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Filosofía
Antígona, o transgredir la ley
La tragedia de Antígona es una de las que más reflexiones contemporáneas ha producido.


La tragedia de Antígona es una de las que más reflexiones contemporáneas ha producido. En el periodo clásico de la tragedia se produjeron dos versiones de Antígona, una por Sófocles y otra por Eurípides; sin embargo, de la última sólo conocemos fragmentos, por lo que la versión de Sófocles es la más reconocida y citada. La historia narra el conflicto de Antígona y Creonte con respecto a qué hacer con el cuerpo de Polinices, hermano de la primera y sobrino del segundo. Antígona, Polinices, Ismene y Eteocles, son descendientes de Edipo y Yocasta, por lo que los varones del cuarteto tienen derecho a gobernar Tebas. Entre ellos acuerdan rotar anualmente la posesión del trono, pero Eteocles incumple el acuerdo, por lo que Polinices ataca la ciudad. Eteocles muere en el conflicto, y Creonte se nombra sucesor; también en combate, muere Polinices. Con el cadáver del sobrino Creonte decide poner un ejemplo: quien ataca la ciudad, sin importar su genealogía, no merece el respeto que se debe a los muertos. Antígona resuelve ir en contra de la ley de Creonte y entierra a Polinices bajo el principio de que las leyes humanas (el decreto de Creonte) son insuficientes para faltar a las leyes primigenias o divinas (el cuidado de los muertos, o el respeto a los lazos consanguíneos) que fundan y sostienen el desarrollo social posterior. Creonte se entera de la desobediencia de Antígona y la manda a encerrar; en su celda, Antígona decide suicidarse.

¿Qué tenía en mente Sófocles cuando escribió la tragedia? Hay quien dice que su intención era hacer de Antígona una heroína de las leyes conservadoras, defensora de las tradiciones en contra de las transformaciones. Aunque ése fuera el caso, la recepción posterior de la obra tiende a recuperar a Antígona en su lado más contestatario. Una mujer que, sin contar con un estatus legal que la reconociera como participante activa de la legislación, se lanza en contra de lo que considera injusto y actúa concorde con lo que su reflexión le indica correcto. Hegel, por ejemplo, ve en la figura de Antígona la manifestación del punto de vista individual que predominará buena parte del desarrollo intelectual ilustrado: yo puedo reflexionar mi entorno y puedo actuar como considere pertinente. Por supuesto, Hegel no considera que éste sea el culmen del desarrollo individual ni social, pero sí un momento fundamental para que el punto de vista individual no se pierda en la construcción del tejido social.

Otro de los elementos que Hegel recupera de Antígona es el enfrentamiento de lo establecido con lo diferente. Creonte, en su posición de soberano, tiene a su favor la instauración de la ley y los medios para que ésta se obedezca; anteponiendo a la ley su perspectiva de lo justo, Antígona representa la perspectiva diferente que ofrece consideraciones nuevas a un mismo problema cuya incorporación al corpus legal o cotidiano puede representar un avance para el conjunto. Aunque Antígona tiene claramente una perspectiva de lo correcto que puede parecer sólo individual (pues actúa sola, no permite que su hermana comparta su crimen y es su persona la que recibe el castigo), a lo largo de la tragedia se nota que Antígona no está sola en su afán por respetar el cuerpo de Polinices, sino que es una necesidad que comparte con otras personas en Tebas. Creonte se ve forzado a rendir el debido respeto a los cuerpos de Polinices y Antígona, pero también a su propio hijo, Hemón, que en un acto de amor (pero también de respaldo a la posición de Antígona) decide caminar con Antígona hacia el Hades.

Así como Hegel, otras mentes (Bertold Brecht, Judith Butler, Jacques Lacan, María Zambrano) han encontrado en Antígona una fuente para reflexionar distintos contrastes que emergen en la cotidianeidad. El constante retorno a las primeras obras de la humanidad que nuestro tiempo realiza, para criticarlas, recuperarlas, o tan solo para ver con otros ojos lo que damos por sentado, sigue siendo una labor muy fructífera. Incluso como fuente de inspiración para enfrentar lo establecido y abrir paso a la fuerza de lo nuevo. 


Escrito por Jenny Acosta

Maestra en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.


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