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Marginados de las aulas virtuales dos millones de estudiantes
La deficiente efectividad de los programas gubernamentales de educación a distancia está ligada a la falta de conectividad, a la brecha digital y al acceso a las plataformas tradicionales.
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“La educación a distancia o digital puede ser una herramienta clave para que los estudiantes enfrenten la crisis educativa originada por el virusˮ, declaró el presidente Andrés Manuel López Obrador en la misma fecha en que el secretario de Educación Pública (SEP), Esteban Moctezuma Barragán anunció que dicho sistema evitaría que el confinamiento sanitario hiciera perder clases a la mayoría de los alumnos mexicanos.

En septiembre, a cinco meses de que iniciara la contingencia sanitaria (20 de marzo), la misma informó que había desertado de las aulas virtuales el 10 por ciento del estudiantado del nivel básico, es decir dos millones 525 mil 330 alumnos de preescolar, primaria y secundaria, y el ocho por ciento de los universitarios, 305 mil 89 jóvenes. En total, habían abandonado sus estudios dos millones 830 mil 419 estudiantes.

Entre las causas de la deserción escolar, destacan la falta de conectividad de la tecnología de comunicación digital en buena parte de los hogares mexicanos pobres y, en menor medida, la carencia de energía eléctrica y servicios de televisión abierta, principalmente en comunidades indígenas y rurales marginadas. La última Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), señala que, en México, solo hay 18.3 millones de casas-habitación con Internet mediante conexión fija o móvil, y solo el 44.3 por ciento tienen acceso a equipos de cómputo, en tanto que 52.9 por ciento de la población total carece del mismo.

La infraestructura determina diferencias para la educación a distancia, afirmó Elena García, especialista en temas de integración a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y coordinadora de Virtual Educa: “Tenemos muchos chicos que viven en situaciones de pobreza extrema. Sin los recursos básicos, sin servicios de agua potable ni electricidad, por supuesto, no pueden acceder a clases dadas ni por radio, ni por televisión, ni a través de un medio digital. Si no hay electricidad en un sitio, es muy difícil llegar a ellos”, explicó.

La baja cobertura en estos servicios públicos es solo uno de los factores adversos. La deficiente efectividad de los programas gubernamentales de educación a distancia está ligada a la falta de conectividad, a la brecha digital y al acceso a las plataformas tradicionales, por lo que desde el cierre de las escuelas se ha exacerbado la desigualdad, explicó.

Antes de la pandemia por el Covid-19, 4.1 millones de niños, niñas y adolescentes mexicanos en edad de cursar preescolar, primaria, secundaria y bachillerato, estaban fuera de la escuela, así como 61 de cada 100 jóvenes en edad de estudiar la universidad, datos que ya evidenciaban la existencia de una severa crisis en el sector educativo, misma que ha empeorado con la presencia de la enfermedad.

En agosto pasado, el titular de la SEP, Esteban Moctezuma, afirmó que para el ciclo escolar 2020-2021, no habría un abandono masivo de estudiantes, ni indiferencia de la autoridad educativa federal, pese a las condiciones de salud enfrentadas por el país debido al Covid-19. “Ninguna niña, niño, adolescente o joven abandonará el Sistema Educativo Nacional sin que la autoridad haga lo posible por apoyarlos”, precisó; pero los apoyos gubernamentales no se han visto en ningún sitio, y la deserción escolar crece día con día.

San Luis Potosí no es la excepción

En San Luis Potosí, como en la mayor parte del país, la contingencia ha obligado a miles de estudiantes a abandonar sus clases. María Magdalena Torres, maestra de nivel básico en el municipio de Soledad de Graciano Sánchez, precisó a buzos: “Vemos niños tomando clase con la red gratuita de las plazas, otros ni siquiera cuentan con lo más indispensable que es la electricidad y otros tantos no tienen los conocimientos para utilizar las nuevas tecnologías.

