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La inteligencia artificial (IA) representa un avance de la revolución digital de alcances inexplorados, ya que puede favorecer las aspiraciones de igualdad humana, pero robustece también las dinámicas del poder global.
Hasta ahora, ninguna empresa de IA controla alguna región del orbe, pero el acopio de datos personales y su perspectiva como “ciber-amenaza” muestra una fuerte disputa a las corporaciones del capitalismo imperial más poderosas y sus Estados nacionales.
La IA ha transformado las relaciones internacionales y ha causado profundos cambios en la distribución del poder. Su uso e influencia no son ni serán los mismos en los países avanzados tecnológicamente que en las naciones poco desarrolladas, como México.
En la operación militar especial rusa sobre Ucrania y la ofensiva israelí contra Gaza, Palestina, fluye información falsa y sesgada generada con IA, que altera la percepción mundial de ambas contiendas.
Esta tecnología es usada en redes sociales; y en 2024, el voto de millones de personas de 60 países estará más presionado o alterado en la historia electoral del orbe.
La IA es el producto más evolucionado de la “quinta revolución industrial”, también llamada “era de las máquinas inteligentes “o “industria 5.0”, cuyos mayores beneficios son capitalizados por el imperialismo occidental.
Esta tecnología se basa en algoritmos que “aprenden”, “memorizan” y aplican conocimientos y tareas humanas con mayor habilidad y sin su participación directa. Los algoritmos de estas máquinas únicamente requieren una dotación previa de información para operar y alterar la percepción de la gente e intoxicarla con sesgos políticos, como los que brotan de plataformas como ChatGPT.
La “humanidad” está teledirigida pero inconscientemente; un recurso tecnológico del capitalismo con el que pretende tutelar las expresiones de la vida cotidiana, urbana y rural de los países industrializados y en desarrollo, alerta Eric Sadin.
Sus defensores reconocen que la IA mejorará al mundo; pero sus detractores aseguran que solamente acentuará las contradicciones del sistema capitalista. Como el uso de las ciencias y tecnologías por el capitalismo, la IA sólo proyecta los intereses políticos, sociales y económicos de los capitalistas.
Su acceso y dominio se desarrolla en un campo de batalla multisectorial entre superpotencias; aunque según la revista Forbes, su epicentro radica en Silicon Valley, California, Estados Unidos (EE. UU.), donde operan inversionistas de todo el mundo.
Algunos avances y asistencias interactivas como Siri o Alexa son frecuentes en trabajos escolares y ensayos profesionales con escritura automática “indetectable”’; durante la decisión de algunos sistemas en tiempo real; el reconocimiento facial, la conducción de automóviles autónomos, guías de rutas, análisis médicos y hasta dispositivos lanza-armas contra objetivos predeterminados.
Ciber-colonización
La colonización de datos se produce cada vez que los usuarios comparten o descargan información en las redes sociales pertenecientes a grandes empresas de tecnología como Google, Apple, Microsoft, Alphabet o Amazon, especialmente cuando aquélla está relacionada con el poder y las prácticas hegemónicas.
Internet, supuestamente inocente y neutro, está bajo control de estas empresas, que lucran con nuevas formas de interacción mundial; esta tecnología les permite recolectar datos de usuarios y con ello propiciar la ciber-colonización, explica Stefano Rodotá.
Este modelo colonizador es idéntico al que los europeos iniciaron hace 500 años para apropiarse de territorios, recursos naturales y el trabajo o la vida de habitantes de otras regiones del planeta. Los centros hegemónicos ejercen preferentemente este dominio colonial sobre los usuarios periféricos de la red, revela el experto Nick Couldry.
La IA actúa como el “super-yo” de la humanidad del Siglo XXI y es operado por las empresas tecnológicas de Silicon Valley, cuyos artífices, además de lucrar con los hábitos sociales de la gente, instaurarán un modelo civilizatorio basado en los algoritmos, previene Couldry.
La ciber-colonización dotará a los Estados con mayor vigilancia y control social sobre sus poblaciones, mientras reemplazan no menos de 40 por ciento de los puestos de trabajo mundiales, con lo que se profundizará la desigualdad.
No es ocioso recordar que los filósofos alemanes Carlos Marx y Federico Engels, en su Manifiesto del Partido Comunista (1848), anticiparon que el surgimiento de los medios de producción modernos se “asemejan al aprendiz de brujo que no sabe dominar las potencias infernales que ha invocado”.
