Prevén que el documento sea enviado hoy por la tarde tras una revisión.
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Ya lo escribió Juan Rulfo: ¡Nos han dado la tierra! Pero resulta que para los campesinos mexicanos, las parcelas están “atomizadas”, cuya superficie es de dos hectáreas en promedio, con suelos pobres o con relieves impenetrables. Estos campesinos representan casi la totalidad de los productores agrícolas mientras que los empresarios del campo son un puñado. En su parte más ancha del medio rural, son mayoría los campesinos marginales y en la cúspide los grandes terratenientes y empresas agroalimentarias. Aunque en todo el país se presentan estas contradicciones, este fenómeno es más notorio desde el centro hacia el norte, donde se concentra la agricultura de riego, tecnificada y moderna; mientras que en el resto del país, la agricultura es de temporal, intensiva de mano de obra y subsistencia, salvo algunos focos de desarrollo agrícola especializados, dominado por terratenientes y transnacionales. En las regiones rurales se halla la cuarta parte de la población nacional y es en ésta donde los niveles de pobreza son insultantes para cualquier ser humano.
Para impulsar una agricultura moderna se requieren todos los recursos humanos y monetarios posibles; y una política con esta orientación se justificaría no solo porque en este sector se encuentra el mayor número de personas existentes en el país, sino porque la autosuficiencia alimentaria es la base del desarrollo económico. Pero esto no sucede en México porque nuestro agro depende del buen temporal y de una tecnología obsoleta. En algunas regiones, las condiciones orográficas no permiten el uso de maquinaria y se siguen utilizándo animales de tiro; es decir, su atraso es de hace 500 años. Por ello, mientras una hectárea de la Sierra Norte de Puebla no produce siquiera una tonelada de maíz; en Sinaloa, el rendimiento de esa misma extensión es superior a las 12 toneladas.
La población campesina es muy susceptible de tragarse el cuento del “cambio” difundido por el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T). ¿Pero hoy es una realidad que el campo mexicano esté saliendo de su atraso y modernizándose? No hay el mínimo indicio de ello. En lo que va del sexenio, el presupuesto para el campo se ha reducido a 40 por ciento; y los apoyos que llegan a este sector son subsidios disminuidos, sin ningún control ni vigilancia y se concentran en los productores de más altos ingresos; pero, además, los productores agrícolas han tenido que enfrentar sequías, huracanes e inundaciones que les han provocado la pérdida parcial o total de sus cosechas sin que el gobierno acudiera a apoyarlos. Los campesinos, así como otros sectores vulnerables, están solos y han tenido que rascarse con sus propias uñas.
Pero esto ya se veía venir. El Presidente tiene una visión retrasada y tergiversada de las cosas. Aún es motivo de risa el día en que presentó a un campesino en su trapiche y lo puso como ejemplo de lo que deseaba para el campo y la economía nacional. Ésa fue la prueba de que el Presidente no se quedó en el siglo pasado, sino muy atrás. Y aunque en su discurso afirma que el campo se halla en su mejor momento, mientras no lo priorice en el gasto público, seguirá aportando un raquítico dos por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y operando como un reservorio de mano de obra barata con jornaleros de estados pobres como Puebla, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, cuya juventud es explotada y mal vendida en los estados del norte, además de que seguiremos con dependencia alimentaria hacia el exterior. Ni hablar, los versos de la canción nos recuerdan el abandono actual del campo mexicano:
Esas tierras del rincón
las sembré con un buey pando
se me reventó el barzón
y sigue la yunta andando.
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Entre los puntos se encuentra la reducción del 25 por ciento del gasto electoral.
La mala relación o absoluta desavenencia entre verdad y política es un viejo lugar común.
La Corte rechazó revisar el amparo y ordenó el pago de impuestos.
Especialistas advierten que persisten prácticas que limitan la autonomía sindical y la protección plena de los derechos laborales.
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El aire limpio debe convertirse en política pública estructural, no en reacción temporal: ONG
El 91%, equivalente a 59 mil 363.7 millones de pesos, corresponde a los recursos transferidos por la Federación a gobiernos estatales, municipales y organismos públicos.
En México, la población sin acceso a servicios de salud se duplicó entre 2018 y 2024 al pasar del 16 por ciento al 34 por ciento, lo que representa un retroceso en derechos sociales.
La propuesta será enviada al Congreso de la Unión para su análisis y eventual discusión legislativa.
La entrada en vigor será paulatina: en 2027 la jornada será de 46 horas; en 2028, de 44; en 2029, de 42, y en 2030 quedará en 40 horas.
En Puebla, más de 3 millones de personas no cuentan con acceso a servicios de salud, equivalente al 47.3 por ciento de la población estatal.
Mientras senadores y senadoras accedieron a desayunos y comidas de hasta 750 pesos por persona, el personal de limpieza, jardinería y mantenimiento recibió un menú básico de 80 pesos, según contratos y partidas del gasto legislativo.
Varios de ellos trabajaron con Ricardo Monreal durante su gestión en la alcaldía Cuauhtémoc o en el Senado de la República.
El personal consular de protección desempeña sus funciones sin respaldo institucional y con desgaste profesional y emocional.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA