De las 407 medallas que consiguió la delegación mexicana, Jalisco obtuvo 110.
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El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca después de su victoria en las recientes elecciones de Estados Unidos (EE. UU.) –en las que se pusieron a la vista los profundos contrastes y la polarización que existe en el electorado estadounidense– provocará un giro en las políticas interna y externa de su país, y a México le planteará nuevos desafíos económicos, políticos y migratorios. Aunque Trump ha prometido que hará “menos guerras”, nuestro país y América Latina deberán estar preparados para soportar mayores presiones sobre su soberanía.
Trump, como en su primer mandato, ha insistido en su propósito de reducir el intervencionismo militar estadounidense en el exterior, pero también en frenar la migración laboral que proviene de México, América Central, Sudamérica y el Caribe. Este objetivo, además de retos humanitarios, exigirá al gobierno mexicano la adopción de medidas de control migratorio, así como enfrentar la amenaza de aplicación de aranceles de un 25 por ciento a sus exportaciones y otras sanciones que pondrían en riesgo la economía nacional.
La dependencia multidisciplinaria de México hacia EE. UU. es innegable, ya que cualquier cambio en la política exterior de Washington repercute de inmediato en la estabilidad socioeconómica de nuestra nación. Por ello, a partir del próximo año, el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, a pesar de su popularidad y fortaleza interna, se hallará en una situación muy compleja porque Trump intentará imponer sin reparos a nuestro país, y a costa de su soberanía, todas las condiciones que favorezcan los intereses del imperialismo gringo.
Una de las principales demandas de Trump a México –en la que insiste desde su primera administración es que no aumente a un mayor nivel sus intercambios comerciales con la República Popular de China (RPCh), pero ahora parece más decidido a obligarlo a que se alinee plenamente. Esta actitud pondrá a prueba qué tan real es la vocación de “soberanía” de Sheinbaum o si obedecerá las imposiciones del “estratégico” vecino del norte en vez de diversificar las inversiones extranjeras en México.
Otro asunto muy preocupante fue el comportamiento político en la pasada elección gringa tanto del electorado anglosajón o europeo como el de los chicanos, que parecieron votar sin una reflexión política profunda, aceptando los discursos simplistas y las promesas populistas sin considerar las implicaciones a largo plazo. El apoyo a Trump no sólo fue producto de la polarización política interna, sino expresión de un electorado que no reflexiona sobre las consecuencias que sus votos pueden tanto para su país como para el mundo.
Este fenómeno no es exclusivo de EE. UU. y de México; en muchos países los electores se dejan llevar por la emoción del momento y las promesas fáciles, sin comprender que los gobernantes que eligen no representan sus intereses. La desinformación y la falta de conciencia política son problemas globales que propician que las oligarquías y sus élites sigan tomando decisiones a espaldas de los pueblos. La manipulación es el signo distintivo en gran parte de las elecciones del planeta.
El sistema político estadounidense, al igual que muchos otros, está dominado por una élite económica y partidista que mantiene el control sobre los procesos electorales. Aunque en Occidente se exhibe como un modelo de democracia, en realidad detrás de los partidos Republicano y Demócrata se hallan las grandes corporaciones industriales, comerciales y financieras, cuyas élites son las que tienen la última palabra sobre quiénes deben gibernar.
Donald Trump, con su discurso radical de derecha y el respaldo mayoritario del Congreso de EE. UU., podría dar un duro golpe a la economía mexicana si a partir de 2025 cumple su promesa de deportar masivamente a los migrantes ilegales, ya que el 90 por ciento son mexicanos –cada año migra un millón a EE. UU.– y éstos dejarían de enviar remesas, una de las principales fuentes del ingreso nacional. En su primer mandato, Trump impuso a México su política migratoria con la amenaza de imponer más aranceles y hoy está haciendo lo mismo con el gobierno de Sheinbaum.
El triunfo de Trump es un recordatorio a los mexicanos de que es urgente que se concientice y organice para elegir a gobernantes que representen sus intereses. Mientras no avanzacemos a una democracia realmente participativa y consciente, seguiremos teniendo gobiernos que responden a las élites y no al bienestar general de los mexicanos. Por el momento, querido lector, es todo.
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Escrito por Miguel Ángel Casique
Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).