No uses la IA, pero…
El capitalismo corporativo ha lucrado con el conocimiento, la ciencia y la tecnología. Por ello, en 2017, al anticipar los riesgos y ventajas de la revolución tecnológica, el presidente ruso Vladimir Putin advirtió: “quien domine la inteligencia artificial gobernará el mundo”. Este apunte advierte que es muy remoto que tal tecnología beneficie a las mayorías, incluidas las de México.
El 29 de marzo de 2023, en una carta abierta del Instituto del Futuro para la Vida, mil personas de la élite ejecutiva y expertos en IA aseguraron que este poderoso sistema representa una “potencial amenaza” para la humanidad, y pidió una moratoria de seis meses en su “entrenamiento”.
Firmaron este documento el cofundador de Open AI y Chap GPT, Sam Altman; Elon Musk, de Tesla; Steve Wozniak, de Apple, Emad Mostaque, de Stability AI e investigadores de DeepMind. Todos alertaron que estos “potentes sistemas” plantearían riesgos para la humanidad, entre ellos la generación de información errónea y el reemplazo de empleos (hasta 300 millones de plazas, según Goldman Sachs).
Los multimillonarios de la IA previeron el apocalíptico escenario de una carrera sin control para crear “mentes digitales cada vez más poderosas que nadie, ni sus creadores, puede entender, predecir o controlar de manera confiable”; pues la IA comenzaba a competir ya con los humanos.
Acordes con “doctrina del shock”, aclararon que el desarrollo de mentes no humanas eventualmente podría superar la inteligencia de los seres humanos, volverlos obsoletos y reemplazarlos. El final de la carta es contundente: “¿Deberíamos arriesgar la pérdida del control de nuestra civilización?”
La misiva es hipócrita, estima Thomas Jimmy Rosario, igual que la alerta que el Congreso de EE. UU. formuló en 2023 contra la creación de armas inteligentes. Hoy esa amenaza persiste aunque, en marzo pasado, más de 90 científicos del mundo firmaron el Acuerdo contra Armas Inteligentes.
Es curioso que la Unión Europea se preocupe por los cambios civilizatorios y los peligros existenciales que genera la IA, y que haya instado al Parlamento y al Consejo Europeo a crear un marco que haga más segura esta tecnología con la suscripción de una eventual Ley de Inteligencia Artificial.
En este siglo, la simbiosis entre el software y los magnates ha simplificado y acelerado inesperadamente la tarea de éstos, sobre todo cuando se trata de engañar o infligir ciberataques a millones de usuarios.
Estas agresiones equivalieron, en 2023, al 1.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y su monto monetario superó a la ganancia conjunta de otros tres grandes delitos: tráfico de armas, trata de personas y mercado ilegal de drogas.
Los jefes de Estado deberían evitar la ciber-colonización y usar esta tecnología para beneficio de las mayorías de sus países únicamente a partir de relaciones de confianza y bloques interdependientes entre las clases sociales.
Carrera por datos
En sólo 30 años, la innovación tecnológica pasó de la región del Atlántico a la de Asia-Pacífico, especialmente a la República Popular China (RPCh) que hoy rivaliza con EE. UU. en la innovación de dos recursos de la ciber-tecnología: IA y algoritmos.
Cada país, con sus respectivas tecnológicas, aspira a dominar el extraordinario potencial de la IA en un choque que trastoca las relaciones internacionales.
El socialismo de mercado chino lidera la demanda mundial de las herramientas de última generación con 34 por ciento de las solicitudes de su patente 5G y es seguido por EE. UU. con 17 por ciento, refiere Sebastián Schulz.
Los datos personales, cuya huella sirve a los algoritmos, están en la mira de las aplicaciones y las redes sociales de ambos países. La diferencia en el número de usuarios es tremenda, ya que mientras en EE. UU. existen 276 millones de personas con dispositivo móvil, en China hay más de 975 millones.
Aunque la investigación y la innovación de la IA son semejantes, China es la “Arabia Saudita de los Datos”, pues las aplicaciones de Baidu, Huawei, Alibaba, Tencent y ByteDance (TikTok) tienen más posibilidad de perfeccionar sus algoritmos que las estadounidenses Apple, Alphabet (Google), Microsoft o Meta.
