La entrada en vigor será paulatina: en 2027 la jornada será de 46 horas; en 2028, de 44; en 2029, de 42, y en 2030 quedará en 40 horas.
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A más de ocho meses de su inicio, la guerra de Ucrania no ha amainado. No se conoce cuándo terminará el conflicto, pero hay elementos que permiten aventurar algunas hipótesis sobre las posibles salidas de la guerra. Es útil ver la conflagración desde el desarrollo de tres factores fundamentales de la teoría de la guerra: 1) Los ejércitos; 2) la cohesión política de los gobiernos enfrentados y 3) las voluntades de los pueblos para sostener los esfuerzos bélicos de sus gobernantes. De acuerdo con la teoría, el mejor escenario para ganar una guerra es lograr la complementación de estos elementos.
Entre los ejércitos combatientes hay gran disparidad. De acuerdo con el portal Global Fire Power, los rusos son la segunda fuerza militar del mundo, mientras que Ucrania ocupa el lugar 22. A eso debemos agregar la potencia de los mercenarios que trabajan para uno y otro bloque, cuyo peso es escasamente divulgado. En cuanto a las capacidades para suministrar dispositivos militares que tiene cada partido, el ruso está en desventaja a pesar de tener como aliado a China, tercera potencia militar. El bloque ucraniano tiene más recursos por la injerencia de Estados Unidos (EE. UU.), cuyo “presupuesto de defensa” es de 770 mil millones de dólares (mdd). Además su poder de fuego también lo compone la asistencia de los ejércitos de la OTAN. Por su parte, Rusia destina 154 mil millones de dólares a defensa, y China, 230 mil millones de dólares, de manera que lo único que mantiene a raya la intervención directa del conglomerado occidental, que cuenta con más de siete mil bombas nucleares, es que la alianza ruso-china posee una cifra muy parecida.
Los otros dos factores hacen contrapesos importantes. A diferencia de los gobiernos de Rusia y China, que se han mostrado sólidos en sus posiciones, sin disidencias internas, los gobiernos que sostienen el esfuerzo ucraniano están comenzando a vacilar. El pasado 24 de octubre, un grupo de 30 congresistas del Partido Demócrata de EE. UU., el partido del presidente Joseph Biden, firmaron una carta con la que los instaron a detener su asistencia militar y financiera a Ucrania y a establecer “esfuerzos diplomáticos vigorosos” para negociar un armisticio. Invitaron a Biden a buscar “pláticas directas con Rusia” y a un acuerdo de seguridad europea conveniente para todas las partes en conflicto, que permita la existencia de una Ucrania independiente. Esto ilustra que el mayor soporte político del frente occidental se resquebraja internamente.
El soporte de los pueblos deja mucho que desear respecto de la guerra de Occidente contra Rusia. El pueblo de ruso ha respondido de manera positiva a su ejecutivo: de acuerdo con el portal Statista, la popularidad de su presidente ha oscilado entre el 83 y el 77 por ciento entre abril y agosto de 2022. Y es que a pesar de todas las sanciones impuestas contra Rusia, la administración de Putin ha garantizado que su economía se mantenga a flote. Eso contrasta con las que tienen, por ejemplo, las administraciones de Biden en Estados Unidos, con 38-44 por ciento de aprobación, de Emmanuel Macron en Francia, con el 36 por ciento y de Olaf Sholz en Alemania con 46-48 por ciento. Además hay que agregar las multitudinarias manifestaciones “contra la vida cara”, que se han desatado en todo el continente europeo durante la segunda mitad de 2022.
En resumen, la única superioridad del bloque ucraniano es la posesión de más armas y ejércitos. Pero es relativa, porque Occidente está retenido por la paridad nuclear entre los dos bloques. Por eso, hay dos salidas posibles. La primera sería hacer valer la superioridad militar, lanzando todo el poder nuclear contra Rusia, lo que desencadenaría una contraofensiva de proporciones similares y desataría un infierno nuclear que destruiría el planeta. La segunda es la derrota de Occidente a través de la paz con Rusia y China, auspiciada por la fortaleza de este bloque y la rebeldía creciente de los pueblos de Europa contra sus gobiernos. Esto supondría el fin del imperio estadounidense y el nacimiento de un mundo multipolar.
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Escrito por Anaximandro Pérez
Doctor en Historia y Civilizaciones por la École de Hautes Étus en Sciences Sociales (EHESS) de París, Francia.