Matemáticas
Desentrañando a Grigori Perelmán
Comprender a Grigori Perelmán, desde lo mundano y banal, no es posible; pero para un intelectual de verdad, no es tan difícil.
Un matemático que sea capaz de resolver uno de los Problemas del Milenio, no sólo pasará a la historia, sino que recibirá un millón de dólares otorgado por el Clay Mathematics Institute (CMI) de Cambridge (Massachusetts). Al margen del premio monetario, la fama y la posición de privilegio académico será evidente.
Sin embargo, existe un matemático que, al resolver uno de los Problemas del Milenio, rechazó todo: fama, prestigio, puestos académicos en las mejores universidades del mundo y, como si fuera poco, también rechazó el millón de dólares. Además, se le otorgó la Medalla Field, pero también la rechazó, junto con el incentivo económico asociado. Actualmente vive junto a su madre en un pequeño departamento en Rusia. Este enigmático matemático es el ruso Grigori Grisha Yákovlevich Perelmán.
Lo que Perelmán no ha podido rechazar, porque no depende de él, fue “pasar a la historia de la matemática”, no sólo por haber resuelto algo más profundo: la Conjetura de Thurston que, a grandes rasgos, contiene la clasificación de variedades (es una generalización de una superficie) tridimensionales; y de paso, probó que el único objeto tridimensional que no posee hoyos es la esfera, afirmación que es conocida como la Conjetura de Poincaré, considerado como uno de los Problemas del Milenio.
El ser humano tiende, naturalmente, a ubicarse en una situación de privilegio ante los demás; eso le ayuda a asegurar su sobrevivencia; según la neurociencia, nuestro cerebro está preparado para hacernos sobrevivir. Por estas razones, hasta el comportamiento más altruista tiene esta connotación. Por supuesto que existen distintos niveles y formas para sobrevivir, una de ellas consiste en destacar dentro de sus pares; prestigio y fama son debilidades humanas que nos llevan a situarnos en una posición privilegiada; como pasa, por ejemplo, en la académica.
Los más capaces, los más destacados matemáticos, se reúnen en sociedades exclusivas, no sólo para desarrollar la Matemática, sino también para homenajear, premiar y destacar a quienes han logrado contribuciones universales como, por ejemplo, premiar a quien resuelva un Problema del Milenio.
¿Por qué a un ser humano, en contra de su biología, no le interesaría situarse en una posición de privilegio? A Grisha no le interesan la fama, los premios, los reconocimientos, etc.; aún más, huye de todo ello, se aísla de la comunidad matemática para vivir una vida tranquila y en paz.
Ponerse en una situación de privilegio también significa someterse a los estándares exigidos por el grupo o élite, en este caso las prácticas académicas que no han cambiado por siglos. Dentro de estas reglas rígidas y formales existen códigos para reconocer el trabajo matemático serio, comúnmente llamado de “alto nivel”. Todo ello se gesta en un ambiente altamente competitivo: destacar, ganarle a tus pares, hacer alguna contribución que los demás no sean capaces de realizar; recién ahí estarás por encima de todos, incluso de los miembros del grupo de élite, que te reconocen y te colocan en una posición privilegiada; así se estimula el desarrollo científico; es decir, pierdes libertad.
Ser competente dentro de los estándares del grupo representa un desafío de vida personal y familiar, y existen costos qué pagar. Por supuesto que existen niveles de reconocimiento; los más altos, los más universales, jamás serán obtenidos por la mayoría de matemáticos profesionales. Una forma de recibir el reconocimiento universal está en resolver un Problema del Milenio para pasar a la historia de la matemática.
Grigori Perelmán evidencia, con su comportamiento atípico, que privilegia su libertad, su tranquilidad, sobre la fama y los premios que traerían perturbaciones a su vida. No necesita ponerse en una situación de privilegio, como los demás seres humanos, porque su sobrevivencia está asegurada solamente por su capacidad intelectual.
Por qué rechazar el dinero si éste ayudaría a mejorar sus condiciones de vida. Eso depende de la filosofía de la persona; un intelectual no necesita mucho para vivir, basta con tener dónde vivir (que lo tiene), cómo alimentarse (cuenta con ello), cómo vestirse (eso no le puede interesar mucho) y salud. Comprender a Grigori Perelmán, desde lo mundano y banal, no es posible; pero para un intelectual de verdad, no es tan difícil.
Escrito por Dr. Esptiben Rojas Bernilla
Colaborador