Suspensión de apoyos económicos pone en peligro investigaciones doctorales.
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Foto: Internet.
¿El resultado? La IA sustituye a millones de personas que se quedan sin empleo, sin ingresos y sin dinero para comprar los productos de todas esas empresas que acaban de "optimizar sus procesos". Así, las empresas terminan destruyendo a sus propios clientes, y con ello, arruinando sus propias ganancias.
La trampa de los despidos por IA –una investigación académica de las universidades de Pennsylvania y Boston– explica que un trabajador desplazado deja de ser empleado, pero también deja de ser cliente. Cuando miles de empresas hacen lo mismo al mismo tiempo, el efecto se multiplica y la economía entera pierde poder adquisitivo.
Lo peor –aseguran Brett Hemenway Falk y Gerry Tsoukalas, autores del estudio– es que las empresas saben muy bien lo que el despido masivo de trabajadores podría generarles, sin embargo, no se detienen.
El problema es estructural, explican los investigadores, ya que las empresas que no automatiza sus procesos pierden su cuota de ganancia frente al competidor que sí lo hace, y que, por lo tanto, pude reducir sus costos y bajar sus precios.
Hemenway Falk y Tsoukalas lo llaman el “dilema del prisionero”, es decir, la estrategia dominante para cada jugador individual es destructiva para el conjunto.
Para los autores, las soluciones tradicionales implantadas para contrarrestar los efectos de los despidos de trabajadores, entre ellas, la renta básica universal, impuesto a las ganancias del capital, los trabajadores tengan acciones de la empresa o acuerdos voluntarios entre empresas, no alteran el incentivo de ninguna empresa individual para seguir reemplazando humanos por IA.
Por el contrario, los avances de la IA aceleran el problema que los autores llaman “efecto Reina Roja”: todos compiten para ir más rápido y no quedarse atrás en cuanto a mejoras tecnológicas, pero al final todos terminan con la misma automatización y, al mismo tiempo, con una demanda destruida.
El estudio cita hechos concretos y recientes. Solo en 2025, más de 100 mil trabajadores tecnológicos fueron despedidos. De estos, el 50 por ciento de los casos fueron sustituidos por IA, sobre todo actividades de atención al cliente, operaciones y mandos intermedios.
Block (la empresa de pagos de Jack Dorsey) recortó casi la mitad de su plantilla en 2026 argumentando que la IA había hecho innecesarios esos puestos. Los investigadores estiman que alrededor del 80 por ciento de los trabajadores en Estados Unidos tienen empleos con tareas susceptibles de ser automatizadas por IA.
A pesar de este escenario, el estudio no concluye que la IA sea mala ni que no deba usarse. Pero si es clara al asegurar que las fuerzas del mercado, sin intervención, llevan a un nivel de automatización que daña a todo el mundo, incluyendo a quienes la impulsan.
Para revertir este escenario, los autores proponen un impuesto pigouviano, es decir, un impuesto directo a la automatización, midiendo exactamente el daño que cada despido causa al conjunto de la economía.
La pregunta que queda en el aire es si los gobiernos tendrán la voluntad para actuar antes de que el mercado lo recienta.
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Algunas de las faltas son: manipulación, vigilancia ilegal y uso dañino de sistemas de Inteligencia Artificial (IA).
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La IA es, ante todo, una herramienta tecnológica; ejecuta instrucciones recibidas por el usuario; y como herramienta, se aplica en una lógica tan antigua como el dinero mismo: quien paga, controla.
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Escrito por Adamina Márquez
Directora editorial de buzos web. Egresada de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación por la UNAM.