Existe el fascismo en su forma genérica, aunque con diferentes especies, como son hoy el sionismo israelita y el imperialismo estadounidense encabezado por Donald Trump, o los neonazis banderistas de Ucrania.
Cargando, por favor espere...
La entrevista de Xi Jinping y Donald Trump en Beijing evidenció que Estados Unidos (EE. UU.) ya no es la superpotencia dominante y que su actual mandatario es consciente de que su influencia llegó al límite y hoy emerge otro poder global.
La cumbre del llamado G-2 marcó el cambio de rumbo en la relación de poder entre la República Popular de China (RPCh) y EE. UU. y que la estructura global se inclina a favor de la potencia asiática, pues ya no dominan las reglas del imperialismo estadounidense.
La reunión se realizó en un contexto de creciente fricción por el liderazgo tecnológico y comercial, agudizada por la violenta política arancelaria y discursiva del presidente estadounidense.
Desde la capital del Reino del Cielo (Beijing), el mundo atestiguó que China no necesita a EE. UU. para avanzar en su visión geopolítica y que la tecnocracia de la Casa Blanca necesita del mercado, los recursos y la voluntad chinos para sobrevivir.
Con este aprendizaje, Trump regresó a casa en el Air Force One, que el 15 de mayo surcó los 11 mil 76 kilómetros que separan a ambos países. El mandatario gringo retornó con la convicción de que será difícil que coexistan su visión Make America Great Again (Maga) con el sueño de la revitalización china de Xi Jinping.
En las negociaciones entre las delegaciones de ambos países fue notoria la decadencia del hegemón, pues poco o nada tenía que ofrecer a la cada vez más próspera, fuerte y modernizada economía del sistema chino del mercado socialista.
La única muestra de fuerza del 47º presidente estadounidense radica en privar a China del petróleo venezolano tras haber perpetrado un golpe “limitado” contra este país y su fallida o aún indefinida ofensiva militar contra Irán, la antigua Persia.
En cambio, su homólogo lo recibió con un fuerte andamiaje de estrategias multidimensionales (políticas, jurídicas y normativas). Ya ganó Taiwán, como se vio en abril en la reunión con la opositora Chen Li-wun; y a ello suma su ventaja geopolítica como poseedor de la mayor reserva de tierras raras, vitales para la tecnocracia estadounidense.
En su discurso, Xi Jinping citó el riesgo que entrañaría caer en la “trampa de Tucídides”, donde una potencia impide la emergencia de otro poder, al que considera desafiante y se enfrasca en una guerra innecesaria que los lleva a la devastación.
Para evitarla, el líder chino propuso consensos que construyan una relación de estabilidad estratégica que asegure una paz confiable al mundo. Ofreció cooperación en asuntos críticos internacionales globales y regionales (Taiwán, Irán, Ucrania y Norcorea) y mecanismos de comunicación ante preocupaciones mutuas. A la par, ofreció cooperación sobre la base de ganar-ganar en comercio, agricultura e inversión.
Quizá Trump no entendió la alusión del chino a la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), entre Esparta y Atenas, aunque es claro que EE. UU. y China no llegarán a una guerra, pues sus intereses son muy cercanos y la tecnopolítica requiere pragmatismo.
Se cumplió el vaticinio de que Jinping ganaría este pulso a Trump. Ahora, el reto consiste en cómo pactarán su convivencia política, pues el estadounidense busca pasar a la historia como quien lideró el retorno de su país a la cima del poder global: y ¡qué mejor que lograrlo en el aniversario 250 de su independencia de Inglaterra!
De ahí que el diálogo sino-estadounidense del 13 al 15 de mayo fuera en un contexto de fricción, en el que los mayores problemas entre ambos países fueran Taiwán, Irán y Norcorea, al tiempo que Trump insistía en una “apertura total” del mercado chino, a todas luces inviable.
Esa fricción evidenció el profundo contraste entre ambas potencias. EE. UU. es un país rico pero cada vez más desigual y tiene una deuda nacional crítica de 39 billones de dólares –muy superior a su Producto Interno Bruto (PIB)– financiada con capital extranjero y una inflación que agrava el riesgo de recesión.
Este país tiene presencia activa en unos 200 conflictos alrededor del planeta, operaciones que patrocinan –sin beneficiarse– sus 160 millones de contribuyentes (según el Servicio de Impuestos Internos). Por ello, ese Estado falla a la mayoría de su población, afirma el banquero suizo Jean-Christophe Rochat.
