Filosofía
Contradicción individual y capital
Son pocas las cosas que nos quedan de Heráclito, filósofo de la antigua Grecia, considerado uno de los grandes pensadores presocráticos.
Son pocas las cosas que nos quedan de Heráclito, filósofo de la antigua Grecia, considerado uno de los grandes pensadores presocráticos. Un puñado de fragmentos que condensan lo que sería una doctrina completa para entender el mundo en su perpetuo devenir. Se ha rescatado su pensamiento, en parte, a través del testimonio de varios escritores que plasmaron en sus obras algunas de sus ideas, ya sea para apoyarse en ellas o para criticarlas. La perspectiva heraclítea de estudiar la realidad ha sido un paradigma para distintos pensadores que, con sus escritos, han contribuido al desarrollo de la enorme tradición filosófica.
Para Heráclito, las cosas deberían estudiarse como realmente se presentaban: en su constante movimiento y transformación. Pero más profunda todavía es la forma en que explica el movimiento eterno. Las cosas se mueven porque todas encierran contradicciones que provocan su propio automovimiento. Para entender esta idea, es necesario introducir otra de igual importancia: para Heráclito, todas las cosas sólo tienen sentido, tienen razón de ser, en relación con sus opuestos. Tomemos el siguiente ejemplo de uno de los fragmentos rescatados: “La enfermedad suele hacer suave y buena la salud, el hambre la saciedad, la fatiga el reposo”. En este fragmento se ejemplifica una de las bases del pensamiento de Heráclito: todas las cosas vienen al mundo con su contrario. Sentimos que estamos sanos en oposición a la enfermedad; el reposo se disfruta cuando estamos fatigados; la saciedad se logra cuando logramos que su contrario desaparezca, el hambre.
Pero este constante ir y venir entre una cosa y su contrario precisa que, para que exista el movimiento, existan las dos partes,si bien mientras haya saciedad, el hambre no está presente, siempre está ahí como un otro que hace posible la existencia de la saciedad. Las contradicciones se resuelven momentáneamente y nunca desaparecen. Ahí donde las contradicciones parecen resolverse, aparecen otras, superiores, que dan cuenta de un nuevo estado de cosas.
El mismo movimiento dialéctico aplicado al individuo nos hace reflexionar lo siguiente: el individuo se supone un ser independiente, que no necesita del exterior para vivir, autosuficiente. Pero al estudiar más de cerca este fenómeno, nos damos cuenta de que el individuo no puede vivir sin el entorno cultural que lo determina y que sólo existe a través de su contacto con el exterior y con los demás. Esto fue ampliamente desarrollado por la filosofía de Hegel y resulta relevante para reflexionar sobre nuestro mundo actual.
Cuando entendemos que nuestra propia individualidad sólo puede ser tal por medio del otro (el otro es tanto el medio en el que nos desenvolvemos como los distintos individuos que, para mí, en un primer momento, se me presentan como otros diferentes de mí mismo), negar la existencia del otro es negar también mi propia existencia. Dicho lo mismo desde otro ángulo, querer caprichosamente que sólo yo exista es una autonegación, porque niego, a su vez, las condiciones que hacen posible mi existencia.
Por lo anterior, el sistema de producción capitalista es autodestructivo, porque para afirmarse y reproducir las condiciones de su existencia, a su vez destruye las que lo hacen posible. Pero el capital provoca también otra serie de dinámicas autodestructivas, en donde busca dominar completamente a costa de la destrucción de civilizaciones enteras. Al capital no le interesa sino su propio desarrollo; todo se mueve hacia la realización de la máxima ganancia, esta búsqueda excluye de manera absoluta a quienes no se ajusten a sus intereses, sin importar si son grupos sociales o países. Buscando su absoluta afirmación, niega todo aquello que se le presenta como lo otro. Esto plantea varios escenarios sobre los cuales es importante reflexionar. La completa aniquilación del otro puede escalar a una autonegación en los términos antes planteados. Sin embargo, las contradicciones del capital no se agotan en Medio Oriente; la contradicción interna seguirá desarrollándose y mostrando la verdadera cara y las verdaderas intenciones del capitalismo caníbal (por utilizar la expresión que ha popularizado la filósofa Nancy Fraser), hasta que terminen con su propia existencia.
La contradicción debe resolverse, pero si se resuelve de acuerdo con la lógica del capital, el futuro puede no resultar ventajoso para el pueblo. Necesitamos pensar en formas de resolver la contradicción que nos lleven a una superación, a una forma de vida mejor, no autodestructiva, en la que se garantice la vida y podamos desenvolvernos como individuos.
Escrito por Alan Luna
Maestro en Filosofía por la UAM.