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Economía
No existe el capitalismo ‘buena onda’: el imperialismo sólo perfeccionó sus mecanismos de saqueo y dominación
El sistema que explota a México, América Latina y a todo el sur global no ha cambiado de naturaleza. Sólo ha perfeccionado sus instrumentos, aseguró el líder nacional de Antorcha.


“Hay quienes aseguran que puede existir un capitalismo no rapaz, un imperialismo bueno, una especie de New Deal mundial; lo único que hace falta es ponernos de acuerdo. Pero lo que realmente ocurre en el planeta es que la explotación del tercer mundo sigue a todo lo que da”.

Así lo afirmó Aquiles Córdova Morán, líder nacional del Movimiento Antorchista, durante su ponencia “Principales factores de decadencia del imperialismo”, presentada en el Tercer Congreso Internacional Universitario organizado por el Centro Universitario Tlacaélel (CUT).

El dirigente sostuvo que el imperialismo contemporáneo atraviesa su fase “más violenta y exterminadora”, pero aclaró que su esencia no ha cambiado: continúa basado en la extracción de plusvalía y en la explotación del trabajo humano. Lo que sí se transformó, explicó, fueron sus mecanismos de dominación: hoy el capital financiero globalizado, la externalización industrial y la financiarización de la economía funcionan como nuevas herramientas de sometimiento sobre los países pobres.

“La riqueza actual, independientemente de la forma que tome, tiene el mismo origen que Marx descubrió: nadie se hace rico si no explota trabajo ajeno”, afirmó Córdova Morán, retomando planteamientos de Karl Marx, Vladimir Lenin, Mao Zedong y diversos teóricos del dependentismo.

La tesis central de su exposición fue contundente: el imperialismo no desapareció ni se volvió más humano; evolucionó hacia formas más sofisticadas de control financiero, tecnológico y militar.

Centro y periferia: la maquinaria del subdesarrollo

Durante su ponencia ante cerca de 500 asistentes, Córdova explicó que el capitalismo mundial se estructura alrededor de un pequeño núcleo de países centrales —Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia y Japón— que concentran capital, tecnología, poder financiero y capacidad militar.

En contraste, los países periféricos —México, América Latina, África y buena parte de Asia— funcionan como proveedores de materias primas, mano de obra barata y mercados subordinados.

Esta desigualdad, sostuvo, no es resultado de una supuesta superioridad cultural o tecnológica de las potencias, sino consecuencia de siglos de colonialismo, saqueo y subordinación económica.

Como ejemplo de ello, detalló que el PIB per cápita de los países subdesarrollados respecto al G7 bajó del 6 al 5.6 por ciento entre 1979 y 2013 —período de intensa inversión extranjera y tratados de libre comercio. Mientras que los 48 países más pobres pasaron del 1.5 al 1.1 por ciento. Es decir: la brecha entre ricos y pobres no se redujo, sino que se amplió.

En ese contexto, recordó que la teoría de la dependencia —desarrollada por autores como Paul Baran, Samir Amin, André Gunder Frank y Paul Sweezy —demostró que el subdesarrollo no es un accidente histórico ni una falla interna de los países pobres, sino el resultado estructural de una transferencia permanente de riqueza de las potencias tercermundistas hacia las potencias desarrolladas.

Cada fábrica instalada en la periferia envía ganancias al centro. Cada tratado comercial reproduce relaciones desiguales de intercambio. “Aquí lo único que podemos venderles, en el mejor de los casos, son tamales. Ellos nos venden productos de alto valor agregado. Eso es el libre comercio”, ironizó el líder social en relación al tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. 

La financiarización: el saqueo sin fábricas

Córdova Morán detalló que, a partir de los años 70, la caída tendencial de la tasa de ganancia —provocada por la automatización— obligó al capital a reinventarse. La solución fue la externalización industrial al sur global y, luego, la financiarización: las ganancias producidas se acumulan en Wall Street y la City de Londres sin reinvertirse en producción. Tres efectos devastadores siguen a esto:

  • Desacoplamiento del capital industrial y el financiero: los banqueros financian lo que da mayor ganancia —principalmente la industria militar—, no lo que la sociedad necesita. Las guerras y amenazas de guerra son el mecanismo de venta de ese producto.
  • Mercantilización total: la necesidad de captar ingresos lleva a privatizar educación, salud, agua, vivienda y alimentos. Todo lo que puede generar ganancia, debe generarla.
  • Burbujas y crisis: el exceso de capital crea crisis como la de 2008-2009. La paradoja que señaló Stiglitz: casas vacías confiscadas por el banco, familias sin casa. El capital financiero produce la crisis y luego la gente corre al dólar —que fue precisamente lo que la causó— para protegerse.

Para garantizar su reproducción, afirmó Aquiles Córdova, el capital financiero necesita el monopolio en cinco sectores: tecnológico, mercados financieros globales, recursos naturales del planeta, medios de información y comunicación, y armas de destrucción masiva. 

Pero ninguno, advierte Aquiles Córdova, es compatible con la soberanía real de los pueblos. Y aseguró que la guerra en Ucrania, la presión sobre Irán, la disputa con China, los aranceles de Trump, todo eso es, en el fondo, la lucha del imperialismo estadounidense por garantizar esos cinco monopolios.

Por lo que concluyó: "O nos domina el imperialismo terriblemente antihumano, o el mundo se sacude al imperialismo y construye un orden más soberano, más humano, gobernado por los productores asociados para producir la riqueza que necesitan."


Escrito por Adamina Márquez

Directora editorial de buzos web. Egresada de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación por la UNAM.


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