El objetivo de este ensayo es explorar cómo ocurre el fenómeno educativo dentro de una sociedad capitalista, dependiente y subdesarrollada como la mexicana.
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“Hoy, el mundo vive en un capitalismo de muerte, en un capitalismo de barbarie y de destrucción”, sentenció Andrés Piqueras, uno de los intelectuales que ha estudiado los hechos sociales del mundo durante más de 30 años desde el estudio y aplicación del marxismo, una corriente de pensamiento que considera vigente, capaz de transformar esos conocimientos en praxis, intervención social y militancia en busca de una nueva sociedad para la humanidad luego del declive sistémico del capitalismo.
De visita en México, el Doctor en sociología, de formación marxista, ha profundizado en el análisis del capitalismo contemporáneo a través de los años, modelo económico que, en el último periodo, se ha convertido en política bélica, capaz de explotar cada vez más a los trabajadores, aunque sean menos, debido a la ola de despidos, pues el capital está sustituyendo a la fuerza del trabajador por máquinas.
Piqueras es autor de diversos libros, el más reciente De la decadencia de la política en el capitalismo terminal, en el que expone que el sistema capitalista se encuentra en su fase terminal, no sin antes dejar destrucción, guerras y despojos. Asimismo, recurre al marxismo como el método científico para transformar la realidad a favor de las personas, en un mundo más justo e igualitario. Actualmente, es profesor titular de la Universidad Jaume I de Castellón, en España, pero participa activamente en la formación del pensamiento crítico, especialmente entre la juventud. Por ello, participó como ponente en el Tercer Congreso Internacional Universitario, convocado por el Centro Universitario Tlacaélel (CUT).
Andrés Piqueras (AP): En primer lugar, el capitalismo requiere más de las guerras. En el pasado encontró una solución a sus crisis de sobreacumulación, es decir, una crisis sistémica, a través de la guerra, de la destrucción masiva de capital, para reiniciar un nuevo ciclo. El problema ahora es que ya no tiene nada convencional, más que armas nucleares y eso significa empezar un nuevo ciclo a partir de la destrucción con armas nucleares; es un poco difícil. Por eso no han hecho una guerra grande en estos momentos; pero sí están haciendo todas las guerras parciales, todas las que puedan para destruir al menos parte del capital y poder reconstruir en tanto el negocio bélico, con todas las firmas –empresas bélicas y grandes corporaciones–, el negocio de la paz, la reconstrucción y ocupación de territorios; por ejemplo, ya no les preocupa tanto, como el imperialismo clásico, la colonización clásica. Hoy lo que ocupan fundamentalmente es destruir, y que sus rivales no puedan construir nada: ni un mundo alternativo.
Les basta con destruir, que no haya poderes centrales capaces de unirse a un proyecto alternativo en el mundo, a toda esa estrategia de ganar-ganar que está haciendo, por ejemplo, China con un proyecto socialista. Es mucho más peligroso para ellos –los capitalistas–, entonces destruyen los poderes centrales que puedan vincularse a esos proyectos. Hoy ya estamos en la barbarie: el capitalismo nos ha llevado a la barbarie; el mundo está en esta situación; ya es de barbarie el estar viendo por televisión un genocidio en directo a todo color, eso es barbarie; nos quieren acostumbrar a la barbarie para hacernos insensibles a ella, pero ya estamos en la barbarie.
La humanidad tiene menos alternativas: o rompemos con este capitalismo, –que todavía es difícil para una gran parte de las izquierdas romper con esto– o la humanidad se enfrentará a su desaparición. Se nos repite que todavía se puede reformar, que el sistema todavía puede generar algo de desarrollo, de bienestar; pero no es así, lo estamos viendo cada vez más: no es una crisis pasajera.
AP: Hay una cosa clara: el capitalismo está en una fase degenerativa; si esta fase se ha terminado o no, todavía podemos discutirlo. Pensamos que probablemente es una fase terminal, lo cual no significa que ese término sea corto; puede durar bastante y su agonía, como hemos afirmado tantas veces, puede ser más o menos larga. Entonces este capitalismo está ocasionando sufrimiento, dolor y muerte para la humanidad. Las causas fundamentales de todo ello son muchas y coinciden: es como una tormenta perfecta; podemos empezar, por ejemplo, por lo económico: tenemos la sobreacumulación de capital, como el elemento básico del capitalismo, como la enfermedad crónica del capitalismo, que está llegando a niveles cada vez más difíciles: tenemos desde todo el proceso de tecnificación del capitalismo, la entrada a la cuarta revolución industrial, en la que estamos inmersos en estos momentos, que conjunta desde la microelectrónica y la informática, que ya teníamos, además de la tecnología, la biogenética, la nanotecnología, la Inteligencia Artificial (IA) y la robótica.
