Kālidāsa, el genial dramaturgo y épico del Siglo IV, es también uno de los más altos y líricos indios.
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A mi madre
Tú has hecho un incensario de este vaso de arcilla,
tú has prendido la llama que en mi cerebro brilla,
es tuyo el sacro incienso que la llama consume,
¿qué tributo más justo? Sea tuyo el perfume.
-Diego Dublé, dedicatoria de su libro Veinte años
Hoy compartimos fragmentos de En ajeno hogar, poema de Diego Dublé Urrutia contenido en Fontana cándida, compuesto por cuartetos endecasílabos en los que el poeta expresa cómo, acogido como hijo propio en el seno de una familia distinta a la suya, y a pesar del trato amable que recibe, siente una apremiante nostalgia por el terruño y el hogar distante y sufre por el imposible regreso, añorando el insustituible amor maternal.
Todo, en aquel hogar, me era propicio:
los verdes ojos de la niña Estela,
la mano cariñosa del patricio,
la sonrisa perenne de la abuela;
la madre, siempre triste, que gustaba
de verme, cada noche, en aquel nido,
tal vez porque mi edad le recordaba
su pobre Juan, en hora cruel perdido;
(…)
Y, sin embargo, una indecible pena
contristábame allí… me hacían daño
los tibios besos de esa madre ajena
y el calor de ese hogar, que me era extraño…
Y en tanto que en las llamas de escarlata
del fuego familiar mi vista hundía,
de aquel tibio rincón, como ave ingrata,
se alejaba, volando, el alma mía…
(…)
¿No has visto alguna sombra, a aquellas horas,
Entrar, ¡oh, madre!, en tu aposento amado?
¿Junto al fuego tus manos tejedoras,
al sentirse besadas, no han temblado?
¿O escuchando llover, oyendo el ruido
del mar, mientras besabas la plegaria,
el clamor angustiado no has oído
de alguna alta y viajera procelaria?…
Es mi sombra; soy yo, que al lado tuyo
vuelo, a entibiar mi desolado invierno;
yo, que hambriento de hogar, en sueños huyo
de este abandono que parece eterno.
Es mi sombra, que hastiada de esta vida
con nostalgias de cárcel y destierro,
tiende, a veces, al viento el ala herida
y va a turbar tu solitario encierro…
Que no hay ojos más nobles que tus reales
ojos, que el tiempo, vanamente, hiere;
ni azulados, ni verdes cual raudales,
pero que son como mi amor los quiere.
Ni hay fuego alguno que fundir los hielos
de mi alma logre cual tu lumbre amable,
ni otra mano, en la Tierra ni en los cielos,
que cual la tuya, de ternezas me hable.
Ni hay cuadros, a mis ojos, más grandiosos
que esos pálidos astros centelleantes
que a adorar me enseñaron, temblorosos
tus dedos, en crepúsculos distantes.
(…)
Que pueden las ausencias perpetuadas
dar instintos de fiera al alma buena,
desolarse las almas escarchadas
y en piedra, al hombre, convertir la pena;
y pueden las caricias o el arrullo
del amor, la piedad o la fortuna,
nieblas de olvido o ráfagas de orgullo
sembrar, entre la vida y nuestra cuna…
¡Pero nada, ni el tiempo que marchita,
ni del mundo la comba cansadora
pueden robarnos la visión bendita
del hogar, de su beso y de su aurora!…
Poeta, pintor, diplomático y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Diego Dublé Urrutia (1877-1967) comenzó en 1895 la carrera de leyes, que vería interrumpida en 1903 por su ingreso al Servicio Diplomático Chileno y su traslado a Francia en una misión diplomática que marcaría el inicio de un prolongado peregrinar por 17 países. Aunque su producción poética coincide con el periodo modernista, el rechazo a la ornamentación oriental y a toda afectación caracterizan su obra, en la que se decanta por la exaltación del paisaje natal, su terruño y sus pobladores. Entre su obra publicada destacan el poemarioVeinte años (1898); Profesión de fe (1928); y Fontana cándida (1942), que recoge toda su obra lírica, de una depurada belleza formal y una delicada sensibilidad. En 1958 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura.
Kālidāsa, el genial dramaturgo y épico del Siglo IV, es también uno de los más altos y líricos indios.
A los 13 años, el poeta cubano Regino Pedroso (1896-1983) abandonó los estudios para trabajar en una fábrica de acero, en un taller ferroviario y como jornalero en la zafra.
Kumārasambhava o El nacimiento de Kumāra es un poema épico-lírico de Kālidāsa, el más famoso autor de la literatura clásica india.
Además de libros, el protagonista de esta novela (1977) –cuya historia se ubica en la Praga de los años 20-50 del Siglo XX– invoca a Maruja, su amor de juventud y a Ilonka, bella gitana que los nazis de Hitler le arrebataron y asesinaron.
Nacido en el seno de una familia de trabajadores rurales y poeta autodidacta, la singularísima obra del uruguayo Juan Cándido da Cunha Dotti (1910-1985) hoy es, fuera de su país, apenas una breve nota en el ámbito académico y no forma parte del canon poético latinoamericano.
En comparación con el sánscrito, que carece de elementos locales reconocibles, el lenguaje del Sattasaī busca transmitir el sabor rústico y local de Maharashtra.
Y si la lengua es un producto histórico donde cada signo ha sido fijado por milenios de uso, el poeta es depositario y custodio de ese instrumento heredado.
En el Siglo II a. C. tiene lugar el nacimiento del drama indio, una de las manifestaciones más brillantes y artísticas de la antigua literatura sánscrita.
La Luna, ese tópico de la literatura universal, presente en los más antiguos mitos fundacionales de todas las culturas, reinando en los cielos cuando el Sol se oculta.
El Ramayana no es obra de un solo autor (aunque tradicionalmente se venga suponiendo que fue escrito por Krishna-Dwaipayana, llamado Viasa), ni de una escuela, sino que es fruto de la actividad poética de varias generaciones.
En este poema de Ignacio Rodríguez Galván pueden identificarse claramente, y de principio a fin, múltiples rasgos distintivos del primer romanticismo.
El Ramayana es una de las dos grandes epopeyas de la India.
La monogamia, estructura familiar que predomina hoy en casi todo el mundo, es producto de un desarrollo histórico milenario, pero existen pruebas de la existencia de formas anteriores de organización familiar.
Un ejemplo sintético de las ideas de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, Nueva España, 1581–Madrid, España, 1639) en torno al rol femenino se encierra en el Tercer acto de Todo es ventura.
El Mahâbhârata, la gran epopeya de la India, comprende 100 mil estrofas, generalmente de dos versos cada una.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.