11 mil 900 millones de dólares corresponden a gastos operativos y alrededor de seis mil millones a pérdidas de equipo militar.
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Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, empeñados en destruir a Rusia, hacen esfuerzos denodados por convertirla en un paria mediante una campaña de desprestigio, amenazando y sancionando a todo gobernante o líder político que tenga la osadía de acercarse al gobierno de Vladimir Putin. Pero no lo han logrado; por el contrario, crece sostenidamente el respaldo global a Rusia, que fortalece así su presencia y capacidad de resistir a la acometida militar, mediática y económica de Occidente, y hace inminente el fracaso de la OTAN en Ucrania.
La consolidación económica de Rusia ha jugado un papel determinante en su fortalecimiento mundial, pues muchos países la perciben como un aliado no sólo confiable, sino fuerte: es ya la quinta economía en términos de PIB (PPA). El presidente Putin declaró en el 27º Foro Económico Internacional de San Petersburgo: “Como saben, a finales del año pasado el crecimiento del PIB de Rusia ascendió al 3.6 por ciento, y en el primer trimestre de este año al 5.4 por ciento, por lo que nuestras tasas superan el promedio mundial (…) estas dinámicas están aseguradas principalmente por sectores no relacionados con los recursos (…) Nos hemos fijado el objetivo de situarnos entre las cuatro economías más grandes del mundo”. Todo esto, advirtió, es producto de una estrategia general de innovación tecnológica.
En materia comercial, apuntó: “A pesar de todos los obstáculos que enfrentamos y las sanciones ilegítimas impuestas contra nosotros, Rusia sigue siendo uno de los participantes clave en el comercio global (…) Estamos fortaleciendo los vínculos con los países de Asia (un crecimiento del 60 por ciento de 2020 a 2023), Medio Oriente (100 por ciento), África (69 por ciento) y América Latina (42 por ciento) (…) está creciendo la participación del rublo en las transacciones de exportación e importación. Hoy se acerca al 40 por ciento (…) Durante el periodo 2021-2023, la participación del rublo en los pagos por las exportaciones rusas casi se triplicó”. En resumen, subyace a su éxito militar y diplomático su fortalecimiento económico, en marcado contraste con el estancamiento europeo.
La consolidación de la presencia rusa en el mundo es contundente. Este año, el Foro de San Petersburgo contó con la asistencia de: “21 mil 300 personas de 139 países” (Sputnik); el año pasado fueron 17 mil participantes de 130 países. Fundamental para la resistencia y fortalecimiento de Rusia es el apoyo del BRICS, que representa el 46 por ciento de la población mundial. Rusia ocupa la presidencia pro tempore del grupo, al que más de cuarenta países están solicitando unirse, entre ellos Tailandia, Bolivia y Venezuela. Particularizando, Vladimir Putin expresó en su discurso: “China ocupa actualmente la posición de primera economía del mundo a un margen significativo del segundo lugar. India es la tercera economía más grande del mundo y un líder global en términos de dinámica de desarrollo”.
Para aislar a Rusia, Occidente convocó en Suiza una conferencia por la paz en Ucrania, los días 15 y 16 de junio, ¡sin invitar a Rusia! Como era esperable, fracasó. Estuvieron representados sólo 90 países (en el mundo hay 195 reconocidos); además, 14 de los asistentes rechazaron firmar la declaración final en apoyo a Ucrania (Brasil, India, Sudáfrica, México, Armenia, Bahréin, Indonesia, Eslovaquia, Libia, Arabia Saudita, Tailandia y los Emiratos Árabes). Tampoco Irak y Jordania aparecen, ni El Vaticano. China no asistió. El día 14, Vladimir Putin había propuesto, nuevamente, una fórmula de solución pacífica del conflicto: obviamente, fue rechazada.