Son claves que van impidiendo, cada vez más, contrarrestar la sobreacumulación de capital; porque eso significa que los procesos productivos que se desarrollan, ya en la actualidad, requieren cada vez menos trabajo; y ahí está el grave problema que tiene el capital: es la pérdida de plusvalor y la pérdida de valor de las mercancías; ahí tiene un problema difícil de resolver, que ha intentado hacer a través del trabajo humano: si antes tenían 20 trabajadores, hoy se han quedado con ocho, pues esos ocho tendrán que trabajar como trabajaban anteriormente para intentar compensar la caída de la plusvalía que podían generar esos 20 trabajadores. Entonces producen más mercancías en menos tiempo; el valor es el tiempo de trabajo socialmente necesario que, en cada momento histórico, requiere cada sociedad para producir una u otra mercancía; y se va reduciendo también. ¿Cómo se intenta compensar eso?, con la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, con la multiplicación de la producción de mercancías.
Vamos a los otros aspectos, los más estructurales de las grandes crisis del sistema capitalista. Se están acabando los recursos básicos, los energéticos, pero también los recursos para la fertilización de las tierras, del fósforo y el nitrógeno que están hoy más que nunca en situación crítica. Cuando el capital recurre a la guerra para intentar sopesar todas estas cosas, tanto para apropiarse de los propios recursos que van quedando, como para impedir que otros lo hagan, pues los posibles relevos históricos se complican aún más.
Lo estamos viendo ahora, como está ocurriendo en el Estrecho de Ormuz, la intervención contra Irán, donde todo eso complica los suministros: las fuentes de paso, de distribución de los recursos básicos del planeta, desde los energéticos; es decir que, en esta tormenta perfecta, unos factores se van complicando con otros; si, además, consideras el conjunto de empobrecimiento social que generan todos estos procesos, resulta mayor explotación. Por eso hablamos de una probable fase terminal del capitalismo, que puede ser, repito, de larga duración; eso significa que, como todo moribundo, no puede ofrecer ya nada positivo a las sociedades, sino sufrimiento, muerte y guerra, y cada vez más la eliminación de una población que se considera desechable, ya que no les sirve ni para la producción ni para el consumo. Cuando eso no es suficiente, pues el genocidio directo… inmediatamente recurren a la eliminación a través de distintos mecanismos que pasan por las intervenciones militares, hasta el abandono sanitario.
AP: La democracia capitalista siempre fue delegativa y representativa de los poderes del capital. Quien tiene el poder del Estado, quien controla la sociedad –hablamos de quien tiene los recursos– controla los mecanismos para que puedas elegir dentro de unas funciones que permiten jugar con las reglas del sistema sin poner en peligro sus privilegios y el control, sobre todo de los medios de producción y, por lo tanto, del poder social.
Y lo afirman: ¡aquí se va a hacer lo que nosotros digamos! –el capitalismo estadounidense–; y no hay más: “usted puede elegir a quien quiera, pero los recursos son de EE. UU.; su petróleo, su agua, cualquier recurso natural que tenga, es para nosotros, y eso no se toca”, y no se puede cambiar por una política que puedan hacer; entonces no están jugando a su juego, claro, esto en algunos sitios no es tan rápido; y es un poco parcial, más lento, como en el caso de Europa, que viene de una tradición de Estado social, donde es más difícil quitar de golpe.
Las conquistas se quitan, se privatizan: todo lo que se consiguió, se privatizó. Una riqueza social que con el tiempo se transformó en un derecho; todo eso se está desmontando para volverlo a privatizar, lo que significa una reproletarización de los seres humanos, que si bien habían sido desposeídos de los medios de producción, consiguieron mediante luchas históricas que la reproducción de la fuerza de trabajo del conjunto de la sociedad estuviera a cargo del Estado, es decir, que tu salud, tu educación, las claves mínimas de la infraestructura, de vivienda… toda la sanidad pública, el aseo público de las calles, estuvieran a cargo del Estado, que los seres humanos sintieran colectivamente una seguridad, es decir, si te pasaba cualquier cosa, que el Estado no te abandonaría, el resto de la sociedad no te abandonaría, porque eso se sufragaba a través del esfuerzo laboral del conjunto de la sociedad, y el resto de la sociedad no te iba a defraudar; por eso se llamó “seguridad social”, no por otra cosa: la seguridad que te da para poder vivir así. En Europa, claro, y en otros lugares del mundo, no se consiguió; EE. UU., por supuesto, nunca tuvo que enfrentar a las clases sociales, a las burguesías europeas.
