Cargando, por favor espere...

Filosofía
Hijos de nuestro tiempo
La razón de la historia, es decir, aquello que explica el movimiento social y los cambios históricos en las distintas etapas históricas, no son las figuras de los grandes hombres.


“Si tú, que posees las cosas que la gente debe tener, pudieras entenderlo, te podrías proteger. Si fueras capaz de separar causas de resultados, si pudieras entender que Paine, Marx, Jefferson, Lenin, fueron resultados, no causas, podrías sobrevivir. Pero no lo puedes saber. Porque el ser propietario te deja congelado para siempre en el “yo” y te separa para siempre del “nosotros”. La cita anterior proviene del libro Las uvas de la ira del escritor norteamericano John Steinbeck. El libro retrata el desplazamiento de la fuerza de trabajo al servicio de la lógica del capital, representada en la historia de una familia con trágico desenlace. Pero lo que interesa a este artículo es la idea de fondo que refleja Steinbeck en las líneas ya citadas.

La razón de la historia, es decir, aquello que explica el movimiento social y los cambios históricos en las distintas etapas históricas, no son las figuras de los grandes hombres. Éstos, en todo caso, encarnan una época, en ellos toma forma la lógica de una sociedad, pero no es por su solo capricho que se elige el rumbo de un pueblo.

Es verdad que las ideas influyen, y mucho, en aquellos que trabajan por un cambio social, y que éstas dan luz a la transformación que se quiere lograr, pero las ideas que verdaderamente sean transformadoras deben serlo en la medida en que logran desenmascarar la verdadera razón de ser de aquello que se quiere transformar, es decir, deben ser ideas que reflejen su tiempo con claridad.

Marx y Lenin inspiraron a generaciones de revolucionarios con sus ideas, pero lo hicieron en la medida en que éstas reflejaban el movimiento de la realidad de su tiempo y en la medida en que el movimiento de nuestra propia realidad sigue la misma lógica que nos ha ayudado a comprender dichos pensadores. El movimiento social no es “causado” por ellos, no es “provocado” artificialmente o instigado desde cuarteles secretos; es, antes bien, consecuencia, como sus actores, de lógicas que tienen su explicación más profunda en la forma en que se organiza una sociedad, con sus contradicciones lógicas como motor de dicha historia. En este sentido, la relevancia de gente como Marx y Lenin radica en la explicación y salida que dieron a las contradicciones de su tiempo que iniciaron antes de su militancia. Podemos decir que lo que los motivó, en abstracto, fue el tiempo que les tocó vivir.

Por lo anterior, puede considerarse que quien tiene la culpa de la agitación social no son los tribunos, sino las condiciones de cada época social. Los causantes de que haya inconformidad con la economía y los gobiernos no son los revolucionarios, sino la lógica económica que crea desigualdad, pobreza, injusticia, inseguridad, etc.

Todos los seres humanos somos hijos de nuestro tiempo y estamos determinados por él. Siempre ha habido gente (en algunas épocas de manera más evidente que en otras) que se ha querido comportar como dueña del mundo, hoy mismo hay quienes se piensan dueños absolutos del planeta, invadiendo territorios e imponiendo condiciones unilaterales de completa sumisión a sus propios intereses. La explicación de esto no tiene que ver con la locura de quienes están al mando (por muy tentadora que sea esta conclusión), sino en las necesidades que el capital demanda para no perder su poder.

Queda por decir que, así como el pasado ha creado a sus actores, las condiciones del presente deberán crear a los suyos. Los agentes del capital harán su trabajo, pero ahí en donde la lógica del capital los impulse a tomar territorios, a crear condiciones de desigualdad y pobreza, las reacciones de los pueblos estarán determinada por la reacción hacia esa misma lógica. Sólo la falta de educación y de conciencia de clase frenará la transformación social que las condiciones exigen. 

 


Escrito por Alan Luna

Maestro en Filosofía por la UAM.


Notas relacionadas

Las luchas sociales en sí mismas no son revolucionarias.

Su primera novela fue Lanark, una vida en cuatro libros. En

El texto de Paul Lafargue El derecho a la pereza no puede ser entendido propiamente como una utopía, al menos no en el sentido clásico del término.

Cada cual construye sus memorias y elige si éstas serán un fardo o un acicate para la construcción del futuro

La naturaleza es uno de esos conceptos que pueden dar lugar a diferentes interpretaciones según el punto de vista desde el que se estudie.

En su diálogo Fedro, Platón nos invita a preguntarnos qué significa realmente la buena escritura y cómo un discurso puede llevarnos a descubrir la verdad.

La crítica de Morena y las medidas que adopta para combatir el capitalismo son superficiales.

Uno de los principios básicos de las sociedades capitalistas es el individuo.

La productividad se erige como una virtud moral fundamental para el capitalismo, pero no porque se conciba como un valor moral, sino porque sirve a sus intereses específicos.

Durante los últimos años, las sociedades han prestado mucha atención a la naturaleza. Esta revaloración, en parte, se explica por los cambios drásticos que los ecosistemas sufren debido a la transformación humana en ellos.

El recurso fue promovido por el abogado Francisco Javier Rodríguez Smith Macdonald y registrado bajo el expediente 2098/2025 en el portal del CJF.

Es necesario aprender críticamente de lo que leemos.

La auténtica tradición política en favor de los sectores oprimidos y explotados no es relativista.

El 18 de agosto del año 2000, un grupo de mercenarios encabezados por Guadalupe Buendía, alias La Loba, atacó brutalmente a los antorchistas frente a la presidencia de Chimalhuacán.