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¿Cómo producir alimentos en mayor calidad y cantidad sin continuar dañando los bosques, ríos y océanos? ¿Cómo producir frutas y verduras sin químicos que dañen nuestra salud y la de las demás especies de seres vivos? Recientemente encontré un libro llamado Regénesis. Alimentar al mundo sin devorar el planeta, de George Monbiot. El autor presenta un diagnóstico vasto y serio de los efectos de la ganadería y la agricultura en nuestro planeta, y se sumerge en un viaje de búsqueda de soluciones, sin dejar de lado los aspectos económicos y sociales del capitalismo en que vivimos (algo difícil de encontrar en varias de las soluciones planteadas por académicos renombrados).
Las alternativas exploradas por George aterrizan en métodos que reduzcan los precios de las frutas y vegetales, que liberen a la tierra y también a los campesinos de la dependencia a las semillas y agroquímicos impuesta por los monopolios que controlan el mercado mundial de alimentos. Una de las alternativas es la agroecología, cuya practica se extiende en los países tropicales pobres y procura mimetizar la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas naturales para producir vegetales limpios y variados. George retoma también los cultivos de cereales perennes (como contraparte a los cultivos anuales), cuya investigación se lleva a cabo en The Land Institute, una organización de investigación científica que trabaja para desarrollar una alternativa a las actuales prácticas agrícolas destructivas, cuyo trabajo puede consultarse en su página de Internet. Otra de las alternativas es la “sopita de bacterias”. Ésta no es una sopa en el sentido tradicional; más bien es un concepto innovador que aprovecha el poder de la fermentación bacteriana para producir proteínas de manera más eficiente y sostenible que nunca antes. Un pilar en el desarrollo y ensayo de esta tecnología es Solar Foods, una empresa finlandesa de tecnología alimentaria surgida de un centro de investigación que recibe financiamiento público y privado.
Mientras los cultivos agrícolas y el ganado tardan meses o años en crecer y requieren extensas cantidades de tierra, las bacterias se duplican cada tres horas dentro de tanques, de manera que pueden cosecharse bacterias ocho veces al día, todos los días del año. Tomas Linder, profesor de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, comparó el área de tierra necesaria para producir proteínas mediante un proceso similar al de las bacterias con la producción de frijol de soya en Estados Unidos, considerado el método agrícola más eficiente. En un año regular, el cultivo de soya requiere 36.5 millones de hectáreas en EE. UU., mientras la cantidad de tierra necesaria para producir la misma cantidad de proteína mediante la producción de bacterias es de apenas 21 mil; es decir, se necesita mil 700 veces menos tierra para la producción de proteínas con bacterias. Esta tecnología permitiría liberar gran parte de la tierra que se utiliza para la agricultura y ganadería (14 y 58 por ciento del territorio mexicano, según el Inegi), permitiendo así su recuperación.
Evidentemente, este procedimiento requerirá un incremento del uso de electricidad del 11 por ciento, según estimaciones de George Monbiot, lo que implicará costos materiales como el acero, litio, cobre, cobalto y otros minerales necesarios para construir los generadores, para transportar y almacenar la electricidad. Satisfacer este incremento de electricidad podría conseguirse mediante mecanismos más eficientes de generar hidrógeno sin la necesidad de combustibles fósiles, como la electrólisis de vapor a alta temperatura, el craqueo termoquímico del agua u otros mecanismos que se han estado explorando. Conforme la generación de electricidad se vuelva más eficiente, la proteína proveniente de bacterias se volvería accesible para todos los bolsillos.
Por otro lado, con la producción de proteína bacteriana se ahorran los gastos en maquinaria, combustibles fósiles y químicos para labrar, excavar, aplicar agroquímicos, cosechar, mantener y transportar al ganado, así como para procesar su carne. A escala mayor, la infraestructura para criar microbios también será menor. Y aunque esta nueva tecnología probablemente genere todavía algunos costos ambientales, éstos serán sin duda menores que los generados por la agricultura y ganadería convencional. El autor también propone subsidios a los vegetales por parte del gobierno para contrarrestar el bajo consumo de fibra en las dietas y el exceso de carbohidratos, grasas saturadas y azúcares refinadas en la comida rápida, que desafortunadamente es también la más barata.
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Escrito por Citlali Aguirre Salcedo
Maestra en Ciencias Biológicas por la UNAM. Doctora en Ecología por la Universidad de Umeå, Suecia.