“Pero también vemos a muchos niños que trabajan en los cruceros de la capital, cuando deberían estar tomando sus clases. Es evidente que hay más niños expuestos en las calles, pidiendo una moneda o algo para ayudar a su familia, lo que nos hace cuestionarnos: ¿los niños y jóvenes avanzarán con los conocimientos necesarios, con las condiciones necesarias? Esto, sin duda, representa un gran reto, ya que evidencia una situación de conocimientos y desarrollo trunco. Sin duda, esta situación de desigualdad dejará una brecha de conocimientos entre unos y otros”, agregó la profesora.

El ciclo escolar 2019-2020 fue calificado como “caótico” por el presidente de la Asociación Estatal de Padres de Familia (AEPF), Gabriel Moreno, quien considera que el problema se debe a que las autoridades educativas y el personal docente no estaban preparados para hacerle frente a la emergencia sanitaria. “Con el regreso al Semáforo Rojo de Riesgo por Covid-19, hemos observado que, de lo que va de este nuevo ciclo escolar 2020-2021, se seguirá afectando la educación de los niños potosinos; ya que han detectado que en muchas viviendas no cuentan con Internet para poder sacar el ciclo escolar adelante”, aseguró.

El dirigente de los padres de familia pidió a la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado (SEGE) que trabaje en forma conjunta con los maestros, la AEPF y los administrativos para ofrecer un mejor servicio educativo a los alumnos. Sin embargo, en la Huasteca potosina será muy difícil que esta iniciativa prospere, porque los padres de familia de la etnia teenek revelaron que debido a las condiciones de precariedad socioeconómica en sus comunidades, no pueden acceder a la tecnología digital.

Claudia Pérez, habitante del municipio de San Vicente Tancuayalab, donde ocho de cada 10 personas son pobres o muy pobres, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), reveló que los infantes teenek no están aprendiendo nada desde que comenzó el confinamiento, porque en la mayoría de los hogares no hay aparatos ni servicio de Internet.

Además, en esa población, no todas las familias tienen con televisores y de las que cuentan con ellos, no todas reciben la señal o sufren fallas severas en la captación de ésta. El problema con los celulares inteligentes es similar: la señal falla y no poseen los recursos económicos suficientes para la compra de tiempo aire. Por ello, indicó Claudia, “los morrales de los niños permanecen arrumbados en casa, junto a los libros y los lápices”.

La pobreza más lacerante se registra en las comunidades de la Huasteca y la zona media, donde existe un alto grado de marginación: 200 mil indígenas de los pueblos nahuas, teenek y pame son los más afectados. En las comunidades Axtla, Xilitla, Matlapa, Coxcatlán, San Martín y Santa Catarina, el flagelo de la pobreza extrema vulnera a ocho de cada 10 personas. No son números fríos, ya que detrás de ellos hay seres humanos que sufren por no contar con lo más indispensable para ejercer sus derechos sociales.

Se debe garantizar el derecho a la educación

Diferentes grupos estudiantiles de la entidad han realizado manifestaciones para demandar al Gobierno Federal la infraestructura y la tecnología necesarias para la educación a distancia. Es decir, le han solicitado televisores, computadoras, luz eléctrica, Internet gratuito, señal de radio y libros de texto. “Lo indispensable para los estudiantes que no cuentan con estas herramientas”, declaró Irlanda Escobar, dirigente de la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramírez (FNERRR), en Ciudad Valles, San Luis Potosí.

La lideresa advirtió que la falta de herramientas tecnológicas ha hecho aun más visible la grave situación de desigualdad socioeconómica existente en el estado. “Desde el primero de junio hemos solicitado al Gobierno Federal que dote de Internet gratuito a todos los estudiantes que no tienen posibilidades para pagar este servicio. La respuesta hasta el momento ha sido nula” aseguró Irlanda.

En este caso se encuentra Rafael Morales, universitario proveniente de la Huasteca, alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), quien denunció, en redes sociales, la actitud discriminatoria que sufrió de una docente, por no contar con servicio de Internet en su casa y tomar clases en un cibercafé. Al percatarse de ello, su profesora no dudó en evidenciarlo y humillarlo.

