La unidad entre práctica y teoría remite, en suma, a la tesis según la cual “el conocimiento es acción” y “el hombre no conoce bien más que lo que sabe hacer”, idea cuyo descubrimiento se atribuye a Sócrates.
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El psicólogo y maestro universitario español (Bilbao 1919-Madrid 2013), apoyado en investigaciones de los científicos más acreditados en biología, medicina y antropología física, reseña el enorme esfuerzo que el homo sapiens debió realizar para alejarse de la familia de los primates (chimpancé-gorila-orangután) y convertirse en el animal consciente y creativo capaz de construir instrumentos que, en el futuro próximo, pueden llevarlo a otros planetas del Sistema Solar con fortuna o, irónicamente, a la extinción de la especie.
Este logro es el resultado de la evolución biológica y cultural que duró dos millones de años, periodo en el que siempre se esforzó por mejorar la calidad de sus alimentos y las condiciones ambientales para evitar frío, calor y animales en acecho. Pero su mayor avance consistió en el uso de herramientas para elaborar otros utensilios, como fue la confección de garrotes con piedras talladas, el entierro de sus muertos, el adorno de su cuerpo y la pintura mural en cuevas.
En ese largo periodo de creatividad, el encéfalo creció casi cuatro veces (de 500 a mil 750 centímetros cúbicos (cm3), una evolución ciertamente acelerada con respecto al desarrollo cerebral de otros animales marinos y terrestres, con los que comparte grandes afinidades físicas, como ocurre con embriones que son idénticos a los de un pez, un pollo y el conejo. Pinillos explica que el cerebro del sapiens “quizás” empezó por ser un simple nódulo o tejido celular parecido al cuerpo de una medusa y después se convirtió en una compleja estructura neurobiológica.
Tal estructura dispone de un sistema central de mando que instantáneamente recibe y reacciona a los estímulos externos que afectan o benefician al cuerpo humano, reacciones ejecutadas a través de diversas funciones conscientes e inconscientes, de las que solamente 47 han sido ubicadas en la corteza cerebral, pero no todavía en el interior de la masa encefálica. Entre las no-localizadas se hallan las controladoras de emociones, los latidos del corazón y el sistema digestivo.
El resumen explica que el homo sapiens pronto se distinguió de sus hermanos primates porque, además de satisfacer eficientemente las 20 necesidades fisiológicas primarias y secundarias, creó otras que no compartió con éstos; entre ellas se encuentra la exploración de espacios desconocidos, el surgimiento de nuevos riesgos, la asociación concebida para protegerse mejor, la apropiación individualizada de objetos, la individualización, la propensión a asumir el mando de familias y grupos tribales y los juegos.
La unidad entre práctica y teoría remite, en suma, a la tesis según la cual “el conocimiento es acción” y “el hombre no conoce bien más que lo que sabe hacer”, idea cuyo descubrimiento se atribuye a Sócrates.
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Escrito por Ángel Trejo Raygadas
Periodista y escritor.