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Movilidad social: ¡desigualdad con justicia social!
La acumulación extrema de riqueza en unas cuantas manos es la causa de que haya, por el otro lado, una gran parte de la población con carencias, incluso indignas de un ser humano. Si no, véase lo que ocurre en EE. UU.


Lo más común es que los ricos de hoy hayan nacido en un hogar rico también. No es una opinión, es una verdad hasta medida. La probabilidad de que un mexicano del 20 por ciento más rico haya nacido en un hogar que ya formara parte de ese 20 por ciento es del 60 por ciento. Es decir, lo más común es que un rico nace y no se hace. Hay algunas excepciones, a más de uno le vendrá a la memoria algún personaje que haya pasado de una cuna pobrísima a una vida con una riqueza por encima de la media, pero no dejará de ser una rareza que, por eso mismo, haya devenido en una manida historia de éxito, “hombre hecho a sí mismo”. Una historia que se reproduce precisamente porque refuerza la idea de que “sí se puede y depende de uno mismo”. La otra cara de la moneda es que, 75 por ciento de los mexicanos que nace en los hogares más pobres permanecerá en la pobreza durante toda su vida, nunca saldrá de ahí. Es decir, la pobreza en México se explica, sobre todo, por el origen de las personas, por la cuna en la que nacen. Esto ocurre debido a la trampa de la pobreza –y no a la falta de esfuerzo, inteligencia o disposición al trabajo– es la razón por la que un individuo padece hambre y carencias de todo tipo.

Los datos que acabamos de citar los reporta el Centro de Estudios Espinoza Yglesias A.C. (CEEY) en su reporte Movilidad Social en México 2019. Este reporte indica que México es uno de los países con peor movilidad social, con peor desigualdad de oportunidades. Ésta implica que “no importa cuán grandes sean los esfuerzos de quienes nacen en situaciones de mayor desventaja, sus posibilidades de mejora serán limitadas”. Este resultado ocurre por diversos mecanismos; por ejemplo, porque las carencias en la primera infancia lastran el desarrollo físico y mental de los individuos o los mercados laborales premian el color de la piel, el sexo, los jóvenes de los hogares acomodados tienen mejores relaciones para entrar al mercado de trabajo, etc. Estos estudios destacan que la baja movilidad social tiene consecuencias negativas sobre la cohesión social y el desarrollo económico, pues los individuos están “menos comprometidos con el bien común” y se esfuerzan menos.

El estudio citado, y los de su tipo, plantea como solución el diseño de políticas que permitan “igualar las oportunidades”, “poner el piso más parejo”. Así, se hace énfasis en las políticas: educativa (se plantea la necesidad de elevar la cobertura y la calidad de la educación); de atención en la primera infancia; sanitaria (garantizar el acceso efectivo a los servicios de salud y a una vida saludable); laboral (garantizar a los trabajadores ingreso digno y estabilidad laboral); etc. Políticas que permitan “compensar” las desventajas de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Es decir, la solución es permitir que niños y jóvenes puedan tener los medios para formarse, ir al mercado con sus talentos y conocimientos y ahí, como resultado de la competencia, que gane el mejor.

Estas políticas, dicen los reportes, elevarían las probabilidades de que, efectivamente, los “resultados de vida” estuvieran relacionados con el esfuerzo individual, con el mérito de los individuos. A fin de cuentas, la consigna de la movilidad social ofrece como ideal una sociedad dividida, con una distribución desigual de la riqueza, con pobres y ricos, pero “justa” porque los que están en la cúspide de la pirámide se lo habrían ganado con “su esfuerzo”, se lo merecerían.

Sin escamotear en nada la urgencia de las políticas fiscal y social que se plantea en los estudios para la movilidad social y el combate de la desigualdad, éstas no son suficientes para los pueblos oprimidos. La causa última de la pobreza moderna es la explotación del trabajo; es la apropiación individual de la riqueza producida socialmente. La acumulación extrema de riqueza en unas cuantas manos es la causa de que haya, por el otro lado, una gran parte de la población con carencias incluso indignas de un ser humano de nuestro tiempo. Si no, véase lo que ocurre en Estados Unidos, la meca de los billonarios y aun de la movilidad social, cómo perviven el hambre, la pobreza y la desesperanza. Mientras haya desigual distribución de la riqueza, de los medios para crearla, no habrá justicia social aun con movilidad social. La construcción de una sociedad verdaderamente justa exige el fin de la apropiación del producto social por unas cuantas manos. Y ésa solo puede ser obra de la lucha de los pueblos.


Escrito por Vania Sánchez

Licenciada en Economía por la UNAM, maestra en Economía por El Colegio de México y doctora en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (España).


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