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Visiones de los volcanes
Pareciera contraintuitivo que alguien haga su vida al lado de grandes montañas que sacan humo y fuego, sin embargo, ese material que sacan por sus chimeneas hace que los suelos que los rodean sean fértiles...
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El Valle de México fue escenario del desarrollo de diversas culturas precolombinas que hicieron de esta región su hogar y, sin saberlo, quererlo o buscarlo, determinaron que esta zona continuaría siendo hasta nuestros días el hogar de millones de personas.

Durante estas semanas en las que el volcán Popocatépetl tuvo un incremento en su actividad, vale la pena preguntarnos cómo ha sido la relación con los volcanes de quienes habitamos este valle. Y no es para menos, pues hay todo un “cinturón” volcánico que va desde Michoacán hasta Veracruz (el cinturón volcánico transmexicano), haciendo que los volcanes sean una constante en todo este territorio y que sea fácil encontrar varios pueblos que han hecho su vida a las faldas de distintos volcanes.

Podría parecer contraintuitivo que alguien haga su vida al lado de montañas altísimas que sacan humo y fuego, sin embargo, ese material que los volcanes sacan por sus chimeneas hace que los suelos que los rodean sean fértiles, por lo que esa tierra se ofrece a las personas como una buena opción para asentarse. Pero los volcanes no solo han funcionado como un gatillo para la buena agricultura, también han moldeado las costumbres de la gente que vive cerca de ellos y han servido de inspiración para la creación cultural y artística de distintos pueblos, pues elementos fundamentales de la cocina mexicana como el molcajete y el metate son utensilios que se elaboran con roca volcánica.

Por Fray Diego Durán, historiador dominico, se tiene registro de los trabajos de los graniceros, personas encargadas de estudiar la temporada de lluvias y los movimientos de los volcanes; y sabemos que parte de este trabajo incluía llevar ofrendas al volcán para “calmarlo” y propiciar una lluvia favorable para los cultivos. Estos rituales todavía se conservan, y aunque no siguen al pie de la letra los compilados por Fray Durán, son ejemplo de la simbiosis que los pobladores construyen con los volcanes, convirtiéndolos en una figura central de sus tradiciones.

Los volcanes también aparecen como elemento fundamental de la pintura mexicana. Tal vez la figura que acapara las luces cuando se habla de volcanes en la pintura sea Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl. Este jalisciense tiene en su catálogo una variedad de volcanes del cinturón volcánico transmexicano que incluye al Popocatépetl, Iztaccíhuatl, Paricutín, todos retratados desde distintas perspectivas y en distintos momentos de su actividad. La serie que retrata la erupción del Paricutín presenta bellamente un cuadro apocalíptico, mientras que muchos de los cuadros que hizo al Popocatépetl transmiten la tranquilidad de lo majestuoso.

También en la literatura hay muestras de la fuerte influencia que los volcanes han tenido. La leyenda del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl es de las más conocidas por la gente de México; precisar el momento en que surgió es difícil porque se nos presenta como la explicación genética del origen de estos volcanes. En esta misma línea, vale la pena mencionar el poema El idilio de los volcanes, de José Santos Chocano, poeta peruano que se cautivó con la leyenda y el paisaje que sus protagonistas le ofrecieron. Por último, en el terreno literario, habría que rescatar la crónica que José Revueltas hizo tras la explosión del volcán Paricutín: Visión del Paricutín (1943), donde describe la vida que quedó del pequeño pueblo tras la erupción del volcán, tocando no solo la transformación que el paisaje sufrió, sino también su impacto en la vida de los supervivientes de esa zona campesina, pobre y olvidada de Michoacán.


Escrito por Jenny Acosta

Maestra en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.


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