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Poesía
El Ramayana, Valmiki
El Ramayana es una de las dos grandes epopeyas de la India.


El Ramayana es una de las dos grandes epopeyas de la India; data del Siglo III a.C. y su autoría se atribuye al rishi (sabio) hindú Valmiki, aunque su redacción se considere a menudo colectiva y sucesiva. Es menos extenso que el Mahabharata, a pesar de lo cual, sus 24 mil estrofas le otorgan proporciones insólitas para nuestra cultura; recoge toda suerte de leyendas, así como conocimientos teológicos y filosóficos.

Su argumento y sus múltiples historias y aventuras secundarias han servido de inspiración literaria a lo largo de los siglos. Es una de las obras más populares en la India y su difusión se mantiene viva mediante lecturas públicas que se hacen en fiestas; también es frecuente encontrar celebraciones y obras teatrales que la representan total o parcialmente, así como a personas que recitan fragmentos de memoria, aunque sean analfabetos.

Los temas legendarios y el común acervo del pensamiento indio que se funden en el Ramayana aparecen vestidos en un estilo esencialmente literario, fundamentado en sabia y culta retórica que se transparenta en una serie de recursos formales que no raramente se imponen a la sustancia del discurso. Valmiki, considerado como el primero de los poetas indios, revela en su forma un empeño artístico y una sólida preparación de escritor, trata el poema de las hazañas de Rama (esto es lo que significa Ramayana), rey de valor extraordinario, considerado la encarnación del dios Vishnú, quien se ve obligado a sufrir un largo destierro en la selva con su esposa Sita, quien es raptada por el rey de los rakshasis (demonios) y recluida en una isla, de donde la salva su marido tras heroica lucha, cuya coronación es el reinado feliz de los dos esposos. En esta trama se ha querido ver la transposición legendaria de un mito natural; de acuerdo con esta idea, Rama sería la lluvia y Sita el surco que aquélla hace fecundo. Valmiki es un maestro en la descripción, tanto en lo que se refiere a batallas y luchas descomunales como a la intimidad y al amor; y con una acertada técnica sabe dar la imagen de un ambiente en que lo natural y lo sobrenatural se interfieren constantemente, en que conviven los hombres y los animales con seres del trasmundo, mientras la selva y las fuerzas de la naturaleza colaboran en la acción.

El argumento de esta gran epopeya es el siguiente: tras muchos años de desear descendencia sin lograrlo, y por mediación divina, el rey Dashratha, casado con tres mujeres, concibe cuatro hijos: Rama, Bharata y los mellizos Shatrughna y Lakshama. Rama es el primogénito, muy querido en la corte y por el pueblo. Un día, ante el reclamo de un rishi a quien el rey había hecho una promesa en el pasado, Rama se enfrenta en batalla contra unos rakshasis que impiden la oración de los anacoretas; a pesar de tener sólo 16 años, Rama vence a los rakshasis. De regreso a casa y tras distintas peripecias, Rama ganará el amor de la bellísima princesa Sita, hija del rey Jánaka. Dashratha le hereda el trono y se retira a buscar su liberación espiritual. Es allí que comienzan los retos de Rama, no sólo como rey, sino en su matrimonio con Sita.

Presionado por su segunda esposa, la madre de Bharata, a cumplir una vieja promesa que consistía en concederle dos deseos cuando ella así lo decidiera, y contra su propia voluntad y la del pueblo entero, Dashratha destrona a Rama, quien parte al destierro, acompañado por su hermano menor, el mellizo Lakshama y su esposa Sita, quien rechaza todas las recomendaciones de quienes le pedían quedarse a salvo, constituyendo el modelo de la esposa fiel en esta cultura; en su destierro, lo alcanza su hermano Bharata, quien rechaza el trono, indignado por las intrigas de su propia madre, pero Rama lo convence de volver y reinar durante 14 años hasta su retorno.

Rama, Sita y el mellizo Lakshama enfrentan una serie de peripecias que incluyen el rapto de Sita, su prolongado cautiverio en poder del rey de los rakshasis, su rescate mediante una formidable guerra y luego las pruebas que Sita debe enfrentar para demostrar su pureza, ante las murmuraciones de la corte.

El poeta Valmiki describe así la desesperación de Sita durante su cautiverio en poder de los rakshasis:

“Temblaba violentamente y se encogía, como en el bosque una gacela a la que, separada del rebaño, hostigan los lobos. Y en su aflicción, Sita, asiéndose a una rama de azoka, pensaba, con el corazón destrozado, en su marido. Torrentes de lágrimas bañaban sus henchidos senos y no veía término a su dolor. Era, en su temblor, cual un kadali desarraigado por el vendaval. Y el temor que le infundían los rakshasis demudaba su rostro. Su larga y espesa trenza, en sus estremecimientos, se agitaba como reptadora serpiente. En su infortunio exclamaba: ¡ah, Rama!, ¡ah, Lakshama!, ¡ah, mi suegra Kausalya!, ¡ah, Sumitra! Así se quejaba la bella, y añadía: verdadero es el proverbio que dicen las gentes, tras aprenderlo de los sabios: nunca antes de tiempo llega la muerte, ni para la mujer ni para el hombre. Debe ser así, puesto que, alejada de Rama y atormentada por estos crueles rakshasis, sigo viviendo. Mujer infeliz y cuitada, lejos de mi protector perezco, como, en medio del mar, zozobra una barca cargada bajo los golpes de las olas. Ausente mi esposo y yo en poder de los rakshasis, me desplomo de dolor, como ribazo minado por las aguas. ¡Felices los que contemplen a mi esposo, el de los ojos anchos como la hoja de loto, el de altanero talante de león, el lleno de gratitud y afabilidad! Definitivamente alejada del sabio Rama, me es tan imposible la vida como si hubiese absorbido un veneno. ¿Qué enorme delito habré cometido en otra vida para sufrir tan grande y cruel infortunio? Quisiera morir; tan violenta es la congoja que me causa el que la vigilancia de estos rakshasis me impida correr hacia Rama. ¡Maldita sea la condición humana, maldita la necesidad de depender de otros, que hasta nos impide quitarnos, a nuestro albedrío, la existencia!”.

Este extenso poema épico es el compendio de los valores de este milenario pueblo y retrata sus afanes y luchas; no deja de estar presente en él la crítica a las intrigas cortesanas, a la ambición, la codicia, los prejuicios, la crueldad, la traición y la lujuria; y también se encomian elevados valores como el amor filial y fraternal, el apego a la verdad (Dharma), la fidelidad conyugal, el desprendimiento material, la sabiduría del gobernante, la valentía, el heroísmo y el sacrificio por el bien colectivo. Cada vicio o virtud están debidamente representados por un amplio caudal de personajes. 


Escrito por Redacción


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