La revolución que cambió el mundo, la revolución soviética, y obligó al capitalismo a hacerse social, y las luchas de las propias clases proletarias europeas, hoy todo eso se está desmontando porque las luchas bajaron, porque no hay esa conciencia política de lucha y gran parte de las fuerzas políticas y sindicales están integradas al sistema y, por lo tanto, se conforman con paliar agresiones para que la destrucción no sea muy rápida y brutal, y que sea un poco más suave.
AP: Los medios de comunicación están a favor del sistema; hay algunas pequeñas excepciones; para difundir nuestras ideas, estamos como en un charquito en medio del desierto. Los dispositivos no están pensados para comunicar ni para fomentar el elemento crítico ni la unidad de lucha, ¿cómo combatir todo eso?; la respuesta no es fácil, pero las claves siempre estuvieron en manos de la clase trabajadora desde el principio de los tiempos más brutales; desde la primera revolución industrial, para la clase trabajadora, el campesinado, que habían vivido sin posibilidades de vida, con una vulnerabilidad, fue un hito empezar a hablar, a transmitir ideas, en círculos; que después de jornadas agotadoras, quien sabía leer, lo hacía; ante los trabajadores leían el periódico de la organización, del sindicato; así se puede hacer. Círculos, foros y mesas de diálogo de centros universitarios –como al que fui invitado–, es como se puede romper ese círculo vicioso; y sólo podemos hacerlo colectivamente.
Sin embargo, se debe tener una estrategia; esto es lo que debe aprender la población; y creo que los medios de comunicación e información tienen un gran papel para contribuir a todo ello.
El objetivo de este ensayo es explorar cómo ocurre el fenómeno educativo dentro de una sociedad capitalista, dependiente y subdesarrollada como la mexicana.
Los personeros del capital financiero recurren a la manipulación mediática y a todas las formas posibles de la violencia para garantizar su existencia y conservar el control de todos los recursos, los mercados y sus grandes privilegios.
El reparto de utilidades en México es un derecho que poco se cumple y, con los años, se aleja de su origen como incentivo a la productividad y su función declarada como instrumento que contribuya a una mejor distribución de la riqueza social.
El sociólogo Andrés Piqueras aseguró que el sistema financiero mundial funciona cada vez más sobre “dinero ficticio” y deuda impagable, mientras el dominio del dólar se mantiene gracias al respaldo militar de Estados Unidos.
El sistema que explota a México, América Latina y a todo el sur global no ha cambiado de naturaleza. Sólo ha perfeccionado sus instrumentos, aseguró el líder nacional de Antorcha.
Solamente cuando no exista el capitalismo dejará de concentrarse la riqueza y entonces ya no aumentará la pobreza.
Mayo es un mes cargado de celebraciones y tareas pendientes que invocan la necesidad de defender a la patria, a la niñez, a las madres, a los maestros y a los estudiantes, abrazando el pensamiento marxista.
En el mundo existe una crisis de sobreproducción y la acumulación del capital que ya vislumbra graves estragos en la sociedad.
Bajo el sistema de producción actual, el deporte eliminó su carácter comunitario para convertirse en una actividad instrumentalizada y privatizada.
Aunque en nuestro país y en el mundo la historia sigue y hay graves problemas, ante los acontecimientos en el Medio Oriente que pueden decidir el destino de la humanidad entera es muy difícil mirar hacia otra parte y hacer comentarios.
La economía mexicana no crece. O más exactamente, “crece” de manera insignificante y preocupante.
Capitalismo y narcotráfico: una simbiosis estructural en el corazón del imperio
La indignación ante la mercantilización de las mujeres –reflejo de una sociedad decadente– no puede ni debe ser nimia.
La salida de los problemas del país no está hacia atrás, sino adelante.
El control del dólar, la energía y la guerra económica y militar aparecen como factores decisivos.
Escrito por Trinidad González / Francisca Martínez
Trinidad González es Maestro en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García | Francisca Martínez es directora editorial de Canal 6 Tv y excorresponsal en China.