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Brújula
Los falsos redentores
Visten como el pueblo, hablan como el pueblo, pero no viven como el pueblo.


Visten como el pueblo, hablan como el pueblo, pero no viven como el pueblo. Cuando termina la actuación, dejan el morral y la ropa austera, el carro popular, se desempolvan, sacan sus vestimentas de marca, alguno de sus autos de lujo y comienzan la diversión después de un día ajetreado por darse baños de pueblo. Los políticos de toda ralea han visto cómo con declarar estar con el pueblo es más que suficiente, así lo observan desde los puestos más altos en cascada hacia abajo. Por ello, no es necesario dar resultados, construir el progreso verdadero, porque basta con tener un lenguaje florido y simular que se trabaja con “el populacho”.

Así observamos que, en relación con los pueblos originarios, se muestra un circo donde llevan y traen exhibiendo a uno de sus representantes, y con ello afirman hacer bastante, nada de llevar más empleos, mejorar la infraestructura y caminos, etc.; eso no es importante, lo que realmente trasciende, está en la fotografía tomada con pose perfecta, visitando o realizando faenas, aunque nunca en su vida hayan usado una escoba o un machete: la foto queda para la posteridad. Y en ese sentido hay locaciones para rato: desde visitar zonas indígenas, escuelas públicas, hospitales, zonas de desastre o comunidades marginadas; son magníficas oportunidades para demostrar lo cercano que se está del pueblo.

Ya, por sí mismo, el pueblo conoce viejas prácticas de los políticos cuando están en campaña y quieren el voto: te visitan, saludan, te abrazan y, sobre todo, te hacen promesas que nunca cumplirán; pasadas las elecciones, no se vuelven a acordar de los incautos que creyeron sus promesas de campaña. Así era antes; pero tal parece que ahora, por el éxito obtenido de los morenistas, ya se volvió una práctica obligatoria si pretendemos tener una oportunidad para ganar.

Es de risa que los morenistas se atribuyan el monopolio de tales prácticas populares, y que la vieja clase política enriquecida mediante la corrupción y crimen organizado, pero que ahora pertenece a sus filas, pregone una y otra vez que éste es un gobierno cercano a la gente y que ellos no son como los de antes, ejemplos sobran.

Si bien es hasta 2027 cuando se renovarán posiciones políticas, las diferentes tribus, políticos de todos los partidos, caciques y aspirantes a cualquier puesto ya efectúan campañas, apoyándose precisamente en líderes locales o novatos que buscan “entrar en la política” que se mueven para salir en la foto, no porque estén deseosos de una transformación profunda, con progreso y bienestar que buena falta nos hace, sino que buscan un modo de vida fácil, vivir de la política, porque imitan a los mismos de siempre, a los que se han enriquecido con impunidad.

Tal parece que lo más deseable, incluyendo a la población joven, es acceder a un puesto político o ser contratado por el crimen organizado. Es decir, la política actual y el crimen organizado están tomados de la mano; por ello es tan importante ganar, para luego servirse del pueblo. Lo único que puede realmente salvar al pueblo es adquirir conciencia y con educación política para no ser engañado por falsos redentores. ¡Urge! 


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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