La revelación es cruel: ya nadie aclama a la poesía.
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La vida de Carlos Germán Amézaga Llanos (Lima, 26 de septiembre de 1862- 17 de diciembre de 1906) estuvo marcada por las contradicciones de su tiempo. Soldado, poeta, dramaturgo y periodista, fue una de las figuras más destacadas de la literatura peruana de entresiglos. En su obra pueden hallarse aún rasgos de un Romanticismo tardío unidos a la admiración del progreso, la ciencia y el desarrollo de la industria propios del realismo y aún atisbos del Modernismo, que irrumpía ya como la corriente literaria dominante en el Siglo XX americano.
Siendo muy joven se enroló en el ejército peruano combatiendo en la Guerra del Pacífico, para luego iniciar un amplio recorrido por toda América. Es autor de una antología de poetas mexicanos publicada en 1893 en Buenos Aires. Fue uno de los fundadores del Círculo Literario y del Ateneo de Lima, redactor de la revista El Perú ilustrado y colaborador de La Revista Social. De tendencia radical, vinculado al influyente intelectual y anarquista peruano Manuel González Prada, Amézaga aparece como firmante de la Constitución de 1891 y como miembro del partido Unión Nacional, de orientación contraria a la oligarquía.
Su obra, dispersa en periódicos y revistas, ha permanecido fuera de los reflectores, como sucedió con tantos representantes del anarquismo militante de aquella época. De su quehacer poético destacan La invasión (1891), sobre la heroica resistencia de un pueblo andino; Cactus (1891), premiado por el Ateneo de Lima; La leyenda del caucho (1905), poema sobre la fiebre del caucho en la selva amazónica. En 1948 vieron la luz sus Poesías Completas, recopiladas por la profesora Graciela Miranda Quiroz y en 2019, la Editorial Universitaria Lima publicó Más allá de los cielos. Antología poética y teatral de Carlos Germán Amézaga, editada por Carlos Amézaga Rodríguez y Julio Isla Jiménez.
Incluido en la Antología Americana (Barcelona, 1897), de los editores Montaner y Simón, Mi locura. Confidencias a un alma grande, es el poema que hoy compartimos con nuestros lectores. Compuesto por 10 cuartetos endecasílabos, su perfección explica el hecho de que, en 1910, el lexicógrafo José Pérez Hervás incluyera a su autor en el Pequeño diccionario de la rima. Pero no es por la forma que lo incluimos en esta Tribuna, sino por su enérgica y bien lograda toma de posición en favor de la justicia y contra los opresores, los malvados, los victimarios impunes y los explotadores, que bien puede formar parte de las más selectas antologías de “poesía de combate” de todos los tiempos.
¿Frente de los malvados en la Tierra
te sorprende mi cólera salvaje?
Para la paz nací, mas en la guerra
necesario es también que hienda y taje.
Porque adoro la luz, odio la sombra;
porque defiendo el bien, al mal persigo.
Hasta ese Cristo que tu labio nombra,
a quien no está con Él dice enemigo.
No importa que al Quijote en la pelea
se me compare, al verme furibundo
invocando a aquella otra Dulcinea
que se llama Justicia por el mundo.
¿Cómo tampoco ser indiferente
a la soberbia impunidad del crimen,
viendo por cada monstruo omnipotente
millares de hombres que a sus plantas gimen?
Pluma no quiero que el cinismo embote,
arma de lujo que el castigo emplace.
Quiero vara fortísima que azote,
hierro al temple mejor, que despedace.
Fuerza extraña me empuja, y no te espante
mañana estos anhelos ver cumplidos
de triunfar, aunque sea agonizante,
aplastando cabezas de bandidos.
Rían de mí los que se llaman cuerdos,
porque tiemblan de erguirse contra un amo
a cuyos pies engordan como cerdos,
para morir cual cerdos, sin reclamo.
Del hombre sin el bárbaro egoísmo,
que en paz la ruina ve de sus iguales,
ni marcharan los pueblos al abismo,
ni obtuvieran poder los criminales.
Nada espero del cielo en lo remoto
cuando escucho el clamor del que padece.
Miro a Lucrecia, y mi paciencia agoto:
pienso en Nerón, y mi iracundia crece.
*
¡Oh, Justicia, deidad escarnecida,
santa hermana del bien, del mal burlada,
en los resueltos pasos de mi vida
dame un rayo de luz, dame tu espada!
La revelación es cruel: ya nadie aclama a la poesía.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.