La prosa de Álvaro Mutis tiene tanto de poética como su poesía roza la narración.
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El Mahâbhârata, la gran epopeya de la India, comprende 100 mil estrofas, generalmente de dos versos cada una. Su composición, hasta adquirir la forma en que hoy la tenemos, tomó varios siglos: probablemente entre el Siglo V a.C. y el inicio de nuestra era. Es una obra de recopilación: alrededor de un núcleo central se fueron agrupando materiales de diverso origen y época, en la forma de episodios más o menos relacionados con el núcleo central. Además de los episodios que se agregaron al núcleo central, es necesario tener en cuenta los desarrollos amplificadores de que fueron objeto partes de ese núcleo central. Es así una obra que debe su surgimiento a diferentes autores.
El núcleo central del Mahâbhârata está conformado por la lucha fratricida que enfrenta a dos ramas rivales de una misma familia real: una constituida por los Pândavas, hijos de Pându, y otra constituida por los primos de los anteriores, los Kauravas o Kurus, hijos de Dhritarâshtra. Los Pândavas eran cinco y sus nombres eran Yudhistira, Bhîma, Arjuna, Nakula y Sahadeva. Arjuna es designado en la Bhagavad-Gîtâ por diversos nombres como Dhanañjaya, Gudâkesha, Kaunteya, etc. El nombre de su madre era Pritha o Kuntî. Su esposa comûn era Draupadî. Los Kauravas eran 101. El mayor y el jefe de ellos era Duryodhana. Ambas ramas descienden de Kuru, aunque los patronímicos Kauravas y Kurus se aplican por lo general sólo a una de esas ramas, a los hijos de Dhritarâshtra. Ambas ramas reciben el nombre de Bhâratas por cuanto otro antepasado de Pându y Dhritarâshtra tenía el nombre de Bhârata.
Alrededor de ese núcleo central se agruparon, como dijimos, múltiples episodios: narraciones (como los episodios de Nala y Damayantî, Savitri, etc.), textos legales, textos filosófico-religiosos (como la Bhagavad-Gîtâ).
El episodio de la Bhagavad-Gîtâ comprende unas 700 estrofas. Este episodio se ubica dentro de la narración en el momento en que se inicia la gran batalla entre los Pândavas y los Kauravas (Libro VI, secciones 25-42 del Mahâbhârata). Arjuna, uno de los Pândavas, al ver en ambos frentes a sus familiares, allegados y amigos, es invadido por la desesperación y el abatimiento al darse cuenta de la obra destructora que se inicia. Se niega a combatir. El dios Krishna, que es el cochero del carro de combate de Arjuna, exhorta a éste a que combata, cumpliendo su deber de guerrero.
Los incidentes en el campo de batalla y el diálogo entre el dios y el héroe son referidos por Sañjaya al rey Dhritarashtra. Sañjaya se entera de lo que está sucediendo gracias a la vision divina que le ha sido concedida. Además de la visión divina que le permite a Sañjaya ver lo que está ocurriendo en el campo de batalla, debe mencionarse también el oído divino que le permite oír el diálogo entre Krishna y Arjuna. La Bhagavad-Gîtâ es, así, el diálogo entre Krishna y Arjuna en el campo de combate, narrado por Sañjaya al rey Dhritarâshtra.
Con toda seguridad, la formaciôn de la Bhagavad-Gîtâ siguiô el mismo proceso que la formaciôn del Mahâbhârata: a un núcleo central, que contenía la negativa de Arjuna a combatir y exhortaciones de Krishna para que lo hiciera, varios autores fueron agregando desarrollos que ampliasen o completasen las ideas enunciadas por Krishna.
Viendo a los hijos de Dhritarâshtra
en formaciôn de batalla,
el Pândava que lleva el emblema del mono
en su estandarte1,
cuando ya el choque de las armas se
iniciaba,
levantando su arco, oh soberano de la tierra2,
a Hrishikesha le dijo estas palabras:
«Oh Achyuta 3,
deten mi carro en medio de los dos ejércitos
para que yo vea
a aquellos dispuestos en orden de batalla,
ansiosos de pelea,
con los cuales he de combatir
en el ardor de este combate.
