Filosofía
Un mundo cambiante a través del arte japonés
Ukiyo-e significa “imágenes del mundo flotante” y su objetivo es mostrar lo efímero, lo fugaz, lo transitorio.
Ukiyo-e fue una forma de expresión artística japonesa en la que se empleaban grabados en madera para producir estampas que representaban diversos aspectos de la vida japonesa. Son pinturas, muchas de ellas, de la vida cotidiana, que representan a hombres y mujeres comunes realizando sus actividades diarias; otras, también muy numerosas, nos muestran paisajes naturales. Muestras de estas famosas estampas son las realizadas por K. Hokusai; su obra La gran ola de Kanagawa, o simplemente La gran ola, es mundialmente conocida y forma parte de una serie en la que se retrata el Monte Fuji desde distintas perspectivas.
Una de las características de estos grabados es que eran de fácil acceso, la plancha de madera que servía para imprimir la obra se reutilizaba y salían muchas impresiones de la misma. Mediante esta forma masiva de producción, este arte tuvo un gran impacto en el pueblo y era consumido por quienes no tenían recursos para adquirir una pintura original.
Este arte japonés no era solamente el desarrollo de una estética particular, sino también una muestra de una idea filosófica sugerida en su propio nombre. Ukiyo-e significa “imágenes del mundo flotante” y su objetivo es mostrar lo efímero, lo fugaz, lo transitorio. Esta idea nos sugiere la reflexión de que lo importante es encontrar la belleza y la felicidad de ese mundo efímero. Las cosas cambian y ese cambio puede sumirnos en un sentimiento de pérdida. El Ukiyo-e trata de acercarnos a comprender el valor de lo pasajero en lugar de lamentarnos por la inminente desaparición de todo.
El mundo, siempre cambiante, nos ofrece experiencias en las que sólo conocemos por medio de referencias lo que en otros tiempos fue importante. Paradójicamente, el mundo que los artistas japoneses retrataron en su época ya no existe, y aquello que parece inamovible –la naturaleza en todo su esplendor– está cada vez más sometido a la lógica destructiva del capital.
Con el paso del tiempo se fue dejando de lado esta forma de expresión artística, pero sirvió de inspiración a muchos artistas que también marcaron época. Monet, Van Gogh, Klimt y otros tantos pintores encontraron en los grabados japoneses un arte digno de admiración.
Pero incluso este mundo, donde florecieron los impresionistas y sus sucesores, ha cambiado. Y si bien es cierto que los grabados japoneses nos ayudan a valorar lo transitorio, también lo es que nos obligan necesariamente a ponerlo en perspectiva. No se trata de romantizar lo pasajero, sino de encontrarle un sentido a las cosas que nos identifican como seres humanos.
En un mundo como el nuestro, resulta más difícil valorar este tipo de arte. Es un mundo igual de cambiante, pero la razón del cambio tiene que ver con una lógica destructiva que no nos permite apreciarlo. Los cambios en la naturaleza y los ciclos de vida y muerte siguen ocurriendo, pero están afectados por la mano del capital, que todo lo mancha. Nuestro volcán Iztaccíhuatl siempre tuvo más o menos nieve, pero solamente la enorme contaminación que afecta al Valle de México pudo quitarle por completo su manto y dejar a la mujer dormida completamente desnuda, convirtiéndola en la imagen habitual.
Mirar hacia atrás también nos hace comprender que la historia no cambia por sí sola. Es la acción humana la que crea la historia. El mundo japonés, o el de los artistas europeos, no cambió sino por la acción de los pueblos que determinaron el rumbo histórico de sus respectivas naciones. Apreciar lo transitorio también implica valorar y decidir qué queremos hacer con nuestra vida efímera. De qué manera queremos vivir o qué sociedad queremos construir para nosotros y para quienes vengan después.
Escrito por Alan Luna
Maestro en Filosofía por la UAM.