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Tribuna Poética
Versos de guerra y paz, de Arturo Serrano Plaja
Su obra es clave para entender a esa generación de escritores y poetas que hubieron de enfrentar persecución, exilio y muerte en aquellos largos años de empoderamiento del fascismo en España.


La poesía de Arturo Serrano Plaja (1909-1979) no alcanza hoy la difusión de que es merecedora, no sólo por ser obra de un revolucionario que terminó sus días en el exilio y fuera uno de los principales promotores de la llamada Poesía Comprometida. Miembro de la Generación de 1936, su obra es clave para entender a esa generación de escritores y poetas que hubieron de enfrentar persecución, exilio y muerte en aquellos largos años de empoderamiento del fascismo en España.

Cofundador de Hoja Literaria y miembro del consejo de redacción de Hora de España, es conocida su amistad con poetas como Pablo Neruda, César Vallejo y Rafael Alberti, entre otros altos representantes de las letras mundiales; en 1935, un fragmento de su poema Éstos son los oficios aparece publicado en el Número 1 de la famosa revista literaria Caballo verde para la poesía. Por sus versos discurre un profundo amor al pueblo, una exaltación del trabajo de los obreros, campesinos, albañiles, mineros y ferroviarios.

Poeta y soldado en el bando republicano durante la Guerra Civil española, miembro del Quinto Regimiento, herido gravemente durante la Batalla del Ebro, comenzaría su exilio en 1939, pasando por París, Santiago de Chile, Buenos Aires y estableciéndose, en 1961, en Estados Unidos. 

Publicado en 1945, durante su exilio en Argentina, Versos de guerra y paz contiene el soneto Podéis robarme tierras y salario, valiente reconocimiento de que, a pesar de las penurias impuestas por el exilio, a su generación le quedó siempre el orgullo de no haberse rendido al franquismo aunque el precio a pagar fuera tan alto que significara no volver a contemplar el paisaje natal y vivir precariamente en otro continente.

 

Podéis robarme tierras y salario,

talarme los pinares de mi sierra,

quemarme de mis años la cosecha

a fuerza de matarme tanto hermano.

 

Podéis marcarle fecha a mi desahucio

y sacar a remate lo que queda

de tanta vida en flor como mi tierra

me daba como premio a mi trabajo.

 

Prendido me tenéis. Yo pobre vivo

ganándome la vida como puedo,

con letras y papel, por escritura.

 

Pero un recuerdo tengo vitalicio

que no podréis cobrar: el de mi pueblo:

su lucha y su valor: es mi fortuna.

 

Entre su obra poética figuran también Sombra indecisa (1934); El hombre y el trabajo (1938); Phokas el americano (1948); La mano de Dios pasa por este perro (1965); y Los álamos oscuros (antología póstuma de sus poemas). 


Escrito por Tania Zapata Ortega

Correctora de estilo y editora.


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