Veo a los que han de combatir,
reunidos ahí,
deseosos de halagar en la pelea
al insensato hijo de Dhritarâshtra 4».
Ordenado así por Gudâkesha 5, oh Bhârata 6,
Hrishîkesha, deteniendo el espléndido carro
en medio de los dos ejércitos,
frente a Bhîshma 7, frente a Drona,
frente a todos aquellos soberanos de la
tierra, dijo: «Mira, oh hijo de Prithâ8, a los
Kurus reunidos».
Y el hijo de Prithâ vio entonces
ahí, en los dos ejércitos,
a sus padres, abuelos, maestros,
tíos maternos, hermanos, hijos y nietos,
amigos, suegros y compañeros.
Y al ver dispuestos en orden de combate
a todos sus parientes,
el hijo de Kuntî9,
compenetrado de profunda
[compasión,
ganado por el desaliento,
dijo estas palabras:
«Viendo, oh Krishna,
[aquí a los míos,
reunidos para combatir,
mis miembros desfallecen, mi boca se seca,
mi cuerpo tiembla y se horripila.
Mi arco Gândiva cae de mi mano,
arde mi piel,
no puedo tenerme en pie,
y me parece que mi mente diera vueltas.
Veo contrarios augurios, oh Keshava10,
y no comprendo el bien que puede ser
matar a los míos en este combate.
No deseo la victoria, oh Krishna,
ni la reyecía ni sus bienes.
¿De qué me sirve la reyecía, oh Govinda11,
de qué sus goces, de qué la propia vida,
si aquellos por quienes he deseado
la reyecía, sus goces y sus bienes,
están ahí, dispuestos para el combate,
renunciando a sus vidas y a sus riquezas?
Nuestros maestros, padres, hijos y abuelos,
tíos maternos, suegros, nietos, cuñados y
allegados
–no, no quiero matarlos
aunque a mí me maten, oh Madhusûdana12,
ni siquiera para conquistar
la soberanía de los tres mundos 13
–¡cuánto menos por la tierra!
¿Qué alegría puede haber ya para nosotros
matando a los hijos de Dhritarâshtra, oh Janârdana?14
El mal se apoderaría de nosotros
al matarlos, aunque sean agresores.
¡No podemos matar a los hijos de Dhritarâshtra,
a nuestros propios parientes!
Matando a los nuestros, oh Mâdhava,
¿cómo podríamos ya ser felices?
Aunque ellos, con sus mentes dominadas
por la codicia,
no logren ver el crimen que se comete
destruyendo a una familia,
y el pecado que radica
en la traición de los amigos,
¿cómo de este mal no sabremos abstenernos
nosotros que comprendemos el crimen que
se comete
destruyendo a una familia, oh Janârdana?
Con la destrucción de la familia,
perecen los Deberes15 eternos que la rigen;
destruidos los Deberes,
el No-deber16 se apodera de toda la familia.
Cuando en la familia predomina el
No-deber, oh Krishna,
se corrompen sus mujeres;
corrompidas las mujeres, oh Vârshneya17,
surge la mezcla de las castas.
La mezcla de las castas
es el infierno de la familia
y de aquellos que la han destruido18,
pues sus antepasados decaen,
privados de las ceremonias
de las ofrendas y del agua funerarias19.
Por el crimen de aquellos
que destruyen a la familia,
provocando la mezcla de las castas,
perecen los eternos Deberes de la casta,
los eternos Deberes de la familia.
Y nos han enseñado, oh Janârdana,
que el infierno es la morada para siempre
de aquellos hombres
en cuyas familias los Deberes han sido destruidos.
Ah, estamos dispuestos a cometer un gran pecado,
pues, por codiciar los bienes de una reyecía,
nos preparamos a matar a nuestra propia gente.
Si los hijos de Dhritarâshtra en el combate,
con las armas en la mano,
me dan muerte a mí, inerme,
sin ofrecerles resistencia,
eso lo prefiero».
Y, diciendo así, Arjuna,
en medio del combate,
se sentó en el asiento de su carro,
arrojando sus flechas y su arco,
con su mente confundida de dolor.
La prosa de Álvaro Mutis tiene tanto de poética como su poesía roza la narración.
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Escrito por Redacción