Poeta, pintor, diplomático y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Diego Dublé Urrutia (1877-1967).
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Uno de los libros fundamentales en la obra del poeta veracruzano Rubén Bonifaz Nuño es Fuego de pobres (1961), su autor reconocerá que con este volumen “comenzaba ya el cambio; lo otro era personal; Fuego de pobres puede ser ya colectivo”.
En Rubén Bonifaz Nuño, una aproximación a fuego de Pobres (UNAM, 1973), René Acuña cita la entrevista de John M. Bennett del 30 de diciembre de 1968, en la que el poeta juzga retrospectivamente sus tres primeros libros: “en Imágenes… no se ve más que un deseo de inscribirse dentro del mundo del arte en general. Es decir, dentro de ciertas tradiciones literarias existentes, con cierto ensayo de ritmos distintos… para decir algunas cosas novedosamente… Los demonios y los días… es un libro mucho más personal, guiado también por un ritmo personal. El ritmo es así, usado de esta manera, no lo he visto yo en ningún poeta en español anteriormente. Es decir, son versos acentuados en la quinta sílaba todos… eso da una movilidad mayor al pensamiento… El manto y la corona es un retroceso técnicamente, porque es un libro comido absolutamente por la emoción, (lo) que hace que, en este momento, no me parezca de ninguna manera bueno poéticamente. Es decir… es no más que una confesión desvergonzada. Y la poesía no es para hacer confesiones desvergonzadas”.
Y de creador a creador, El poeta en un poema (UNAM, 1998) recoge las entrevistas de Marco Antonio Campos a 20 poetas donde ellos mismos hablan de las circunstancias materiales y anímicas del momento en su vida que hizo nacer una de las construcciones verbales emblemáticas de su obra. Bonifaz Nuño explica la génesis de uno de sus más famosos poemas: Algo se me ha quebrado esta mañana, desde el dolor de la ruptura amorosa que enfrentaba en ese momento, hasta la forma en que fue surgiendo la red de símbolos encerrados en las palabras; habla de su soledad, su pobreza, de la vejez inminente (aunque entonces tuviera 35 años), del reconocimiento de sus propios defectos, a los que llama “la suciedad de mi alma” y del cansancio, angustia y melancolía entre las cuatro paredes materiales y de su espíritu.
“Escribí el poema en el edificio de la imprenta universitaria, en el número 17 de la calle de Belén, cerca de la lagunilla, en una casa en ruinas, en una máquina de escribir en ruinas, y sobre un escritorio viejo, debajo de cuya cubierta de vidrio había un retrato de mujer. Y yo, con mis cigarros y cerillos, junto a un cenicero sucio y una taza de café a la mitad, esperaba que sonara el teléfono (…) Lo escribí a fines de 1958 o principios de 1959. Fue de los primeros que hice de Fuego de pobres (…) como otras veces ocurrió, había sido abandonado. Aquella mujer fue la que me hizo sufrir más en la vida. Por ese entonces yo estaba totalmente entregado a la idea de la soledad. Me sentía como alguien que anda tocando a las puertas de las casas para ver si en alguna abre un conocido.
Algo se me ha quebrado esta mañana
de andar, de cara en cara, preguntando
por el que vive dentro.
Y habla y se queja y se me tuerce
hasta la lengua del zapato,
por tener que aguantar como los hombres
tanta pobreza, tanto oscuro
camino a la vejez; tantos remiendos,
nunca invisibles, en la piel del alma.
Yo no entiendo; yo quiero solamente,
y trabajo en mi oficio.
Yo pienso: hay que vivir; dificultosa
y todo, nuestra vida es nuestra.
Pero cuánta furia melancólica
hay en algunos días. Qué cansancio.
Cómo, entonces,
pensar en platos venturosos,
en cucharas colmadas, en ratones
de lujosísimos departamentos,
si entonces recordamos que los platos
aúllan de nostalgia, boquiabiertos,
y despiertan secas las cucharas,
y desfallecen de hambre los ratones
en humildes cocinas.
Y conste que no hablo
en símbolos; hablo llanamente
de meras cosas del espíritu.
Qué insufribles, a veces, las virtudes
de la buena memoria; yo me acuerdo
hasta dormido, y aunque jure y grite
que no quiero acordarme.
De andar buscando llego.
Nadie, que sepa yo, quedó esperándome.
Hoy no conozco a nadie, y sólo escribo
y pienso en esta vida que no es bella
ni mucho menos, como dicen
los que viven dichosos. Yo no entiendo.
Escribo amargo y fácil,
y en el día resollante y monótono
de no tener cabeza sobre el traje,
ni traje que no apriete,
ni mujer en qué caerse muerto.
Poeta, pintor, diplomático y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Diego Dublé Urrutia (1877-1967).
Kālidāsa, el genial dramaturgo y épico del Siglo IV, es también uno de los más altos y líricos indios.
En municipios indígenas más del 75 por ciento de los nacimientos son atendidos por parteras.
A los 13 años, el poeta cubano Regino Pedroso (1896-1983) abandonó los estudios para trabajar en una fábrica de acero, en un taller ferroviario y como jornalero en la zafra.
Kumārasambhava o El nacimiento de Kumāra es un poema épico-lírico de Kālidāsa, el más famoso autor de la literatura clásica india.
Durante todo el Siglo XX surgió en los círculos intelectuales latinoamericanos la discusión sobre la pertinencia de integrar nuestro universo cultural al llamado mundo occidental.
Nacido en el seno de una familia de trabajadores rurales y poeta autodidacta, la singularísima obra del uruguayo Juan Cándido da Cunha Dotti (1910-1985) hoy es, fuera de su país, apenas una breve nota en el ámbito académico y no forma parte del canon poético latinoamericano.
En comparación con el sánscrito, que carece de elementos locales reconocibles, el lenguaje del Sattasaī busca transmitir el sabor rústico y local de Maharashtra.
Y si la lengua es un producto histórico donde cada signo ha sido fijado por milenios de uso, el poeta es depositario y custodio de ese instrumento heredado.
En el Siglo II a. C. tiene lugar el nacimiento del drama indio, una de las manifestaciones más brillantes y artísticas de la antigua literatura sánscrita.
La Luna, ese tópico de la literatura universal, presente en los más antiguos mitos fundacionales de todas las culturas, reinando en los cielos cuando el Sol se oculta.
El Ramayana no es obra de un solo autor (aunque tradicionalmente se venga suponiendo que fue escrito por Krishna-Dwaipayana, llamado Viasa), ni de una escuela, sino que es fruto de la actividad poética de varias generaciones.
En este poema de Ignacio Rodríguez Galván pueden identificarse claramente, y de principio a fin, múltiples rasgos distintivos del primer romanticismo.
El Ramayana es una de las dos grandes epopeyas de la India.
La pregunta suena sencilla, pero no lo es tanto.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.