A casi un mes de guerra, Estados Unidos (EE. UU.) no ha logrado derrocar al gobierno de Irán ni adueñarse de sus riquezas; tampoco ha podido tomar el control del golfo Pérsico y del estratégico estrecho de Ormuz.
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La historia del color azul en el arte es curiosa. No sólo ha ocupado un lugar central en la música o la poesía, sino también en la pintura. En la cotidianeidad es tal vez el color que más vemos, pues el azul es el color que vemos en el cielo, siempre que no amenace tormenta, por supuesto.
Por la continuidad azul que nuestros ojos ven, podría esperarse que todas las lenguas, o por lo menos los grandes relatos de sus pueblos, contaran también con referencias a este color. Sin embargo, no sucede esto. En la Ilíada de Homero no hay una sola referencia al color azul, a pesar de descripciones detalladas con colores, por ejemplo, “la aurora con sus sonrosados dedos”, o de que el blanco se encuentra 100 veces, el negro 200, el rojo unas 15 y unas 10 el amarillo y el verde. También en los primeros escritos de antiguas civilizaciones, como el Corán, la primera Biblia hebrea, las Vedas indias, sagas islandesas o viejas historias chinas, no hay constante referencia al azul.
La ausencia en estos textos de un color tan constante contrasta con los textos de nuestro tiempo. En la literatura nuestra se puede encontrar una referencia a este color con Rubén Darío. El poeta nicaragüense nombró Azul al libro de poemas y cuentos con que fundó el modernismo. Pero la fascinación de la poesía por este color también puede encontrarse en Bécquer, Torres Bodet, José Othón, Neruda, Machado, López Velarde, Storni… por nombrar sólo algunas de las plumas hispanoparlantes.
Para la pintura, llegar al azul tampoco fue sencillo. Las primeras obras pictóricas que cuentan con azul son egipcias. Entre los siglos II y III a. C., el pueblo egipcio encontró una fórmula para el azul, consistente en mezclar sílice, cal, cobre y un álcali; curiosamente, también fueron una de las primeras culturas en reservar una palabra para este color. Tras la caída del Imperio Romano, el azul de los egipcios cayó en desuso y la fórmula para su creación fue olvidada; la pintura del medioevo y el renacimiento debió recurrir a otras prácticas para obtener azul.
El azul de esta época para la pintura se obtenía de una piedra preciosa llamada lapislázuli; acceder a esta fuente era demasiado caro, pues su veta se encontraba en Afganistán y, para llegar a ella desde Venecia, por ejemplo, se debían recorrer cinco mil 600 kilómetros. La exclusividad de su acceso hizo que su uso se redujera a motivos religiosos o reales, pues solamente la Iglesia y la realeza podían pagar este color. El azul fue, en esos años, utilizado para el velo de la virgen, o en retratos de poderosos reyes. Había un azul más barato, pero caro de cualquier forma, el azurita, que se usó para pinturas menos importantes. Fue el azar el que dio a la pintura el azul sintético, el primer color sintético de nuestro tiempo. A este azul se le conoció como “azul de Prusia” y fue una revolución en la pintura, protagonizando grandes cuadros como La gran ola de Kanagawa (Hokusai) o los creados por Picasso en su periodo azul.
Para nuestro lado del mundo acceder al azul no era difícil. Podemos encontrar este color a montones en el arte maya, por ejemplo. El azul de los mayas era de origen vegetal, mezclaban añil con atapulgita (una arcilla blanca). La llegada de España a América llevó al viejo continente un azul mucho más accesible para cualquier artista.
A casi un mes de guerra, Estados Unidos (EE. UU.) no ha logrado derrocar al gobierno de Irán ni adueñarse de sus riquezas; tampoco ha podido tomar el control del golfo Pérsico y del estratégico estrecho de Ormuz.
Aunque en nuestro país y en el mundo la historia sigue y hay graves problemas, ante los acontecimientos en el Medio Oriente que pueden decidir el destino de la humanidad entera es muy difícil mirar hacia otra parte y hacer comentarios.
Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana” Engels.
Para entender qué quiere China en el mundo no basta conocer su política exterior, pues ésta se amolda a las coyunturas del sistema internacional conforme éstas cambian. Es necesario conocer la Gran Estrategia del país.
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En su obra Dialéctica de lo concreto, Karel Kosík revela que el mundo puede construirse a partir del pensamiento común, la práctica utilitaria y la “fijidez” de las formas.
Las guerras no sólo se libran con misiles o tanques; también se libran en el plano económico y a costa del bolsillo de los más pobres del mundo.
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“La espantosa guerra actual (sería) sólo el anuncio de nuevos conflictos internacionales todavía más mortíferos y (conduciría) en todos los países a nuevos triunfos de los señores de la espada, de la tierra y del capital”.
La XXII Espartaqueada Deportiva Nacional, celebrada en Tecomatlán, Puebla, no ha sido una simple competencia atlética de alto rendimiento, sino un auténtico derroche de energía, buena disposición, espíritu competitivo, euforia y convocatoria de las juventudes antorchistas.
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Escrito por Jenny Acosta
Maestra en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.