Pero en cuanto a tamaño e ingresos, según el ranking Global 500 de Forbes (2023), las estadounidenses lideran con ingresos anuales de 393.3 mil millones de dólares (mmd); seguidas por las chinas Alibaba, con 126.8 mmd; Huawei, con 95.5 mmd; y Tendent, con 82.4 mmd.
También existen diferencias según quiénes las dirigen. En China, el Estado, que se halla bajo el mando del Partido Comunista Chino (PCC), lo hace a través del Plan de Desarrollo de la Nueva Generación, que define objetivos, principios éticos y alienta la competencia. En abril de 2023, esta oficina sondeó la opinión de los usuarios de los servicios de la IA generativa y luego difundió los resultados.
El nuevo concepto de desarrollo del presidente de la RPCh, Xi Jinping, alienta la innovación tecnológica en empresas e individuos para que la nueva revolución industrial sea permanente. Desde 2020 se creó la empresa AIsland (“Isla de la IA”) en Zhangjiang, que se asienta sobre un terreno de 66 mil metros cuadrados y alberga empresas especializadas en Big data, cómputo en nube, cadena de bloques y otras tecnologías. En Pudong y en Shanghai hay otros sitios con 500 empresas.
El control estatal antimonopólico exige el registro de algoritmos y que los servicios de las empresas influyan o movilicen positivamente a la sociedad, lo que incomoda a empresas como Didi. Lo bueno de ese control gubernamental es que corporaciones como Tencent deben donar un porcentaje de sus ganancias para reducir la brecha digital en las regiones más apartadas de China.
Con esta política “centralista” de prosperidad común del gobierno comunista chino, las compañías de IA deben operar en el marco de un proyecto de desarrollo compartido que contrasta con la cosmovisión occidental, que privilegia el beneficio privado de las empresas.
Movido por la codicia, el 20 de abril de 2023, el Secretario de Seguridad británico, Thomas Tugendhat, incitó a los “países democráticos” a liderar el desarrollo de la IA para adelantarse a los intereses de Rusia y China. “El genio ya no volverá a la lámpara”, advertía en referencia a los vastos centros de datos chinos.
Para no hallarse indefensos frente a la ciber-colonización y expuestos a las balas perdidas generadas por la batalla geoestratégica entre EE. UU. y China, los países como México deberían crear un consenso de Estados afines que promueva su rápida incorporación al desarrollo de la IA, proponen los expertos Nicolás Miaihe, Yolanda Lannquist y R. Buse Çetin.
Qué es la Inteligencia Artificial
En 1956, el Colegio Darmouth de Hanover, EE. UU., desarrolló la IA. Los investigadores John McCarthy, Marvin Minsky, Nathaniel Rochester y Claude Shannon suponían que podían programar y reproducir las funciones cognitivas humanas en una computadora: aprendizaje, cálculo, razonamiento, percepción, memorización y hasta el descubrimiento científico y la creatividad artística.
A 68 años de ese supuesto, la IA no desmiente ni comprueba que las máquinas aprendan y razonen por sí solas; sus conocimientos y tareas únicamente corresponden a la información y los datos y patrones para los que fueron programadas.
La organización The Cloud Group explica que aún hay millones de tareas que los humanos necesariamente deben realizar para combatir el mito sobre la batalla crucial entre robots y humanos que hoy permea.
La IA no es lo mismo que un robot. La primera desarrolla las capacidades intelectuales del ser humano en las máquinas; un robot es un sistema automatizado con aspecto físico semejante al humano, pero no intelectual. Los robots que dan noticias, bailan o cargan equipos militares, no toman decisiones.
La IA generativa se basa en redes neuronales y sistemas matemáticos que pueden aprender habilidades: ayudan a resolver teoremas matemáticos y adquieren conocimientos a partir de un gran volumen de datos.
IA e izquierda
Hace más de un siglo que un puñado de investigadores de izquierda pensó que la IA anticiparía una realidad “posthumana” en la que las máquinas reemplazarían al individuo, incluso reproducirán sus emociones. Hoy, esa idea se reafirma con la nueva generación que advierte contra la amenaza de una “tecnoideología”, en la que el algoritmo amague o gobierne a la democracia liberal.
