Su obra evoluciona desde las formas y temas clásicos hasta una enérgica ruptura con lo establecido.
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En el Siglo XII, el poeta Jāyādeva escribió una obra, Gitagovinda, que participa de las características de la poesía épica artística, de la dramática y de la lírica, compuesta por una serie de himnos amorosos que eran acompañados por música adecuada y danzados. Desarrolla los amores idílicos de la divinidad Govinda y Radha, en quienes alegóricamente se representa a Dios y al alma humana. Debido a ello, este poema ha sido parangonado con el Cantar de los cantares, de Salomón (Martín de Riquer).
Muy poco es lo que se sabe de la vida de Jāyādeva, como ocurre generalmente con los poetas sánscritos. Un verso del poema Gitagovinda ubica el lugar de su nacimiento en Kinduvilba, identificada con la actual aldea de Kenduli, en el distrito de Birbham, en Bengala; donde todos los años se celebra una fiesta en honor del poeta. Además de estos datos, existen varias leyendas acerca de Jāyādeva que lo presentan como un santo y un taumaturgo.
El Gitagovinda es un largo poema cuyo tema central son los amores de la pastora Radha con Krishna, encarnación del Dios Vishnu. El poema, dividido en 12 cantos, se compone de un cierto número de estrofas y de 24 prabandas o canciones, intercaladas entre las anteriores. Intervienen en el poema tres personajes: Krishna, Radha y una amiga de Radha. Las estrofas, por lo general, son o bien narrativas, y señalan la situación, el lugar, el momento, el personaje que habla, etc., o bien expresan admiración y deseo; contienen, junto con el elogio del dios Vishnu, alguna súplica que se le hace. Las canciones corren a cargo de alguno de los personajes y expresan los sentimientos de éstos.
El Gitagovinda es un poema esencialmente erótico. El episodio narrado, aunque forme parte de la vida de un dios, es un episodio amoroso; las apasionadas y sensuales estrofas y canciones que, en su mayor parte, forman el poema, ponen este punto fuera de duda. Este erotismo está centrado fundamentalmente en lo físico: los encantos corporales de la mujer, el placer de la unión sexual, con todos los placeres que le preceden, descritos por los tratados técnicos respectivos, como el Kâmasûtra.
34
Es el estío delicioso,
el mango se eriza, se cubre de pimpollos,
al abrazarlo las palpitantes lianas del atimukta
y las aguas del Yamuna, que los rodean,
purifican los bosques de Vrindaván.
Hari está aquí,
está bailando con las jóvenes pastoras,
oh, amiga, en el estío interminable
para la que está separada de su amante.
40
Una pastora apasionadamente abraza a Hari
con la opulencia de sus túrgidos senos,
y lo acompaña en el canto con romántica cadencia.
Hari se está divirtiendo
con un grupo de jóvenes pastoras,
graciosas, coquetas, que sólo piensan en gozar.
41
Otra mujer, encantadora,
intensamente tiene fija su mirada
en el rostro, que semeja un loto, de Madhusudana;
y sus ojos que palpitan de lascivia,
provocan en ella, con su parpadeo, la pasión.
42
Otra de hermosas caderas
acerca su boca a la mejilla de Krishna,
cual si quisiera murmurarle algo
y lo besa en la oreja, deliciosamente,
mientras él se eriza de placer.
Hari se está divirtiendo
con un grupo de jóvenes pastoras,
graciosas, coquetas, que sólo piensan en gozar.
47
Oh, amiga,
el hermoso Hari se está divirtiendo en el verano;
parece que fuese el propio Kamadeva en forma humana;
enamorándolas,
provoca la alegría de todas las mujeres;
hace que surja la fiesta del Amor
con su cuerpo suave y negro cual los lotos;
las pastoras lo rodean
y a su antojo lo abrazan con pasión.
1
Mientras Hari con su amor promiscuo
en el bosque está gozando,
Radha, desaparecido ya su orgullo,
se fue, vencida por los celos;
se refugió, entristecida,
en una enramada de florecidas trepadoras,
que resuena con el zumbido de los enjambres de abejas;
y, a solas, le dijo así a su amiga:
2
Mi mente recuerda a Hari,
que en el baile se divierte
y de mí se burla.
Su flauta de hechizo
en sus labios, que junta levemente,
resuena con notas dulces como néctar;
lanza miradas de soslayo,
vacila su diadema,
tiemblan en sus mejillas sus aretes.
14
Oh, amiga,
haz que el excelso destructor de Keshi,
lleno de deseo,
goce conmigo, dominada por la pasión.
Cerraré con languidez los ojos:
habrá más belleza en sus mejillas
erizadas de placer;
de sudor cubrirá todo mi cuerpo,
y él estará lleno de excitación
por la deliciosa embriaguez de la pasión.
17
Lánguida quedaré por la delicia
del supremo momento
en el placer amoroso;
cerrará levemente los lotos de sus ojos;
agotada caerá en el lecho
la liana de mi cuerpo;
y en Krishna crecerá el deseo.
1
Y el enemigo de Kamsa
abandonó a las pastoras,
entronizando en su corazón a Radha,
que es la cadena que sujeta
sus imaginaciones mundanales.
2
Y después de buscar, por todas partes,
a su amada Radha,
con el corazón maltrecho
por las heridas que le hicieran
las flechas del Amor,
Madhava se refugió, arrepentido,
en un bosquecillo al borde del Yamuna,
y dijo así:
3
Al verme rodeado de mujeres,
se ha ido Radha,
y no la detuve por temor,
a causa de mi falta.
Se ha ido irritada,
pues le falté el respeto.
4
¿Qué hará y qué dirá,
después de haberla yo abandonado
por tan largo tiempo?
¡Sin ella no me importan
mi riqueza y mis servidores,
mi hogar, mi propia vida!
Se ha ido irritada,
pues le falté el respeto.
6
La tengo siempre, en mi corazón,
[conmigo,
y sin cesar la estoy amando.
¿Para qué la estoy buscando
[por la selva?
¿Para qué me estoy quejando sin motivo?
Se ha ido irritada,
pues le falté el respeto.
7
Mujer hermosa,
sé que tu corazón está sufriendo
[con los celos.
No sé adónde te has ido
y por eso no puedo
tratar de conciliarme
nuevamente tu cariño.
Se ha ido irritada,
pues le falté el respeto.
11
“Oh, Amor,
no lances tus flechas contra mí,
ahora que estoy lejos
[de mi amada Radha,
pensando por error que yo soy Shiva.
Lo que tengo en mi pecho
es un collar de fibras de lotos
[del estanque,
no es el rey de las serpientes;
llevo en mi cuello una guirnalda
de pétalos de kuvalaya,
no es el esplendor del veneno
[que él bebiera;
esto es sándalo en polvo,
no son cenizas.
¿Por qué lleno de cólera me atacas?
12
No tomes en tu mano una flecha,
hecha con las flores del oloroso mango;
no prepares tu arco.
Oh, tú que, jugando, conquistas a todo
[el universo,
¿qué valor puede haber
en golpear a un hombre
que está desfalleciendo?
Esta mujer con ojos de antílope,
[oh, Amor,
ha destrozado mi corazón
con las flechas de sus trémulas
[miradas de soslayo,
y hasta ahora no puede revivir.
Su obra evoluciona desde las formas y temas clásicos hasta una enérgica ruptura con lo establecido.
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Escrito por Redacción