“Durante la clase de Derecho civil IV, la licenciada se percató de mi situación al ver que yo estaba afuera del ciber y en ese momento comenzó a realizar comentarios desagradables, ya que dijo que ‘quería verme en un lugar más decente, que ya no estuviera así porque, al parecer, era el único y que mis compañeros sí estaban desde sus hogares’. Al escuchar esos comentarios, yo expliqué mi situación, pero ella respondió que ya había dicho cómo quería que tomáramos las clases, que yo tenía que estar participando y al pendiente para enviar las cosas que fuera pidiendo. Dijo que todo eso se vería reflejado en mi calificación, lo que se me hizo absurdo, ya que pese a la dificultad que tengo, yo he estado en tiempo y forma en cada una de sus clases”, contó a buzos el universitario.

Y agregó: “Los estudiantes nos hemos tenido que adaptar a la modalidad de las clases virtuales y, lamentablemente, no todos tenemos un fácil acceso a la Internet; en este aspecto soy uno de ellos porque, para tomar las clases, tengo que rentar Internet fuera de un ciber; no puedo tomar clases desde mi casa porque ahí no tengo Internet”. Esta situación provocó indignación entre los usuarios, pues no ha sido la única vez que dicha profesora hace ese tipo de comentarios clasistas.

Como Rafael, miles de estudiantes carecen del servicio de Internet y hasta lo más indispensable para vivir. Éste es el caso de Rosa Luna Martínez, quien cursa el quinto grado de primaria, y de su hermano Daniel, de tercer grado. Los padres de ambos perdieron su empleo como obreros en la zona industrial, debido a un recorte de personal y desde entonces trabajan como vendedores ambulantes.

Por falta de pago, les cortaron el servicio de luz, a pesar de que el padre de familia acudió a las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a realizar un convenio; pero como no logró juntar la cantidad de dinero solicitado, el servicio le fue suspendido. “Ahora Rosita y Daniel ya no pueden ver sus clases y se van a retrasar en sus trabajos y tareas”, lamentó su madre, la señora Liliana Martínez.

“Estamos viviendo una situación muy complicada; somos muchas familias las que perdimos el trabajo; por eso nos vimos en la necesidad de salir de casa para buscar algo y poder darles de comer a los niños. Ahora ya no tenemos ni luz, apenas y alcanzamos para comprar comida. Pero eso, las autoridades no lo entienden; no hay prórroga en el pago de servicios, no hay consideraciones para las familias pobres”, declaró la señora Liliana.

La deserción escolar, el otro mal

Durante los últimos 16 años, Laura García, de 41, ha vivido sin energía eléctrica. Su familia se ha acostumbrado a guiarse por la frágil luz de las velas en las noches cerradas, Junto a su esposo, el señor Antonio Cruz, ha criado a tres niños. En su casa no hay televisión, ni refrigerador, ni horno de microondas, ni mucho menos computadoras, celulares o señal de WiFi.

“Aquí estamos igual de olvidados que mucha gente en la sierra. Llevamos años con el mismo problema de falta de energía eléctrica y falta de agua. Por eso mucha gente ya se fue de aquí, porque no hay nada, ni los servicios más indispensables. He aguantado porque tampoco es que tenga muchas más opciones con el sueldo de Antonio (su esposo), que con la pandemia, el trabajo se ha visto muy reducido”, sostuvo Laura en su casa, ubicada en la colonia Terremotito, en la periferia de la capital de SLP.

Con la pandemia y la nueva normalidad de educación a distancia, el servicio de energía eléctrica y una simple televisión se han vuelto tan indispensables como un plato de comida. El pasado 24 de agosto, la SEP activó el programa Aprende en Casa II, con el que se inició el ciclo escolar 2020-2021. Con este programa, que cuesta al gobierno 450 millones de pesos, varias televisoras de espectro abierto transmiten clases para alumnos y alumnas de preescolar, primaria, secundaria y bachillerato, que también se difunden por Internet y radio.

