Nacida en marzo de 1946 en la Ciudad de Guatemala, Delia Quiñónez Castillo fue la más joven de los siete poetas que, en 1968, fundaron el grupo literario Nuevo Signo.
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Ríos de tinta han corrido desde el nacimiento del Modernismo, en los albores del Siglo XX, como una corriente renovadora de la poesía que rompía con el arraigado eurocentrismo literario; y cómo era América quien alumbraba un vigoroso movimiento en las letras imposible de soslayar. Tratados académicos completos se han destinado a elogiar la musicalidad, la perfección en la rima y la métrica alcanzadas por los modernistas y para explicar el contexto económico y social del momento o las singularidades biográficas de sus más destacados representantes; también podemos encontrar elaboradas interpretaciones de algunas de las obras poéticas de este movimiento.
Pero hoy nos referiremos a Los motivos del lobo, poema escrito en 1913 y uno de los más conocidos del nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), considerado el padre de esta fecunda renovación literaria; el poema permite asomarnos a la profundidad del pensamiento de un poeta revolucionario no sólo de la forma, sino de la idea. Reelaborando una fábula medieval de la hagiografía franciscana del Siglo XIV, titulada Cómo San Francisco amansó, por virtud divina, un lobo ferocísimo, en la que el lobo se redime y muere de viejo en la aldea, el poeta cambia el final y, en un giro sorprendente, presenta a la fiera retornando a su vida salvaje al descubrir la envidia, el odio, la codicia y la maldad del hombre, no como condición natural, sino como producto de las relaciones sociales.
Recientemente, el ingeniero Aquiles Córdova Morán se refirió a este poema, recurrente entre los declamadores, haciendo un magistral análisis de su contenido político, del que transcribo sólo una parte:
“¿Qué es Los motivos del lobo?, es la lucha entre el idealismo extremo y el materialismo extremo; es el enfrentamiento de dos concepciones del mundo, de dos maneras de ver a la sociedad humana, la de San Francisco y la del Lobo. San Francisco cree en la hermandad de todos los seres, en la bondad de los hombres, en la unidad, en la paz, en un mundo idílico donde todos nos veamos como hermanos y donde todos nos demos la mano y vivamos como una gran familia: los hermanos hombres, los hermanos bueyes, / hermanas estrellas y hermanos gusanos. Y el Lobo se lo cree y sigue a San Francisco.
“Y mientras San Francisco lo tenía pegado a sus sandalias, el Lobo no se dio cuenta de lo que estaba pasando; pero cuando San Francisco se ausentó y el Lobo tuvo libertad de salir a recorrer la realidad, ¿qué se encontró?, que lo que San Francisco predicaba era mentira, que en la realidad las cosas eran exactamente al revés; los hermanos no se veían como hermanos: Hermanos a hermanos se hacían la guerra, / perdían los débiles / ganaban los malos. Eso no decía San Francisco, él decía que los débiles, los buenos, los pacíficos, los humildes tenían que triunfar, que de ellos era el mundo y de ellos era el reino de los cielos; pero el Lobo vio otra cosa (…)
“Y un buen día, todos me dieron de palos. / Me vieron humilde, lamía las manos / y los pies. Seguía tus sagradas leyes, / todas las criaturas eran mis hermanas… conste, el Lobo está acusando al idealismo de San Francisco, fíjense lo que le dijo: me apalearon y me echaron fuera… Y su risa fue como un agua hirviente… es decir, sobre la crueldad, la burla; y entre mis entrañas revivió la fiera, / y me sentí lobo malo de repente; / mas siempre mejor que esa mala gente… Déjame en el monte, déjame en el risco, –prosigue el Lobo– / déjame existir en mi libertad; / vuelve a tu convento, hermano Francisco, / sigue tu camino y tu santidad. ¿Y qué le contestó San Francisco? Nada. El Lobo lo había derrotado”.
Los motivos, es decir, los argumentos del Lobo habían sido más contundentes que los del santo de Asís, porque respondían a la realidad cruda en vez de a una elaboración mental del religioso.
Esta interpretación de dos concepciones del mundo antagónicas y de las dificultades para la hermandad entre los hombres en la sociedad dividida en clases tiene tal vigencia, que debe hacernos rechazar los hipócritas discursos sobre libertad, paz, derechos humanos y democracia de quienes al mismo tiempo invaden, saquean y masacran a pueblos enteros para saciar la codicia del capital. Rechazar este discurso, sí, pero sin renunciar a la posibilidad de construir relaciones conscientes de igualdad con nuestros hermanos de clase.
Nacida en marzo de 1946 en la Ciudad de Guatemala, Delia Quiñónez Castillo fue la más joven de los siete poetas que, en 1968, fundaron el grupo literario Nuevo Signo.
Fiel a la postura estética del grupo Nuevo Signo, la efectividad en los versos de José Luis Villatoro viene de una sinceridad y una elegancia verbal que nace del adjetivo preciso, colocado en el sitio correcto.
El poema evoca a Rumiñahui retando al invasor, recordándole la superioridad numérica y la fortaleza de su tribu y cómo, tras su muerte, su espíritu sigue ahí.
Toda su obra es un profundo, vigoroso y sostenido grito de combate colectivo.
El espíritu revolucionario se nutre de grandes gestos; y este acto de escribir.
En Er boga chaclatan (El boga charlatán), uno de los 16 poemas incluidos en Cantos populares de mi tierra (1877), el personaje afrodescendiente presume sus conquistas amorosas y relata sus aventuras, riñas y tretas para escapar.
Hijo natural de un hacendado y una lavandera negra, la infancia del poeta, dramaturgo y traductor colombiano Candelario Obeso (1849-1884) transcurrió en medio de la precariedad en su natal Mompox, dos años antes de la abolición de la esclavitud en su país (1851).
Al contemplar las sorprendentes construcciones antiguas y modernas, a menudo se olvida el esfuerzo realizado por sus creadores.
Nacido el 18 de marzo de 1809, fruto de la unión libre de una bailarina española y un barbero afrocubano, Plácido fue entregado a la “Casa Cuna del Patriarca San José”.
Considerada la obra de su madurez como poeta, y fundamental para entender su obra, Centro del Mundo es un extenso poema dividido en 17 cantos.
Así canta a su patria cubana, por la que luchó toda la vida, la escritora, crítica literaria y poetisa revolucionaria Mirta Aguirre Carreras.
Poetas acráticos es el nombre que Julio Molina Núñez y Juan Agustín Araya (Óscar Segura Castro) dan, en Selva lírica.
La muerte, que en figura femenina se presenta puntualmente a ajustarnos las cuentas.
Es la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou referente obligado para entender la participación femenina en el modernismo.
“Este poeta abanderado puede enseñar poesía pura a un regimiento de oscuristas, pero prefirió la transparencia y con ella algo más: la poesía (…)"
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.