En contraste, el crecimiento económico de China rebasó el cinco por ciento interanual en el primer trimestre, aunque en marzo desaceleró sus exportaciones por la ofensiva sionista-estadounidense en Irán, según las agencias occidentales.
La RPCh no está involucrada en conflictos bélicos abiertos o guerras declaradas; si bien libra un puñado de conflictos con Taiwán, Japón, Filipinas, así como con Tíbet y Cachemira.
Taiwán marcó la primera sesión de diálogo en el Gran Salón del Pueblo de la Asamblea Popular Nacional de China. Ahí Xi Jinping lanzó la alerta a Trump: “Gestionar mal el caso de Taiwán llevará a un conflicto”.
Después de abordar este asunto, ambos mandatarios visitaron el complejo del Templo del Cielo, ideado hace seis siglos para propiciar el vínculo divino con gobernantes chinos de las dinastías Ming y Qing.
La segunda sesión, en el complejo Zhongnanhai, sede del Partido Comunista de China (PCCh), incluyó a Irán. Según Trump, acordó con Jinping que “se debe abrir el Estrecho de Ormuz”; más tarde declaró que “podría aceptar una suspensión de 20 años del programa nuclear si Teherán ofrece garantías reales”.
Jinping intentó mostrar a su invitado la esencia de la cultura china. Tras tomar el té en ese icónico parque, Xi le mostró dos árboles que con el tiempo fusionaron su ramaje, lo que aludía a que dos potencias pueden coexistir. La diminuta altura intelectual de Trump le impidió entender la metáfora; interrumpió y, señalando los jardines, exclamó: “¡Podría acostumbrarme a esto!”.
Pasos después preguntó cuántos presidentes habían visitado este exclusivo sitio, a lo que el presidente chino respondió que pocos; entre ellos Vladimir Putin. “¡Eso me gusta!”, sentenció el neoyorquino.
Al cierre de su periplo, Trump dio su singular versión de los compromisos adoptados: “Alcanzamos algunos acuerdos fantásticos, estupendos”, aseguró que con su contraparte resolvió “un montón de diferentes problemas que otra gente no habría sido capaz de resolver” y rechazó que apoye la independencia de Taiwán.
Es claro que la China del Partido Comunista y su líder Xi Jinping ganaron este pulso con Donald Trump y su corte tecnocrática.
Para pacificar a su veleidoso invitado, aceptó adquirir más petróleo; 200 Boeing 737 Max y de fuselaje ancho (de los 500 previstos); y soya de Dakota norte y Michigan, clave en la disputa comercial entre ambos colosos. Así, el experimentado Xi Jinping hizo una jugada de ajedrez que garantizó su rápida victoria.
Un primer balance de la reunión es el fracaso del plan de Trump de “contención geoestratégica”, que suponía enderezar el control que EE. UU. mantiene de Occidente contra China.
La ola agresiva de la Casa Blanca detona guerras y conflictos por el planeta y trastocó su seguridad interna hasta sacrificar la escasa confianza doméstica y del exterior. De ahí que la Unión de Libertades Civiles de EE. UU. acuse al gobierno de generar un “caos selectivo” contra los derechos de la población.
Es inviable usar la violencia para reequilibrar su relación con el rival, pues EE. UU. ya no es la superpotencia indiscutible y el mundo transita hacia un orden multipolar, donde China se encuentra muy bien posicionada.
La segunda lección es la asertiva visión geopolítica de China, que avanza conectando océanos y mercados con su iniciativa de la Franja y la Ruta. Ha ganado influencia y prestigio con socios en todos los continentes.
En el nuevo escenario a futuro, derivado de su cita en Beijing, el magnate republicano y los demócratas estarían obligados a fomentar la coexistencia con China, lo que implicará la constante renegociación de las reglas del juego.
Esta perspectiva fragmenta a las cúpulas en EE. UU. Políticos y expertos reconocen los intereses de China, pero las élites tradicionales –que persiste en su pensamiento imperial– mantienen la retórica anticomunista para aislar al coloso.
Sin embargo, urgidos por mantener a flote el capitalismo corporativo y sobrevivir, los CEO´s de la tecnopolítica animan a Donald Trump a acercarse a China y beneficiarse de ese multimillonario mercado, sus recursos y del pragmatismo chino.
