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Historia
¿Pasados posibles?
Las historiadoras e historiadores también solemos pensar en pasados posibles de vez en cuando, no por ocio, sino para comprender los alcances de los individuos y las sociedades.


¿Y si Trump no hubiera ganado las elecciones de 2024 en Estados Unidos? ¿El mundo estaría como está ahora? ¿El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, habría sido secuestrado y encarcelado por el gobierno norteamericano? ¿El conflicto que hoy se vive en Irán estaría sucediendo? ¿Cuba estaría enfrentando otra vez un bloqueo intensivo? ¿El gobierno de México –que históricamente ha apoyado al gobierno cubano– tendría prohibido mandar petróleo a La Isla? Todas esas preguntas indican que, probablemente, sin Trump esos hechos no habrían sucedido tal como sucedieron; sin embargo, nada de eso podemos saber tan solo porque ya pasó.

Ahora bien, no se piense que porque eso ya pasó resulta inoportuno pensar y analizar lo sucedido en términos contrafactuales. ¿Cuántos de nosotros no hemos deseado cambiar nuestro pasado? ¿Cuánto tiempo dedicamos a pensar en que si hubiera hecho esto o aquello quizá habría mejorado o empeorado tal o cual situación? Las historiadoras e historiadores también solemos pensar en pasados posibles de vez en cuando, no por ocio, sino para comprender los alcances de los individuos y las sociedades.

¿Los tiempos caóticos y beligerantes que se ciernen sobre el mundo son completamente culpa de un individuo atrabiliario, como Trump? ¿Si lo borráramos de la historia, el mundo estaría de maravilla? ¿Viviríamos en un mundo ideal sin su existencia? Resulta complicado dar una respuesta definitiva a esta serie de preguntas, pero definitivamente sin su existencia el mundo no estaría en absoluto mejor. Quizá menos mal, pero mal, al fin y al cabo, porque es claro que su personalidad ha definido ciertas acciones. No obstante, los momentos actuales son producto de una larga historia; no por ello tales eventos eran indefectiblemente inevitables y necesarios. O ¿era absolutamente inevitable y necesario que Trump estuviera en la presidencia de Estados Unidos para poner al mundo al borde de una tercera guerra mundial?

Así como la Historia suele plantearse ese tipo de preguntas, la literatura y el cine también. Ucronía es el término con que se ha definido a tal género literario; su objetivo es imaginar pasados posibles. Quizá el mejor ejemplo de este género en los últimos años sea La conjura contra América, del multipremiado escritor Philip Roth. En esta novela, el escritor imagina el Estados Unidos de los años cuarenta presidido por un fanático aislacionista amigo de Hitler. La potencia de aquel pasado imaginario es que bien podría ser el actual.

Estos ensayos de la mente humana a veces resultan oportunos ante la aplastante historia tradicional porque nos muestran que lo ocurrido pudo haber sido distinto, en detrimento o en beneficio de la humanidad. Ni yo ni nadie sabe qué habría pasado si nada de esto hubiera sucedido, pero, por fortuna, lo que sí sabemos –porque la historia lo ha demostrado en innumerables ocasiones– es que la sociedad tiene indudablemente mayor agencia en el devenir de sus tiempos que las individualidades. ¿Quién derrotó al gobierno absolutista de Thiers? Los comuneros de París. ¿Quién derrotó a Hitler? El Ejército Soviético. ¿Y quiénes han enfrentado con ejemplaridad el intervencionismo en Cuba? El pueblo cubano. En ese sentido, quienes tienen la posibilidad de frenar gobiernos absolutistas, totalitarios, autoritarios e intervencionistas somos todos actuando colectiva y organizadamente.

En fin, no perdemos nada con salirnos del molde de vez en cuando y dejar de pensar que la historia, tal como sucedió, era inevitable. Si pensamos que la historia pudo ser distinta, también veremos que el presente y el futuro pueden serlo. 


Escrito por Victoria Herrera

Maestra en Historia por la UNAM y la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.


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