El capital, con su hambre insaciable de trabajo, que devora a diario la vitalidad de incontables hombres y mujeres, aparece personificado en El Dios Millón.
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La monogamia, estructura familiar que predomina hoy en casi todo el mundo, es producto de un desarrollo histórico milenario, pero existen pruebas de la existencia de formas anteriores de organización familiar; en la literatura de la antigua India existe evidencia de ello; El Mahâbârata, poema épico atribuido a Vyasa (“El Compilador”), consta de unos 215 mil versos, es mucho más extenso que la Iliada y la Odisea juntas y su origen se remonta, según algunos estudiosos a la guerra de los Bâratas, ocurrida entre tres mil y dos mil 400 años a.C. La sociedad que se presenta en la gran epopeya es patriarcal y la poligamia es la regla, pero uno de los relatos aborda un caso de poliandria: cinco príncipes, los pandavas, se casan con una sola mujer.
El argumento es el siguiente: el Rey Pându fue elegido, en un torneo llamado Swayamvara, por dos princesas, Kunti y Madri; luchando contra los reyes vecinos restableció la Casa de los Kurus y después se retiró a vivir tranquilamente con sus dos esposas, dedicándose a la caza. Un día encontró en su camino a un rishi (sabio, santo) y a su esposa haciendo el amor convertidos en ciervos, no pudo resistir el impulso de cazador y disparó una flecha que hirió mortalmente al macho; antes de morir, el rishi lo maldijo: Pându moriría en cuanto hiciera el amor. Para evitar la muerte, el rey optó por irse a vivir al bosque y sus esposas decidieron seguirlo. Pasaron varios años y Pându deseaba tener hijos; después de reflexionar sobre varias formas de lograrlo sin morir en el intento, resolvieron emplear un mantra mágico que Kunti conocía y gracias a esta invocación a las divinidades fueron naciendo Yudhishthira (hijo del Dharma), Bhimasena (hijo de Vayu) y Arjuna (hijo de Indra); como Pându quiso dos hijos más, Kunti enseñó el mantra mágico a Madri, de quien nacieron Nakula y Shadeva (hijos de los Aswini Kumaras, mellizos celestiales). Así nacieron los cinco pândavas. Quince años después, un día que Pându y Madri estaban solos, la maldición del Rishi se cumplió y Pându cayó muerto mientras hacían el amor. Los cinco pândavas eran ahora los príncipes de la casa de los Kurus y un clan enemigo intenta quemarlos vivos; todos los dan por muertos, pero se enteran que el rey Drupada convoca a un torneo Swayamvara para desposar a su hija Draupadî, nacida del fuego sagrado y destinada a Arjuna desde antes de nacer; entonces los cinco hermanos se presentan disfrazados de brahmines al torneo, en el que los otros reyes fallan al disparar cinco flechas con un arco mágico:
El torneo continuó. Rey tras rey intentaron pasar la prueba fracasando en su intento, aunque algunos de ellos casi lo consiguieron. A Sisupala, por ejemplo, le faltó tan solo el tamaño de un grano de sésamo para cubrir con éxito la prueba, pero se le resbaló el arco y tuvo que regresar a su asiento con el sabor del fracaso amargándole las entrañas. Otro que estuvo a punto de conseguirlo fue Jarasandha, a quien le faltó también el tamaño de un grano de mostaza. Duryodhana se levantó de su asiento dirigiéndose hacia el arco con paso majestuoso pero tampoco consiguió hacer diana perfecta en el pez. A Salya le faltó el ancho de una judía para que su intento fuera coronado por el éxito. Ya todos los demás reyes estaban perdiendo la esperanza al ver que los mejores arqueros no habían podido superar con éxito la prueba, pero Radheya se levantó y se dirigió hacia el escenario. Su aspecto era grandioso mientras caminaba como una pantera a través del salón en dirección al arco (...) Mientras Radheya trataba de apuntar con precisión y todos los reyes se sumaban a su intento con gran emoción. Todos estaban seguros de que lo conseguiría. Era todo un espectáculo verle doblar el arco tensando la cuerda casi sin hacer esfuerzo. Sus disparos fueron tan certeros que tan solo le faltó el ancho de un pelo para hacer diana perfecta.
El Pandava Arjuna solicita permiso para tomar parte en la competencia y lo obtiene, evidenciándose que en este tipo de torneo, al menos al principio, se permitía la participación de todas las castas, incluso las inferiores (sudras);
Arjuna subió al escenario y dirigiéndose a Dhrishtadyumna le dijo:
–¿Se le permite a un brahmín tratar de derribar la diana? Parece que ninguno de los kshatryas aquí congregados son capaces de superar con éxito la prueba.
Sus ojos recorrieron las caras de los reyes y participantes con una expresión entre divertida y sarcástica. Dhrishtadyumna le contestó:
–¡Por supuesto! Cualquiera tiene la opción de intentarlo, no importa si es un brahmín, un kshatrya, un vaysa, incluso un sudra.
Arjuna supera con creces la prueba y obtiene la mano de la princesa; entonces los cinco hermanos se ven obligados combatir con los despechados pretendientes:
A los reyes, por un momento, pareció que se les había detenido el pulso. Pero luego la ira se apoderó de ellos y comenzaron a decir: “Este Drupada nos ha insultado deliberadamente. Con tantos reyes como hay aquí congregados, ha tenido la desfachatez de entregar su hija a un brahmín; esto es un insulto para nosotros. Si ninguno de nosotros fue capaz de dar en la diana, su hija debería haberse suicidado antes de entregarse como esposa a un brahmín. No podemos tolerar este insulto. Esta ofensa por parte del rey merece un castigo. Vayamos a por él y matémosle”.