El magnate y los jerarcas corporativos son conscientes de que Rusia y China consolidan su alianza, de larga duración. El Kremlin estrecha su cooperación con Beijing mediante su estrategia “Ver hacia el Oriente” y ambos construyen el emblemático “siglo euroasiático”.
Rusia aprecia que China se mantenga fuerte en los ámbitos de comercio y seguridad. Así lo refrendó el presidente Vladimir Putin en su visita del 19 de mayo a Beijing, diseñada para mostrar su profunda alineación estratégica ante EE. UU. y sus aliados.
Ésta fue la 25° visita de Estado de Putin a China y su reunión número 40 con Jinping. Esta vez el objetivo es conmemorar los 25 años del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación, base de la buena relación bilateral, para que “alcance su ilimitado potencial”, subrayó el ruso en su mensaje previo al viaje.
Esta vez firmarán 40 acuerdos de alcance energético y de bienes, que reafirman la coordinación bilateral frente a las recientes negociaciones y presiones. El intercambio alcanzó los 200 mil millones de dólares (mdd) y que se realiza en yuanes y rublos.
Esta proximidad, construida desde 2013 mediante una trama de pactos de alcance estratégico, inquieta a Washington y sus aliados europeos. Al verlos fortalecerse, Trump apostó al “divide y vencerás”, la misma maniobra de triangulación geopolítica que, en 1972, instrumentó Henry Kissinger, la llamada Estrategia Nixon, con la que se acercó a China y aisló a la Unión Soviética.
Trump la reeditó y pensó que, si mejoraba su relación con Rusia, ésta se distanciaría de China. No fue así. Antes de la cita Jinping-Trump, la cancillería china confirmó que el vínculo Rusia-China es un “pilar vital” para disuadir conflictos y salvaguardar la estabilidad estratégica global.
Cuando Donald Trump regresaba a su país, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, advirtió que su país no entrará en esa “intentona de triangulación” para apartarlo de China.
Por ello, el analista Junhua Zhang, de la Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad de Shanghai, definió como “enorme” el error de Trump, por esforzarse en dividir a sus rivales, mientras la hábil diplomacia de China y la astucia estratégica de Rusia ganan terreno en el mundo.
El que Trump se escoltara con los secretarios de Estado (Marco Rubio) y Guerra (Pete Hegseth), y el amplio grupo de ejecutivos de corporaciones y Wall Street, evidenció que necesitan a China. Alineados en la escalinata de la sede del PCCh, encarnaban al capitalismo estadounidense.
Trump presentó a todos ante el presidente Jinping como “personas maravillosas que respetan y valoran a China”. Para los analistas, esa comitiva era el mapa de los intereses de EE. UU. en China, donde producen autos eléctricos, aviones, teléfonos inteligentes que necesitan chips y “tierras raras” chinas.
Elon Musk, de Tesla y Space X, se sumó a la modernización china para tener el mayor mercado de autos eléctricos que produce su giga-fábrica de Shanghai. Las ventas crecieron un 36 por ciento, pero teme que su rival BYD gane el mercado por sus bajos costes.
Jensen Huang, de Nvidia –se incorporó cuando Trump le llamó desde Alaska–, fabrica los procesadores H200 para la IA china, que le generó el 13 por ciento de sus ingresos. Trump lo prohibió, aunque en enero lo autorizó, pero exige supervisar que los chips no se usen con fines militares, lo que Beijing rechaza.
Para Tim Cook, de Apple, China es clave en la cadena de suministro y mercado de sus dispositivos. Sólo en el primer trimestre, las ventas del iPhone subieron 20 por ciento. Con él viajaron a Beijing, Kelly Ortberg, de Boeing, y Stephen Schwarzman, de Blackstone, muy próximo a China por sus nexos con la Universidad Tsinghua.
Únicamente Larry Fink, de BlackRock, operó fondos chinos en 2021 y va por más; con la cúpula financiera: Cristiano Amon, de Qualcomm; Jane Fraser, de Citi; David Solomon, de Goldman Sachs; Sanjay Mehrotra, de Micron; y con gran esperanza, el agroindustrial Brian Sikes, de Cargill.
