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Brújula
La cuesta de enero y la inestabilidad laboral
El que las familias mexicanas lleguen a enero desgastadas y con una carga muy pesada se debe a dos factores que el país arrastra desde hace muchos años; uno son los bajísimos ingresos laborales.


Las compras de fin de año y Reyes Magos sitúan a la mayoría de las familias mexicanas en un cuento de nunca acabar porque llegan a enero desgastadas y con una carga muy pesada para sobrellevar. Esta desastrosa situación se debe a dos factores que, desde hace muchos años, el país no ha logrado superar: los ingresos laborales son muy bajos y la pérdida de poder de compra es vertiginosa debido a que las empresas trasladan inmediatamente el aumento oficial de los salarios mínimos a los precios de los bienes y servicios básicos, con lo que ponen a los trabajadores en la misma situación o peor; ya que muchos empresarios alargan las jornadas de trabajo.

El deterioro de salarios, prestaciones sociales y derechos de los trabajadores se ha realizado con el beneplácito de los gobiernos, cuyos responsables empoderaron a los patrones más voraces y los magnates, quienes cada vez son menos porque se provechan de la creciente indefensión legal de la clase trabajadora. La concentración de la riqueza en el uno por ciento de la población nacional se debe a la flexibilidad que las leyes brindan a los empleadores para despedir a los trabajadores. Por ello, solo el 40 por ciento del empleo en México es formal y el restante informal.

Para la mayoría de los trabajadores no hay una diferencia significativa entre el empleo formal y el informal, porque el primero muestra la misma incertidumbre: los contratos de trabajo son por tiempos que van de tres meses a un año y a los empleadores poco les importa la excesiva rotación de personal si con ello evitan que sus trabajadores se organicen y generen antigüedad; ya que así eluden el pago de prestaciones sociales. Por ello, la clase trabajadora vive en constante zozobra económica.

La informalidad representa el autoempleo con el que muchos trabajadores obtienen mejores ingresos que el salario mínimo formal, aunque social y económicamente son vulnerables y están sujetos al acoso permanente de las autoridades. La teoría económica enseña que el mercado tiene las empresas como actores principales y los trabajadores son interdependientes porque aquéllas contratan la mano de obra a los segundos y éstos compran los productos de aquellas.

Este simple intercambio nos muestra por qué hay salarios bajos; por qué hay tanta flexibilidad en la interpretación del derecho de los trabajadores para favorecer a los empresarios; por qué la inflación se halla al alza; por qué las empresas no venden sus productos; por qué se rompe el flujo circular del mercado y por qué se suscitan las crisis económicas que a su vez generan más desempleo y mayor incertidumbre social.

Todos estos ingredientes económicos negativos suelen coincidir a principios de cada año, aunque no necesariamente en el nivel de una crisis económica. Ésta es la razón por la que enero aparece como un mes espantoso para las familias de los estratos sociales más bajos; porque no tienen dinero y porque, para adquirir los productos que satisfagan sus necesidades básicas, deben recurrir a endeudarse pensando ingenuamente que en los próximos meses mejorarán sus ingresos.

Pero la experiencia histórica mexicana revela que “no es posible tapar hoyos abriendo otros”. Por ello la mayoría de los trabajadores no pueden planificar sus vidas, viven al día; en la juventud salta de un trabajo a otro y, al llegar a la vejez, es “carne de cañón” de los programas clientelares de partidos como el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que medra a costa de la inanición de las masas populares que, de volver a confiar en este partido, harán que la cuesta de enero dure toda su vida.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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