Poeta, pintor, diplomático y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Diego Dublé Urrutia (1877-1967).
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“La lengua es el receptáculo de la experiencia de un pueblo y el sedimento de su pensar; en los hondos repliegues de sus metáforas (y lo son la inmensa mayoría de los vocablos) ha ido dejando sus huellas el espíritu colectivo del pueblo, como en los terrenos geológicos el proceso de la fauna viva”, dice Miguel de Unamuno en el Capítulo II de En torno al casticismo (1902).
Y si la lengua es un producto histórico donde cada signo ha sido fijado por milenios de uso, el poeta es depositario y custodio de ese instrumento heredado. A veces, la alusión al propio folklor es tan evidente que, sin dudar, los pueblos adoptan al poeta como suyo; pero otras, la carga simbólica de algunos versos resuena en su inconsciente con una fuerza que viene de ignotas raíces.
Esta identificación transfronteriza que los hispanohablantes sentimos al acercarnos a la poesía de Federico García Lorca, y que a menudo se atribuye a su universalidad, tiene que ver sobre todo con una subterránea identificación simbólica, con una visión no expresada, pero que compartimos, en otras palabras, con una cercanía cultural que ha sobrevivido en el tiempo.
Si nos quedamos en la superficialidad argumental, el Romance de la Luna Luna, por ejemplo, narra el terrible accidente en que un niño gitano muere quemado al acercarse demasiado al fuego de la fragua, provocando conmoción, dolor y llanto en todos los miembros de su entorno, que a pesar de su proverbial valentía, han llegado tarde para evitar la desgracia; en este punto es cuando se identifican los elementos característicos del vestuario de los personajes (polisón, collares, anillos) o de la flora y fauna regional (los caballos, el nardo, los olivos o la nocturna y mimética ave zumaya).
Una segunda lectura reelabora el acontecimiento, lo envuelve en un entorno onírico y explica lo ocurrido por la aparición de la Muerte-Luna, un personaje simbólico, femenino y maligno, que atrae a la criatura a la luminosa y redonda boca ardiente de la fragua, donde lo hallan los gitanos con los ojos definitivamente cerrados.
Una lectura más profunda puede identificar los terrores ancestrales de toda nuestra especie a la oscuridad, al fuego, al destino y a la muerte –especialmente a la inesperada–; además de la fascinación por elementos de la naturaleza como el agua y el aire o cuerpos celestes como la Luna, tan presente en la obra del inmortal poeta de Granada.
La Luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la Luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye Luna, Luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye Luna, Luna, Luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay, como canta en el árbol!
Por el cielo va la Luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Poeta, pintor, diplomático y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Diego Dublé Urrutia (1877-1967).
Kālidāsa, el genial dramaturgo y épico del Siglo IV, es también uno de los más altos y líricos indios.
Kumārasambhava o El nacimiento de Kumāra es un poema épico-lírico de Kālidāsa, el más famoso autor de la literatura clásica india.
En comparación con el sánscrito, que carece de elementos locales reconocibles, el lenguaje del Sattasaī busca transmitir el sabor rústico y local de Maharashtra.
En el Siglo II a. C. tiene lugar el nacimiento del drama indio, una de las manifestaciones más brillantes y artísticas de la antigua literatura sánscrita.
El Ramayana no es obra de un solo autor (aunque tradicionalmente se venga suponiendo que fue escrito por Krishna-Dwaipayana, llamado Viasa), ni de una escuela, sino que es fruto de la actividad poética de varias generaciones.
En este poema de Ignacio Rodríguez Galván pueden identificarse claramente, y de principio a fin, múltiples rasgos distintivos del primer romanticismo.
El Ramayana es una de las dos grandes epopeyas de la India.
La monogamia, estructura familiar que predomina hoy en casi todo el mundo, es producto de un desarrollo histórico milenario, pero existen pruebas de la existencia de formas anteriores de organización familiar.
Un ejemplo sintético de las ideas de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, Nueva España, 1581–Madrid, España, 1639) en torno al rol femenino se encierra en el Tercer acto de Todo es ventura.
El Mahâbhârata, la gran epopeya de la India, comprende 100 mil estrofas, generalmente de dos versos cada una.
Si este rasgo ideológico de Ruiz de Alarcón no bastara para identificar su moderna visión de las libertades femeninas, conviene echar un vistazo al Tercer acto de Todo es ventura
La India, fuente de la poesía moderna
Tratados académicos completos se han destinado a elogiar la musicalidad, la perfección en la rima y la métrica alcanzadas por los modernistas y para explicar el contexto económico y social del momento.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.