Sin embargo, a las 9:30, cuando a través del Canal 10 comienzan las clases para los alumnos de cuarto grado de primaria, Juan Cruz, el hijo de Laura, no está frente al televisor aprendiendo matemáticas, español o historia de México, porque desde que se suspendieron las clases, el niño “trabaja en el campo ayudando a un señor a cortar alfalfa”, explicó su madre.

“En la casa no tenemos televisión, radio, Internet, no tenemos ni electricidad, no podemos seguir las clases a distancia de ninguna forma, y para que esté todo el día en la calle, mejor que esté haciendo algo. No es una gran ganancia lo que le dan; pero al menos saca para sus gastos y eso ayuda en la casa”, justifica la señora Laura.

Sin embargo, la madre teme que cuando llegue el momento de volver a las clases presenciales, el niño ya no quiera volver a las aulas; porque aunque el empleo es informal y precario, puede pensar que los libros son algo inútil. Por ello, “me preocupa que ya ganando dinero no quiera volver a la escuela”, confesó doña Laura.

La preocupación de Laura está fundada. El propio secretario Moctezuma Barragán informó el 22 de junio que, en el ciclo escolar 2018-2019, la tasa de abandono escolar promedio fue del 4.4 por ciento en secundaria y 13 por ciento en educación media. El factor común y recurrente en estas cifras fue que los estudios “dejan de ser prioridad” para los menores “debido a factores externos y a la necesidad de cumplir con otro tipo de compromisos, fundamentalmente económicos”.

Con respecto a este problema, Raquel Álvarez, abogada de la organización civil Renace San Luis, denunció que cuestiones tan básicas como la falta de acceso a una televisión o al tendido eléctrico, imposibilitan que miles de niños accedan a la educación. “Hemos visitado múltiples lugares de la huasteca potosina, y muchas colonias de la ciudad, como la denominada Terremotito, y lo que hemos documentado es que hay muchos niños y niñas que no tienen acceso a plataformas digitales ni a una computadora ni a una televisión, porque no tienen acceso a cosas tan elementales como la energía eléctrica. Es decir, son niños para los que no existe el programa Aprende en Casa.

“La SEP no previó ni estableció cuál sería la política a seguir para evitar la deserción de estudiantes, tampoco lo hizo el gobierno de San Luis Potosí. Por ello –añadió– recurrimos ante los tribunales para que la autoridad resuelva, de forma estructural este problema, empezando por brindar a esta colonia la energía eléctrica y luego brindando las herramientas tecnológicas necesarias a los niños”.

La activista reveló que, mediante la interposición de un amparo que se encuentra en revisión, se busca beneficiar a Laura y a su hijo, pero también a todos los menores de la colonia Terremotito que se encuentran en la misma situación.

“Es una forma de obligar jurídicamente a las autoridades a que cambien su forma de actuar y a que garanticen derechos fundamentales para los que en realidad nadie tendría que recurrir ante la justicia para obtenerlos”, explicó la abogada de Renace.

Marco Fernández, investigador de México Evalúa, denunció que no se ha invertido en mejorar la plataforma digital Aprende en Casa, que solo tiene el 30 por ciento de los contenidos esenciales: “No se está considerando el fortalecimiento de la plataforma”, por ello millones de alumnos no han tenido contacto constante con sus maestros. Eso, por un lado, ya es un problema de aprendizaje y se debe trabajar en fortalecer medios de interacción a distancia.

“Hay que añadir los problemas socioemocionales que afectan el desempeño de los chicos, el incremento en la violencia intrafamiliar, el aumento de contagios y muertes afecta la parte anímica de las personas, la salud mental”, agregó el investigador y recordó que el Gobierno Federal aplicó un recorte presupuestal del 75 por ciento en el gasto corriente de la SEP con el que afectó el suministro de materiales educativos. “De regresar a las aulas, no habría dinero ni para comprar suficiente jabón ni gel antibacterial en las escuelas”, advirtió.


Escrito por Erika Herrera

Colaboradora


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