Sería revolucionario tener un libro en el que podamos visualizar el genoma de la matemática, el ADN que caracterice la esencia de la matemática, desde Euclides hasta nuestros días.
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En los cinco mil años de historia de la matemática, jamás se ha destacado que ésta fuera para educar a las personas; sin embargo, desde la masificación de la educación en el Siglo XX, el nuevo reto académico consistió en aprovechar el conocimiento matemático para educar al individuo, nace el “psicologismo pedagógico”, diversas corrientes de educación matemática “precientífica”; y actualmente, la Didáctica de la Matemática, más profesional, pero aún no vemos resultados concretos de mejoras en los aprendizajes de la matemática. Las razones de esta crisis mundial son multifactoriales, una de ellas radica en la forma en que enseñamos la matemática en el salón de clases.
Las actuales escuelas formadoras de profesores de matemática se centran más en estudiar cursos de Didáctica de la Matemática y que, de acuerdo a la escuela del profesor (francesa o mexicana), inciden en esa influencia de acuerdo a un marco teórico específico y con la reflexión pedagógica. La “enseñanza en sí” en los recintos de enseñanza se reduce a las “prácticas pedagógicas”, a dónde envían al alumno a hacer directamente la clase o práctica, con muy poca o nula preparación previa. Es por ello que, en general, la exposición de un estudiante de pedagogía en matemática es similar a la de un alumno de ingeniería: a lo sumo se imitan las clases universitarias que tienen otro propósito. Es común observar faltas de caligrafía y ortografía, desorden para escribir en la pizarra, sin instrumentos didácticos (regla, compás, escuadra, etc.), bajo nivel de oratoria, escaso liderazgo en el salón y hasta poco fundamento de la matemática que pretende enseñar.
Un elemento importante para entender una clase de matemática proviene del talento que debe tener el profesor para explicar conceptos debidamente motivados; y, paradójicamente, se observa que doctores en didáctica matemática no tienen ese talento y sus clases resultan mecánicas, con recursos tecnológicos excesivos o poca claridad en los conceptos matemáticos a enseñar. Este escenario tiene una explicación: enseñar matemática es un arte y, como arte, no es suficiente con que “me guste enseñar”, sino tener las capacidades para hacerlo. A muchos les puede gustar el futbol, pero si no poseen talento, ni siquiera tocarán la pelota; lo mismo sucede en la enseñanza: hay profesores que, sin tener formación pedagógica, poseen una capacidad innata para comunicar, lo hacen con pasión, y toda su clase se entiende; los alumnos quedan muy motivados para profundizar en la matemática. Mientras que otros, por personalidad propia, enseñan muy mal, aunque posean muchos conocimientos didácticos o pedagógicos.
Lo ideal sería que alguien con buena formación matemática y capacidad comunicativa, con pasión por enseñar, tenga formación pedagógica; porque así podrá comprender los factores del bajo rendimiento y saber remediarlos. Estas competencias deberían formarse en las escuelas de pedagogía, donde cada curso de matemática debería tener tres componentes: histórico-filosófica, disciplinaria y detección de rupturas cognitivas para el aprendizaje. La constante reflexión con información científica sería lo óptimo. Además de cursos de oratoria y liderazgo educativo, todo lo demás viene con el talento del futuro profesor.
En estos años se añora a antiguos y buenos profesores de matemática, con buena formación, capacidad didáctica para explicar, orden, precisión, caligrafía y ortografía impecable, y que enseñaban sin recursos tecnológicos (porque no existían); para ellos era suficiente una tiza de colores, pizarra, regla y un compás. Sin embargo, debemos entender que ese mundo ya no existe y estamos presenciando el nacimiento de otro mundo pedagógico, más tecnológico, más facilitador en todos los aspectos, donde no se aprende, pero igual se termina la enseñanza media.
Es importante mencionar que seguimos siendo humanos, lo mismo que en la antigua Babilonia, y que necesitamos el contacto humano para aprender, con lápiz y papel, un buen maestro que conjeture, motive y haga matemática frente a sus alumnos; la matemática pedagógica busca que el profesor observe al estudiante equivocarse, seguir caminos, conectar ideas y forme su cerebro.
En fin, es un problema complejo, porque se trata de formar seres humanos pensantes, los profesores hacemos nuestra parte; aquí todos educamos y todos estamos fallando en alguna medida. Felizmente, siempre existirán jóvenes a quienes apasione la matemática, aun con las deficiencias que acabamos de mencionar.
Sería revolucionario tener un libro en el que podamos visualizar el genoma de la matemática, el ADN que caracterice la esencia de la matemática, desde Euclides hasta nuestros días.
Hemos denominado “protomatemática” a las nociones matemáticas anteriores a los griegos.
El propósito de esta celebración es difundir las contribuciones, logros e impacto de las mujeres en la Ciencia Matemática.
Comprender a Grigori Perelmán, desde lo mundano y banal, no es posible; pero para un intelectual de verdad, no es tan difícil.
Ukiyo-e significa “imágenes del mundo flotante” y su objetivo es mostrar lo efímero, lo fugaz, lo transitorio.
Qué es la realidad? Es una pregunta profunda y muy filosófica.
El primer idealismo en matemática pertenece a Platón, quien dotó del carácter ideal a los objetos y verdades matemáticas en un mundo externo al ser humano sólo asequible a él por el intelecto
En los últimos tiempos, las clases de matemáticas se desarrollan con base en cálculos prácticos y/o herramientas tecnológicas que pretenden impartir esta disciplina de manera lúdica y amigable
Comúnmente, las personas que afirman ser buenas para la matemática se refieren a que saben descifrar cálculos, o sea, la parte operacional del contenido matemático.
En la actualidad, la mayoría de matemáticos se declara ateo, puesto que racionalmente no conciben la existencia de un ser supremo todopoderoso, a excepción de los países colonizados por España.
La pregunta suena sencilla, pero no lo es tanto.
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La reciente captura de El Mencho volvió a activar el ritual que ya conocemos: euforia oficial, trends en redes sociales y la promesa de que ahora sí se está combatiendo frontalmente al narcotráfico.
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Escrito por Dr. Esptiben Rojas Bernilla
Colaborador