Las discusiones sobre esta tecnología han provocado un debate “técnico-fetichista” que incluye mitos, prejuicios y declaraciones ignorantes. Más allá de este sombrío futuro, el estudioso de la relación tecnología-sociedad, Eric Sadin, plantea que los sistemas cibernéticos únicamente desplazan el criterio humano de evaluación y diagnóstico porque se les ha dotado con “una singular y perturbadora vocación: la de enunciar la verdad”.
Vocabulario
Algoritmos de IA: Instrucciones que paulatinamente ayudan a una computadora a precisar un cálculo.
Chatbots: Mensajes que pueden desinformar con noticias falsas, “inventar” contenidos, incluso facilitar ciberataques.
Startups: Empresas de innovación y tecnología de reciente creación (menos de una década) en Silicon Valley, con valor superior a mil mdd. “Son niños millonarios”, según Repsol.
Unicornios: “Son blancos y con buen porte; por su carácter mitológico, fantástico e inalcanzable”, así bautizó Aileen Lee a las empresas ricas en su artículo To the Unicorn Club.
Reconocen palabras habladas y las transcriben; identifican rostros, huellas dactilares entre millones; comprenden textos, diagnostican melanomas a partir de fotografías –mejor que expertos– y operan eficazmente en las cadenas de producción automatizadas.
Hoy se diseña IA no generativa que distingue entre contenidos auténticos y artificiales. La GPT-4 y ChatGPT usan algoritmos predictivos y crean contenidos a partir de instrucciones. Algunos advierten que podrían suplantar contenidos originales (como la identidad) y dispersar malware sofisticado (para exigir rescates) que eluden todo tipo de defensa.
Todo es posible y también su control. Es cierto que la IA avanza rápidamente, se vuelve más poderosa y se extenderá a todo el mundo. Se prevé que los chatbots irán más allá del texto digital, que sus acciones se asemejarán más al razonamiento humano y realizarán tareas más complejas.
La Universidad de Austin, Texas, ha diseñado una IA con capacidad para leer la mente humana y “transcribir” pensamientos con un decodificador “no invasivo” que registra imágenes de resonancia magnética. Pese a este avance, resulta imposible anticipar que las máquinas se volverán más inteligentes que el ser humano, sostiene Jean-Gabriel Ganascia.
Intercambio comercial y fentanilo, son temas que se espera aborden los presidentes de China y México.
El pasado 19 de marzo el COI publicó la lista de requisitos que atletas de Rusia y Bielorrusia deberán cumplir para poder competir en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Expertos involucrados en la excavación especularon que en este centro religioso se celebraban ceremonias especiales.
En Ucrania se encuentran minas con titanio, litio y grafito.
Para cambiar el modelo actual de gobernanza global, basado en la injusticia y la desigualdad fruto de la dominancia de una sola potencia mundial, es necesario un mundo multipolar, afirmó el Doctor en Economía, Abel Pérez Zamorano.
Esta entrevista ha sido ya vista por cientos de millones de personas. EE. UU. y aliados están fracasando en su guerra mediática, mientras vamos conociendo las ideas de aquellos que quieren un mundo más justo para la humanidad.
Esta medida podría reducir la demanda del dólar, afectando su valor y su papel como principal moneda de reserva mundial.
El tráfico de personas entre México y Estados Unidos genera "ganancias exageradas" para los grupos criminales.
En el operativo resultaron heridos más de 30 efectivos policiales, incluidas 18 mujeres, algunas de ellas sufrieron traumatismo cráneo-encefálico y daño psicológico al ser agredidas sexualmente por los presidiarios.
El bombardeo sucedió en territorio ucraniano dominado por Rusia y el saldo fue de por lo menos 27 personas muertas y 25 más que resultaron heridas; entre ellos dos menores de edad.
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El automovilista fue arrestado tras el incidente, aunque las autoridades no han aclarado si hubo más personas involucradas, tampoco han determinado si se trató de un accidente o de un posible atentado.
Un documento judicial refiere que la operación "Decadencia" investiga la corrupción política dentro del Gobierno de México.
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De acuerdo con funcionarios estadounidenses, inundar los túneles podría llevar varias semanas. Un portavoz del ministro de Defensa israelí se abstuvo de dar declaraciones al respecto con el argumento de que los túneles son clasificadas.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.