A Xi Jinping lo flanquearon su colaborador más cercano y director de la Oficina General del PCCh, Cai Qi; el decano de la diplomacia, Wang Yi; y el viceprimer ministro y zar económico, He Lifeng. En este pulso, China se proyectó como superpotencia y EE. UU. como una potencia en declive.
La cautela por el diálogo Trump-Jinping, prevalece entre Brasil, Rusia, India y Sudáfrica. Las casas de gobierno de esas naciones, que simbolizan el nacimiento de un mundo multipolar, confían en que se materialice la intención de ambos colosos por gestionar sus tensiones geopolíticas y económicas.
Para el bloque BRICS, la fortaleza tácita y expresa de China les da aliento frente a la agresividad político-comercial estadounidense. Una semana antes del viaje de Trump, se reunieron para “coordinar represalias” comerciales contra Washington.
Ese acercamiento es uno más de los efectosboomerang de las desatinadas decisiones que en lo político y económico ha tomado el huésped de la casa blanca.
Trump declaró que los BRICS están muertos. Sin embargo, en el grupo pesa un gran disenso: la posición del presidente de India, el hinduista Narendra Modi, a favor de Israel horas antes de que lanzara su ofensiva ilegal contra Irán.
El día 11, en Hangzhou, se realizó la Conferencia Mundial de Educación Digital 2026, donde estudiantes de ingeniería mecánica demostraron su plataforma educativa de IA, desarrollada con la empresa china iFlyTEK.
Ahí, un robot inteligente de gestión del tráfico –uno de 15 en la zona– operó en un crucero de esa ciudad; además de dirigir el tráfico, guió a turistas y disuadió a motociclistas y peatones a cumplir normas de tráfico
El día 12, China lanzó su misión de vuelo espacial 642 con satélites de la gigantesca red de satélites comerciales de órbita baja de su constelación Spacesail.
También ese día, Beijing advertía a Filipinas que sus actos provocativos tendrán consecuencias. A la vez, Xi Jinping anunció que desea mejorar nexos parlamentarios con la Unión Europea, al tiempo que acordó con Bélgica una Asociación Integral de Amistad y Cooperación.
El día 13, en la capital de la Argentina de Javier Milei, se inauguró la librería Gran Muralla en la Casa Calise –joya del art nouveau–, para profundizar el intercambio y entendimiento mutuo.
Existe el fascismo en su forma genérica, aunque con diferentes especies, como son hoy el sionismo israelita y el imperialismo estadounidense encabezado por Donald Trump, o los neonazis banderistas de Ucrania.
Durante casi un siglo, el país monopolizó no solamente la industria cinematográfica o musical, sino algo más profundo: la definición misma del prestigio cultural global.
Drones ucranianos impactaron un colegio universitario y una residencia estudiantil en Starobelsk, dejando al menos cuatro muertos y 40 heridos, entre ellos menores de edad.
Tulsi Gabbard es la cuarta funcionaria que abandona sus funciones en el segundo mandato de Trump.
El embajador Chen Daojiang aseguró que la reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping marcó “un nuevo punto de partida” para la relación bilateral y abrirá mayores condiciones de estabilidad económica y política a nivel global.
Beijing criticó a Washington por imputar al exmandatario cubano Raúl Castro por el derribo de avionetas en 1996 y exigió poner fin a las “amenazas” e “injerencias” contra la isla.
Buscan fortalecer sus propias monedas y aumentar su competitividad en los mercados financieros.
Los presidentes de ambas naciones firmaron acuerdos económicos, políticos y comerciales.
La investigación se centra en el operativo realizado por fuerzas cubanas contra aeronaves del grupo de exiliados radicado en Miami, hace casi tres décadas.
El sistema que explota a México, América Latina y a todo el sur global no ha cambiado de naturaleza. Sólo ha perfeccionado sus instrumentos, aseguró el líder nacional de Antorcha.
La inversión en el país se estima 5.3 por ciento más baja que en condiciones normales.
Además de los pretextos, Washington impulsa campañas mediáticas para justificar una posible intervención contra la isla.
Los enemigos de Irán “no pueden conquistar el país con misiles y bombas”, sentenció el mandatario iraní Masud Pezeshkian.
El presidente Díaz-Canel rechazó las versiones sobre un supuesto plan de ataque contra la nación estadounidense tras reportes sobre la compra de 300 drones militares.
El Sahara Occidental es muy rico en recursos y goza de gran conectividad económica, porque está situado en el noreste de África.
Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.