La gramática también castiga; o de cómo la falta de verbos cambió la nacionalidad de un poeta mexicano, sería un título apropiado para la decimonónica anécdota literaria que hoy nos ocupa.
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La tercera colección de los Vedas es el Sama-Veda; está estrechamente vinculada al Rig-Veda y constituye una especie de manual para el culto, pues sus himnos estaban destinados a cantarse durante los sacrificios. El 95 por ciento de los mil 875 versos de los himnos del Sama-Veda tiene su origen en los himnos del Rig-Veda, pero fueron adaptados musicalmente con repeticiones y cambios fonéticos para ser cantados; se le considera el Righ-Veda musicalizado. No está pensado para leerse, sino como una partitura musical. El Sama-Veda contiene un agregado de canciones para ejecutar con ciclos rítmicos (tala) y melodías tradicionales (raga); exorcismos y encantamientos; creencias y, por fin plegarias devocionales. El Sama-Veda, o “Veda de los Cantos Sagrados”, tercero en el orden habitual de enumeración de los Vedas, ocupa el siguiente lugar en santidad e importancia litúrgica después del Rig-Veda o “Veda de la Alabanza Recitada”. Su Sanhita, o porción métrica, consiste principalmente en himnos que debían ser cantados por los sacerdotes Udgâtar en la realización de esos importantes sacrificios en los que el jugo de la planta Soma, clarificado y mezclado con leche y otros ingredientes, se ofrecía en libación a diversas deidades.
La Colección se compone de himnos, porciones de himnos y versos aislados, tomados principalmente del Rig-Veda, transpuestos y reorganizados sin referencia a su orden original, para adaptarse a las ceremonias religiosas en las que se emplearían. En estos himnos compilados hay frecuentes variaciones, de mayor o menor importancia, respecto al texto del Rig-Veda tal como lo conocemos actualmente. Estas variaciones, aunque en algunos casos son aparentemente explicativas, en otros parecen ser más antiguas y originales que las lecturas del Rig-Veda. Al cantar, los versos se alteran aún más mediante la prolongación, repetición e inserción de sílabas, además de diversas modulaciones, pausas y otras modificaciones prescritas, para la guía de los sacerdotes oficiantes, en los Ganas o “libros de cantos”. No hay ninguna pista sobre la fecha de la compilación de los Himnos del Sama-Veda, ni se nos ha transmitido el nombre del compilador. ![]()
Tomado de Himnos del Sama-Veda.
Ralph T. H. Griffits. 1893.
Om. ¡Gloria al Sama-veda! ¡Gloria al Señor
Ganesha! Om.
1. ¡Ven, Agni, alabado con cánticos, al banquete y a la ofrenda sacrificial: siéntate como Hotar sobre la hierba sagrada!
2. Oh, Agni, has sido ordenado Hotar de todo sacrificio, por los dioses, entre la raza humana.
3. A Agni te elegimos como enviado, hábil ejecutante de este rito sagrado, Hotar, poseedor de toda riqueza.
4. Servido con ofrendas, encendido, brillante, por amor al cántico, que Agni, empeñado en las riquezas, ¡castigue a los Vritras!
5. Alabo a tu más amado huésped como a un querido amigo, oh, Agni, a aquel que, como un carro, nos trae riquezas.
6. ¡Oh, Agni, protégenos con gran poder de toda malignidad, sí, del odio del hombre mortal!
7. Oh, Agni, ven; te cantaré otros cánticos de alabanza. ¡Enorgullécete con estas gotas de soma!
8. ¡Que Vatsa aleje tu mente incluso de tu morada más elevada! Agni, te anhelo con cánticos.
9. Agni, Atharvan te hizo surgir frotando desde el cielo, la cabeza de todos los que ofrecen sacrificios.
10. ¡Oh, Agni, tráenos luz radiante para que sea nuestro poderoso socorro, pues Tú eres nuestra deidad visible!
1. Oh, Agni, Dios, el pueblo te canta alabanzas reverentes por tu fuerza: Con terrores atormentas al enemigo.
2. Busco con canciones a tu mensajero, portador de oblaciones, señor de la riqueza, Inmortal, el mejor en el sacrificio.
3. Aún volviéndose hacia su objetivo en ti, los himnos hermanos del sacrificador han llegado a ti antes que el viento.
4. A ti, iluminador de la noche, oh, Agni, día a día con oración, trayéndote reverencia, venimos.
5. ¡Ayuda, tú que conoces las alabanzas, a esta obra, un hermoso himno en alabanza a Rudra, adorable en cada casa!
6. A este justo sacrificio para beber la bebida lechosa eres llamado: ¡Oh, Agni, ven con los Maruts!
7. Con homenaje te reverenciaré, Agni, como a un corcel de cola larga, señor imperial de los ritos sagrados.
8. Como Aurva y como Bhrigu llamaron, como Apnavana llamaron, yo llamo al radiante Agni, vestido de mar.
9. Cuando él enciende a Agni, el hombre debe escuchar con el corazón la canción: enciendo a Agni hasta que brille.
10. Entonces, en verdad, ven la luz refulgente de la semilla primigenia, encendida en aquel lado del cielo.
1. Aquí, por poderoso parentesco, llamo a Agni, quien te prospera, el más frecuente en nuestros ritos solemnes.
2. Que Agni con su llama afilada abata a cada feroz demonio devorador: ¡que Agni nos gane riqueza por medio de la guerra!
3. Agni, sé misericordioso; eres grande: te has acercado al hombre piadoso, has venido a sentarte en la hierba sagrada.
4. Agni, líbranos, de la angustia consume a nuestros enemigos, oh, Dios, Eterno, con tus llamas más ardientes.
5. ¡Engancha, oh, Agni, oh, Dios, tus corceles que son los más excelentes! Los veloces te traen rápidamente.
6. Señor de las tribus, a quien todos deben buscar, adoramos a Agni, te bajó, refulgente, rico en hombres valientes.
7. Agni es cabeza y altura del cielo, el amo de la Tierra es él. Él vivifica la semilla de las aguas.
8. ¡Oh, Agni!, anuncia con gracia esta nuestra buena fortuna de los Dioses, ¡Y este nuestro nuevo himno de alabanza!
9. ¡Oh, Agni, Angiras! Gopavana te ha dado a luz. ¡Escucha mi llamado, refulgente!
10. Agni, el Sabio, el Señor de la Fuerza, ha recorrido los dones sagrados, dando objetos preciosos al oferente.
11. Sus heraldos lo llevan en alto, el Dios que conoce todo lo que vive, el Sol, para que todos puedan contemplarlo.
12. Alaba a Agni en el sacrificio, el Sabio cuyas santas leyes son verdaderas, el Dios que aleja el dolor.
13. Que las Diosas nos presten ayuda y nos den de beber: que sus arroyos nos traigan salud y riqueza.
14. Señor de los valientes, cuyas canciones inspiras ahora en tu abundancia. Tú cuyos himnos ayudan a ganar el ganado.
La gramática también castiga; o de cómo la falta de verbos cambió la nacionalidad de un poeta mexicano, sería un título apropiado para la decimonónica anécdota literaria que hoy nos ocupa.
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Escrito por Redacción