Drupada estaba asustado y sorprendido ante la ira de los reyes. Indeciso y confuso miró al joven brahmín que había sido la causa del altercado, pero Arjuna le tranquilizó con una sonrisa como diciéndole: “Por favor, no temas, yo puedo entenderme con todos ellos”.
Habiendo Arjuna obtenido la mano de Draupadî, los pandavas la llevaron a la casa en la que estaban hospedados, y ahí…
Su madre les estaba esperando. Y apenas entraron, a grandes voces le dijeron: “Madre, te traemos el biksha que hoy hemos recogido” Kunti estaba en la parte interior de la casa y al oírles, como era usual en ella, les respondió:
–Sea lo que sea que hayáis traído, podéis compartirlo entre vosotros. Luego se reunió con ellos sorprendiéndose al ver a la bella Draupadî de pie junto a Arjuna. Yudhishthira le dijo:
–Arjuna se ha ganado a esta doncella en un torneo y era a ella a quien nos referíamos cuando te dijimos que te traíamos lo que habíamos recogido.
Kunti al oír esto se sintió horrorizada pensando en la respuesta que les había dado, pero ocultando su nerviosismo abrazó a la tímida joven que aún permanecía de pie, diciéndole:
–Bienvenida seas a nuestra casa.
Yudhishthira, en su papel de primogénito, y para evitar la discordia, propuso lo siguiente:
–Nuestra madre ha dicho que deberíamos compartir a Draupadî entre nosotros y no hay nada más sagrado que las palabras de nuestra madre; ella es nuestro gurú y debemos obedecerle. Durante todos estos años jamás ha hecho nada que no fuera correcto, pero por otro lado es evidente que todos nosotros amamos a esta mujer. Así que sugiero que todos nos casemos con ella. No siento que esté haciendo algo incorrecto al sugeriros esto, creo que mi decisión es justa; así que no nos preocupemos más y hagámoslo así.
Al día siguiente, los cinco hermanos se presentaron ante Drupada. Yudhishthira planteó el asunto al rey; ante su comprensible enojo, argumenta situaciones semejantes ocurridas en el pasado que hablan de que la unión de una mujer con varios hombres no era inusual en una época anterior, aunque la poligamia fuera ya, para entonces, una práctica extendida y sancionada por las costumbres y la religión:
–Por favor no te sorprendas de mi propuesta, pero los cinco hermanos nos casaremos con tu hija. Ella será la esposa de los cinco pandavas.
Drupada se puso muy enojado por las palabras de Yudhishthira. No quería ofender a los poderosos pandavas, pero su proposición iba contra todo Dharma, así que le dijo: –Pero eso es imposible. A un hombre se le permite tomar más de una esposa, pero a una mujer no se le permite tener más de un marido. Así es como ha sido establecido el Dharma por nuestros antepasados. No sé si debo aprobar esto; es incorrecto e inmoral. Entonces Yudhishthira dijo:
–Comprendo tu enojo, lo que dices es cierto. No es costumbre que una mujer tenga más de un marido. Pero nosotros somos diferentes; siempre hemos compartido todo. Siempre hemos estado juntos y nada puede interponerse entre nosotros, nada puede separarnos. Además, ahí tienes a nuestra madre. Nunca ha pronunciado una sola palabra indebida. Para nosotros, nuestra madre tiene más valor que todos los dharmasastras (códigos) juntos. En cuanto a la posibilidad de que este matrimonio sea indebido, he oído que en muchas ocasiones varios rishis han compartido la misma mujer. La hija del sabio Tatila tuvo siete maridos y hay otros casos más. Nunca he concebido pensamientos indignos, ni tampoco mi madre. Puedes descansar seguro de que esto es correcto.
Drupada aún no se quedaba tranquilo con estos ambiguos argumentos de Yudhishthira. Estaba totalmente confuso en cuanto a qué debía hacer.
Entonces el rey llama al sabio Vyasa para conocer su opinión y la respuesta es sorprendente, consigna la existencia de esta forma de matrimonio, aceptada en un tiempo como “instituida por los dioses” pero ya en desuso para la época en que se compilara este imprescindible monumento literario, cuando ya se había establecido la familia poligámica.
En ese momento entró Vyasa y todos se dirigieron a él para que les ayudara a salir de ese apuro. Drupada le dio la bienvenida muy respetuosamente. Estaba muy orgulloso por la visita de aquel gran hombre. Vyasa era la morada de la sabiduría y la personificación de la rectitud. Después de que todos se sentaran, Drupada le expuso su dilema. Vyasa sonrió y le dijo:
–Éste es el motivo por el que he venido. Quiero saber todas vuestras opiniones al respecto. –Y después de haberlas oído todas, dijo:– No hay duda de que lo que dice Drupada es cierto. La costumbre de que una mujer tenga más de un marido no ha sido muy frecuente en los últimos tiempos pero sí se ha hecho en el pasado. Además aquí ocurre que toman parte seres divinos (…) Drupada, no harás nada contra el Dharma consintiendo este matrimonio. No habrá ninguna transgresión del Dharma.
Drupada quedó ya satisfecho con estas palabras, el gran Vyasa había respaldado el matrimonio, así que accedió a esta boda tan poco usual, de una mujer con cinco hombres.
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Escrito por Redacción