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Columnas
En Gaza practican lo que harán en nuestra casa
Palestina y México no comparten una frontera, pero sí son blanco de las mismas armas del vecino más poderoso, que vigila sus fronteras todo el tiempo


A muchos les parece un exceso levantar la voz por un país que está a más de 12 mil kilómetros de distancia del nuestro y que parece que en las últimas semanas se ha borrado completamente del radar mediático. Muchas voces reclaman: “¡Mejor alcen la voz por Sinaloa!”... o por cualquier entidad del país donde impera la violencia, aun sin empatar el hecho de que la violencia mexicana es hermana sanguínea y sangrienta de todas las guerras del mundo.

Hoy nos conviene levantar la voz otra vez y remarcar que no es exagerado denunciar las injusticias que los poderosos cometen contra los desposeídos de nuestro país o de cualquier rincón del planeta. Y quiero recordar la consigna: “En Gaza practican lo que harán en nuestra casa” como un latente recordatorio de que nunca hemos estado lejos de la bota norteamericana.

Según informes de Estados Unidos, compañías israelíes como Elbit Systems, Paragon Solutions y Cellebrite proveen a las agencias migratorias –Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)– infraestructura avanzada que va desde torres de vigilancia y “muros inteligentes” hasta herramientas de espionaje digital capaces de intervenir teléfonos, incluso cuando sus aplicaciones están cifradas.

Es decir, Palestina y México no comparten una frontera, pero sí son blanco de las mismas armas del vecino más poderoso, que vigila sus fronteras todo el tiempo. Israel lleva varias décadas persiguiendo y expulsando a los palestinos que considera invasores o “plagas”, una posición muy parecida con la que algunos estadounidenses legitiman la violenta deportación de migrantes por parte de sus elementos armados.

El periodista Anthony Loewenstein asegura en su libro El laboratorio palestino que la frontera México-Estados Unidos es un ejemplo de cómo las tecnologías desarrolladas por Israel se exportan para reforzar sistemas de control migratorio en distintas partes del mundo, asegura que estas herramientas no sólo llenan las bolsas de los desarrolladores de armas, sino que perpetúan un modelo de “guerra eterna” contra poblaciones vulnerables, tratándolas como amenazas constantes.

La tecnología no es la única arista en la que se conducen los ataques contra las poblaciones vulnerables. No hay que olvidar que todos los ataques físicos tienen como preludio una guerra mediática en la que el primer objetivo es matar la imagen para legitimar la idea de matar en los hechos al individuo o al grupo al que se quiere acabar; es decir, convencer a la mayoría de que es necesario desenfundar y acabar violentamente con el mal.

Algo así hicieron en Palestina: por todos los medios a su alcance propagaron la idea de que los palestinos son un pueblo bárbaro, extremista e irracional, que el único pueblo digno y la única democracia que existe en Medio Oriente son los de Israel.

Hoy, los mexicanos y todos los latinoamericanos estamos a merced de una inestabilidad regional; llevaban años llamando “dictador” a Nicolás Maduro, y en fechas recientes le agregaron el membrete de “narcotraficante”, convirtiendo a su vez todo el engranaje del narco en una amenaza contra EE. UU.

Mal haríamos los mexicanos en 1) condenar la solidaridad con Palestina y 2) sumarnos a la irracional demanda de legitimar la intervención en Venezuela.

Los mexicanos debemos vacunarnos contra la manipulación que nos vende como algo legítimo que estemos asediados con armas de Israel apuntando a nuestra frontera y que aceptemos abnegadamente que la mejor opción es dejar entrar a los estadounidenses a nuestro país, ya sea directamente o con un gobierno a su servicio.

El propio pueblo mexicano es quien debe resolver los graves problemas de pobreza y violencia que existen en nuestro país, que son imposibles de ocultar; la solución está en el pueblo, encabezado por los mejores hombres del país, cohesionados con el firme ideal de defender hasta el último centímetro de nuestra patria. Si a nuestras fronteras traen armas sionistas, que en nuestras entrañas impere la gallardía palestina. 


Escrito por Manuel Pérez

Licenciado en Comunicación por la UNAM.


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