Y se eleva el nivel de las relaciones de Rusia con Oriente. En mayo pasado, el presidente ruso visitó China, y la OTAN protestó airadamente: Stoltenberg acusa a China de apoyar a Rusia en Ucrania. Por otra parte, el 18 de junio Putin arribó a Corea del Norte, causando también irritación (y temor) en las esferas gobernantes estadounidenses y europeas. Impresionantes son las escenas de entusiasmo del pueblo recibiendo en Pyongyang al presidente ruso; Kim Jon-un le llamó “el amigo más querido del pueblo coreano”. Firmarán los gobernantes un Tratado de Asociación Estratégica entre ambas naciones acosadas y sancionadas por Occidente, que ampliará y elevará al más alto nivel las relaciones bilaterales.
Putin visitará también Vietnam, un caso especial. Por contradicciones internas, Hanoi ha seguido una política exterior oscilante, por un lado, entre Estados Unidos (destino principal de las exportaciones vietnamitas), y por otro, China y Rusia. Hoy, con el nombramiento de To Lam en mayo pasado como nuevo presidente de la República Socialista de Vietnam, el país pareciera estar resolviendo la contradicción, buscando un mayor acercamiento con Rusia y China. Durante la visita del presidente Putin se firmarán acuerdos que elevan las relaciones en general a niveles sin precedente en las últimas décadas.
Por otra parte, el 15 de junio se dio a conocer el vencimiento del acuerdo del petrodólar entre Arabia Saudita y Estados Unidos, signado en 1973, que comprometía al país árabe a vender su petróleo exclusivamente en dólares y que dio respiración artificial al billete verde. Arabia Saudita, ahora integrante del BRICS, no renovó el convenio: venderá el petróleo en las monedas nacionales de sus compradores, principalmente China. Irán y Venezuela, sancionados por Occidente, destacan entre los países amigos de Rusia; y en África, donde las antiguas colonias siguen independizándose, crece la ola de simpatía hacia Rusia y su presidente.
En el Cáucaso, Georgia rechaza la injerencia de Occidente con su “Ley de Agentes Extranjeros”, aprobada por el parlamento el 15 de mayo, y que regula a las ONG (verdaderos caballos de Troya) financiadas por Estados Unidos y la UE; estos últimos la llaman “Ley rusa”, por su similitud con otra existente en Rusia. Ello ha provocado airadas protestas de las organizaciones promovidas abiertamente desde el exterior, que quieren sumar a Georgia a la Unión Europea; con esto el país caucásico marca distancia.
En Europa oriental, los gobiernos de Serbia y Eslovaquia manifiestan su confianza hacia Rusia. En Hungría, contradiciendo a la OTAN, el presidente Orban advierte que su país en ninguna circunstancia enviará efectivos militares a Ucrania. En igual sentido se ha pronunciado el gobierno italiano. Por otra parte, el electorado francés y alemán ha derrotado en las recientes elecciones al parlamento europeo a sus respectivos gobernantes, Emmanuel Macron y Olaf Scholz, en inequívoca señal de rechazo a la guerra de Ucrania, atizada por ellos. A tal grado que Macron se vio obligado a convocar a elecciones extraordinarias a la Asamblea Nacional.
Rusia, pues, no está aislada, y el concepto de “la comunidad internacional” que blanden Estados Unidos y Europa, y tras el cual pretenden ocultar sus intereses, es cada vez más una palabra engañosa, un cascarón vacío, con menos contenido real. Ya no pueden hablar en nombre de la humanidad los países del núcleo imperialista. Pero lamentablemente, las turbulencias y presagios de mayores tormentas aumentan en el escenario mundial.
Ante el fortalecimiento económico y diplomático de Rusia, y la inexorable derrota de la OTAN en Ucrania, Estados Unidos ve amenazada su hegemonía y rechaza todo acuerdo de paz que reconozca el derecho y la existencia misma de Rusia; y en cambio, como zarpazos de fiera herida, responde incitando actos terroristas al interior de Rusia, y escala la guerra: ha decidido ya “poner en alerta las armas nucleares”. Está empujando hacia la guerra mundial y nuclear, amenaza muy real que se cierne sobre el mundo: hasta allá conduce el afán de ganancia del imperialismo. Y como ya viene ocurriendo, todos los pueblos del mundo, no solo gobiernos, deben poner enérgicamente un alto a esta demencial política guerrera de Estados Unidos y la OTAN.
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Escrito por Abel Pérez Zamorano
Doctor en Economía por la London School of Economics. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo.