el campo de competencia cambia.
Aristóteles decía que el ser humano es un animal político.
La FIFA estima que más de seis millones de aficionados asistirán a los estadios, mientras que la audiencia global superará los cinco mil millones de personas en todo el mundo.
Va a iniciar la quinta semana de ataques de Estados Unidos (EE. UU.) y su socio Israel a la República Islámica de Irán y el conflicto está empedernido.
El pueblo de Quicayán, perteneciente al municipio de Tecomatlán, es un enclave pequeño en los márgenes de los ríos Acateco y Mixteco.
En este momento no suena exagerado decir que en el curso de su historia la humanidad presencia una ruptura estructural que desde hace al menos cinco décadas se anunciaba.
Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”.
En algunas disciplinas, el deporte universitario en México se considera como el nivel más alto del país, pero no tiene carácter profesional.
La justa deportiva está programada para iniciar a las 5:30 horas tiempo del centro de México.
La economía mexicana no crece. O más exactamente, “crece” de manera insignificante y preocupante.
En su obra Dialéctica de lo concreto, Karel Kosík revela que el mundo puede construirse a partir del pensamiento común, la práctica utilitaria y la “fijidez” de las formas.
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Escrito por Ovidio y Aquiles Celis
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